Tengo el honor de escribir el primer blog que se publicará en ésta página web y comenzaré por explicar el título de mi blog personal. He decidido nombrarlo “Tambor de hojalata” en honor a la novela del escritor Günter Grass porque considero que cada mexicano debe llamar la atención, inconformarse y proponer cada vez que haya una acción que camine en sentido contrario al desarrollo.
Tengo el honor de escribir el primer blog que se publicará en ésta página web y comenzaré por explicar el título de mi blog personal. He decidido nombrarlo “Tambor de hojalata” en honor a la novela del mismo nombre del escritor polaco-alemán Günter Grass, Premio Nobel de Literatura en 1999 y a la película homónima basada en ella realizada por Volker Schlöndorff.
La película cubre sólo los dos primeros libros de la novela y narra la vida de Oscar Matzerath, un niño que vive en Europa en la época de la Segunda Guerra Mundial y que en algún momento de su vida decide dejar de crecer. Su edad biológica avanza, se convierte en adulto, pero conserva su cuerpo y apariencia de niño como una forma de rechazo al mundo en el que vive, sobre todo, al mundo de los adultos. Oscar tiene además dos características relevantes: a los tres años de edad recibió un tambor de hojalata, del cual nunca se separaría y que hace sonar con fuerza cada vez que algo le inconforma. Tiene también la capacidad de repeler a cualquier persona que le quiera hacer daño al gritar tan fuerte y agudamente que es capaz incluso de romper el vidrio con su sonido. Dejaré la historia de Oscar hasta aquí y explicaré por qué ésta historia inspira el nombre y el inicio de este blog.
Si bien la novela de Grass es una historia ambientada en la Segunda Guerra Mundial y es en cierto modo una crítica a la crisis que se vivía en la época, me parece que la figura de Óscar se puede contextualizar en nuestro tiempo y se puede comparar en cierto modo con nuestro país.
Mucho se ha hablado y criticado acerca del crecimiento y desarrollo de México y se ha llegado a decir que es un país con resultados que lo sitúan en la medianía o en la mediocridad. Existe una severa crítica por parte de líderes de opinión, académicos y sociedad civil, entre otros, hacia la clase política en general, los funcionarios y el gobierno en sus diferentes ámbitos en el sentido de que en la mayoría de los casos estos actores sólo se movilizan por intereses mediatos y no tienen una visión de estado, de modo que México no crece al ritmo que supuestamente debería crecer. Es común la idea de que vivimos en un país con amplios recursos naturales y humanos y sin embargo se tiene la sensación de que son desperdiciados y mal administrados. Se cree que México debería estar entre los países líderes del orbe.
Si ponemos entonces como algunas de las grandes causas del limitado crecimiento económico y del magro desarrollo social del país a la ineficiencia, la corrupción y la corta visión de los tomadores de decisiones, entonces se puede en comparar en cierto sentido a la situación de México con el Óscar de Günter Grass. Si bien no es un acto de rebeldía, el país ha dejado de crecer por su propia decisión o, en todo caso, por su indecisión. Es un país que por historia y cultura es adulto, pero que en el ámbito de desarrollo social y económico ha sido históricamente endeble y frágil como un niño.
El México adulto es miembro de la OCDE, preside actualmente el G-20 y su economía es una de las más grandes a nivel mundial. Pero el México niño lo podemos ver todos los días en los niveles de pobreza urbana, en la problemática de pobreza y marginación de las comunidades Wixárica, Tarahumara y de casi todas la comunidades indígenas del país, en los municipios más pobres y rezagados como Cochoapa el Grande en Guerrero los cuales tienen niveles de desarrollo humano iguales e incluso inferiores que las comunidades más pobres de África.
Vivimos entonces una gran contradicción en un país con dos caras desfasadas en edad. Pablo Escalante Gonzalbo en la “Nueva Historia Mínima de México” señalaba que “México es muchos méxicos” y en términos culturales me parece que tiene toda la razón. Pero en términos económicos y de desarrollo social considero que no hay tanta distinción. En algunas zonas del país hay un franco desarrollo o un camino claro hacia él y en otras subsiste un simple y claro subdesarrollo. Sin embargo, al igual que el personaje Óscar Matzerath, México también tiene su tambor de hojalata que hace sonar cada vez más fuerte ante alguna inconformidad y éste instrumento puede representar el factor de cambio que nos lleve a disminuir las desigualdades en un ritmo creciente. El mencionado tambor lo conforman los políticos comprometidos con el país, los empresarios conscientes de la necesidad de un desarrollo económico compartido, la sociedad civil en general, participativa y preocupada por estos temas y sobre todo, la sociedad civil organizada a través de muchas de las OSC que buscan desde diferentes trincheras el mismo propósito. En este sentido y en este contexto nace Red Local, A.C, asociación de la cual orgullosamente formo parte y que intenta mediante propuestas profesionales y serias aportar al desarrollo social de ese otro México todavía muy pequeño y frágil.
























