amlo

“Amor en la política”… aclaro de antemano que no es el nombre de una novela, para muchos este concepto puede resultar falso o incluso, en tiempos electorales, hasta ingenuo. Sin embargo, estas posibles interpretaciones no fueron suficientes para que la llamada “República Amorosa” que hemos escuchado pronunciar del candidato por la coalición “Movimiento Progresista” a la presidencia de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO…V), sustentara su proyecto de gobierno.
Aunque la frase suena poco seria por el contexto político-electoral, donde no bastan las buenas intenciones para transformar a un país; Andrés Manuel López Obrador hace alusión a este concepto al que yo relaciono con el de una “Ciudad Virtuosa”, en la que se debe hacer inclusión de aspectos ético-morales para el logro de un “cambio verdadero”; reconciliar a los ciudadanos para crear un clima de respeto y tolerancia y que dé como resultado a una sociedad que debata con argumentos y pase a otro nivel racional y de análisis. Un lugar donde, sin duda, la fraternidad sea posible; donde el enemigo no es alguien a quien se deba asesinar, sino un antagonista con el que se deban discutir las ideas y tolerarlas. O sea, hablamos de un antagonismo político en el que existiría una dosis de “amor”.

Lo cierto es que al principio suena algo descabellada la idea, pero profundizándola un poco, no es tan absurda como parece. Vincular a la ética con la política y particularmente a la política del Estado, ha sido un objetivo central de la filosofía a lo largo de la historia, pero ¿es viable llevarlo a la práctica en el ámbito político, en la realidad en la que vivimos? ¿es compatible el amor en la política? En mi opinión a la pregunta número uno, respondo que faltan muchos años, varias reformas y mucha educación y en la pregunta dos, que sí creo que exista el amor en la política, más no entre los políticos.
Un claro ejemplo de la última pregunta es el mismo López Obrador que al principio se le veía conciliador y “amoroso”, pero que a medida que ha avanzado la contienda electoral, se le ha ido cuarteando la máscara dejando ver, una vez más, la esencia del candidato; su inteligencia emocional, la cual demuestra a la verdadera persona; un AMLO que por momentos se muestra “sereno” pero que en otros nos recuerda al AMLO de 2006; un hombre que pontificaba y acusaba lo opuesto a lo que predica hoy en día: que no impondrá su voluntad como dictadura ni mucho menos doblegará al enemigo. Por lo tanto esta incongruencia en sus múltiples personalidades me lleva a pensar que este temple que grita a los cuatro vientos resulta dudoso. Difícil creerle que perdonará y olvidará por el bien común.
Citando a Denisse Dresser, Premio Nacional de Periodismo; Miembro Fundadora de la Asociación Mexicana del Derecho a la Información (AMEDI) “Los besos y los abrazos de AMLO no alcanzan a llenar los huecos de su oferta económica o de combate al crimen”
Es verdad que a México le urge un líder que cuente con buenas intenciones y que no sea títere de otros, esto sin hacer alusión a otro candidato, pero ¿acaso eso basta para gobernar a un país que tiene retos tan importantes? Tengo serias dudas acerca de un candidato que con firmeza asegura: “tengo muy claras mis cifras”, cuando simplemente las cifras no cuadran y no las puede explicar.
Ejemplo de lo anterior, sin entrar en detalles, es el supuesto ahorro de 300 mil millones de pesos bajando el sueldo a los “funcionarios de la alta burocracia”, cuando el gobierno federal, a través de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), confirma una y otra vez que no hay manera. La propuesta de AMLO es una especie de “economía milagro”.
No sé sí por desconocimiento de la Constitución, pero AMLO asegura que bajará los sueldos de los Poderes Legislativo y Judicial, para lograr el ahorro. Cuando los tres poderes son autónomos, y el Ejecutivo no tiene la facultad de hacerlo. Siendo lo contrario, entonces estaríamos hablando de una “Dictadura”.
El argumento de López Obrador es que el mal del país tiene como única causa la corrupción y que él siendo honesto la erradicará. Es una buena intención, pero solo eso, debido a que no le alcanzarían seis años para cambiar todo un sistema de varias décadas, llevando inevitablemente al país por senderos inciertos.
Insiste en cambiar de modelo económico no por razones ideológicas, sino porque ha fallado el modelo “neoliberal” según sus propias palabras. Entonces ¿qué hará para no endeudar al país como promete? Cree firmemente que acabando con la corrupción se ganará dinero, pero combatirla costará y no dará ganancias, solo se evitarán fugas. Entonces ¿qué tan real son sus promesas?
Debo reconocer que no es fácil entender el entremañado de su discurso y quienes realmente le aplauden y siguen en sus mítines, es más por Fe que por razonamiento. Lo cual resulta altamente riesgoso.
Los expertos aseguran que se necesitan conocimientos, técnica y precisión; en esto categóricamente coincido. Hablamos de un país donde no se puede jugar al diseño de políticas públicas. Las grandes cifras y el impacto son relevantes y no es algo de que cada quien lo calcule como quiera y como pueda. Es entonces cuando puntualizo la preponderancia de tener gobernantes serios, eficaces y expertos.
