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Twitter: @ppporchini
El doctor Carlos Llano definió con gran asertividad las actividades de quien dirige una organización.  Como primer elemento está el diagnostico, seguido de la decisión y finalmente el mando, hoy ampliamente difundido y conocido como ejecución.

A mi me parece que una de las mayores aportaciones del doctor Llano hizo a la filosofía empresarial y organizacional fue la inclusión de una visón antropológica. Parte del problema de muchas teorías empresariales es que olvidan que el centro de cualquier acción en una organización es la persona humana, que es tanto quien dirige como quienes son dirigidos.
Por otra parte, las visiones de negocio centradas en las transacciones económicas y análisis numéricos, pierden generalmente de vista éste elemento central de la dirección centrada en la persona y todo lo que conlleva. De ahí que las complicadas formulas de predicción de comportamiento económico y resultados empresariales tengan amplio rango de variación, con su consecuente incertidumbre y riesgo.

No es desdeñable ni despreciable el análisis que hacen los expertos financieros, quienes con sofisticadas herramientas que ofrece la tecnología pueden hacer análisis estocásticos, los cuales permiten hacer proyecciones futuras incorporando variables del entorno e información de la empresa para predecir el comportamiento futuro. Pero dejan a un lado el aspecto humano de las decisiones, muy difícil de predecir.
La ejecución
Quien determina el rumbo de una organización es la persona que la dirige y por ello tiene que desarrollar la capacidad de ser estratega, una actividad que pareciera propia sólo de un ejercicio teórico: sentarse a pensar y visualizar, para luego dejar en blanco y negro los buenos deseos de cómo alcanzar ese futuro.
En pocas ocasiones se aterriza adecuadamente en los cómos y cuando se hace no se  logra que las cosas sucedan, lo que los teóricos llaman ejecución.
El director diagnostica el entorno, decide el camino a seguir y ejecuta mandando sobre las personas, logrando junto con ellas alcanzar las metas definidas. De la misma forma debe corregir el camino cuando el resultado no está siendo el adecuado.
El mando o ejecución consiste en llevar acabo actividades enfocadas a lograr un resultado definido. El arte para alcanzar los resultados es ver a la empresa, no como un engranaje de recursos, sino como un conjunto de personas que son las que actúan sobre esos recursos.
En este sentido cuando hablamos de actividades nos deberemos remitir necesariamente a quienes realizan, que son nuestros colaboradores, trabajadores o empleados. Si, efectivamente, ¡personas! con inteligencia, voluntad y capacidad de autodeterminación o libertad.
Cuando se trata de hacer funcionar robots la ciencia está en saber la configuración y la secuencia adecuada para que después de apretar un botón el robot realice la misma actividad con precisión y con un margen de error calculado y prácticamente despreciable. El resultado es totalmente predecible y evidentemente alcanzable.
Cuando se trata de seres humanos libres, con intereses, deseos, motivaciones y problemáticas particulares, el alcanzar un resultado se complica enormemente.
Quien dirige siempre va a tener que interactuar con personas, ya que por más sofisticada que sea la tecnología en una organización siempre habrá una persona desarrollándola u operándola.
Parece sencillo, pero el arte de la ejecución en una organización parte de entender justamente que quienes realizan las actividades son personas, por lo tanto quien dirige debe asegurarse que sus colaboradores (personas), tienen la actitud y aptitud para realizarlas y por lo tanto es fundamental comprenderlos y conocerlos.
Sabiendo que los colaboradores tienen la actitud y la aptitud, se necesita una comunicación adecuada, mandar el mensaje claro de lo que se espera de ellos (definir y comunicar bien sus objetivos y metas), pero lo más importante es asegurarse que QUIERAN realizarlo, es decir, que comparten la misma visión, el mismo objetivo y el mismo sueño.
En resumen, el director debe comprender que no trata con recursos sino con personas y que la ejecución consiste en motivar y convencer a cada colaborador para que libremente realicen las actividades que les corresponden encaminados al mismo objetivo común.
Para lograr esto, el director debe desarrollar la capacidad para conectar con sus colaboradores, esa capacidad se llama confianza. La confianza tiene su origen en el testimonio y para que éste testimonio comunique asertivamente necesita ser congruente, es decir, lo que se hace es igual a lo que se dice y lo que se dice es igual a lo que se piensa.