Me queda claro que AMLO es un excelente orador pero un pésimo economista, sin duda este último aspecto mucho más importante que el primero cuando hablamos de gobernar una Nación.
De igual manera se ha escuchado al candidato varias veces mencionar que sus acciones son ejemplo a seguir y que la de sus competidores es reprobable. Se autodefine como un hombre honesto, incorruptible, que ha predicado con el ejemplo en su vida al no enriquecerse de los cargos que ha desempeñado, a favor de la gente más necesitada, justo, idealista, entre otros calificativos. Asegura que él lucha por ideales y no por el poder en sí, ni por dinero.
Pero su autodefinición no coincide con la opinión de personajes preponderantes de la sociedad mexicana quienes los definen como antidemocrático, instalado en el pasado, sin brújula, impulsivo, corporativista, clientelista, radical, con doble discurso, opaco, intolerante con los que se oponen a sus ideas y tolerante con los suyos; lastre para la izquierda mexicana; embustero, ya que no cree en las promesas que hace; que no acata las reglas democráticas, que no representa a la izquierda moderna, sino a la izquierda autoritaria; atemorizante, porque se sitúa por encima de la ley; confrontista, incongruente, engañoso, obsesivo con el poder, aferrado, con ideas “leninistas” de que las cosas para mejorar tienen que empeorar y que con su acceso al poder vendrá el “ verdadero cambio”; mesiánico, entre otras descripciones.
Como podemos notar existe un abismo entre cómo él se ve y cómo lo ven los demás.
Por otro lado, a López Obrador se le han cuestionado sus vínculos con personajes de la vida política como René Bejarano Martínez (El Señor de las Ligas), quien en 2004 fue protagonista del primer “Charolazo”, siendo su secretario particular y hoy uno de sus operadores políticos; asimismo siendo Jefe del D.F. se le cuestionó el sueldo que percibía Nicolás “Nico” Mollinedo Bastar su “chofer”, quien ganaba 62 mil 997 pesos mensuales, justificándolo de que no era su chofer, sino su Coordinador de Logística.
Al día de hoy los partidos opositores le han pedido cuentas de la supuesta fundación “Honestidad Valiente A.C.” creada en 2006, que le erogó un pago mensual de cincuenta mil pesos durante seis años, haciendo un total de 5.8 millones de pesos, “donados” y con lo cual se sostuvo recorriendo cada rincón de México y la creación de MORENA.
Lo que evidencian los cuestionamientos hacia AMLO, es que al parecer todo lo que hace la gente que colabora a su alrededor, él ni lo aprueba ni lo autoriza, es decir los corruptos son los de su alrededor que actúan por su cuenta y de los cuales posteriormente él se deslinda en cuanto son descubiertos. Claro ejemplo el llamado “Charolazo” en días pasados, donde sus colaboradores cercanos, incluso uno de los que estarían en su gabinete, urgían a conseguir entre los empresarios 6 millones de dólares para finalizar su campaña, cantidad nada despreciable, a cambio de beneficios una vez que hubiese ganado la presidencia de México.
Realmente es muy cómodo tomar esa posición y al parecer entre políticos está de moda “deslindarse” de todo lo negativo que se les imputa, ya lo habíamos escuchado antes de otro candidato.
La pregunta que viene al caso es ¿este tipo de gobernante es el que necesitamos? Considero como cualidad importante hacerse responsable, por lo menos, de los actos de su gabinete. Imaginando que el candidato ganara ¿al final de su sexenio se excusará de sus errores diciendo que los problemas del país no son culpa de él, sino de los mexicanos que no cooperamos?
La desconfianza de millones de mexicanos hacia AMLO no es de a gratis, este hombre que demanda admiración excesiva, que quiere recibir constantemente halagos, esperando que su llegada sea recibida como él siente que merece por ser “especial y único”, con aires mesiánicos, “porque el pueblo solo puede ser salvado por el pueblo”, y con él se logrará, conlleva a ciertos problemas que en lo personal he notado en algunos ciudadanos y considero importante mencionar.
Analizando, es verdad que los adjetivos anteriormente mencionados no resultarían tan graves si se tratara de un ciudadano común y corriente. La situación es que AMLO aspira a ser presidente de México y lo preocupante es que este comportamiento resulta contagioso entre quienes se identifican con él, debido a que atrae a grandes cantidades de individuos que renuncian a su pensamiento crítico; masas que sienten que poseen la verdad absoluta llegando a ser radicalistas.
Destaco que yo conocía este fenómeno entre fanáticos religiosos, pero desconocía este fanatismo político en el cual hay un sector de la sociedad más proclive a caer. Todo esto resulta irónico; lo que López Obrador predica en su discurso como la unión entre los ciudadanos con su “República Amorosa”, en la realidad surte efectos contrarios, debido a que está causando la división entre los mexicanos. Nada congruente.
Por otro lado él candidato de la izquierda al que se la ha descrito como “popular”, lo que considero es más un mito que realidad, ha logrado con sus propuestas ser “populista” entre los ciudadanos. Gran diferencia entre ser popular a populista.
AMLO es otro tipo de candidato que si bien no enamora con su imagen como uno de sus adversarios políticos, sí lo hace con sus propuestas poco viables, proyectándolo “atractivo” de igual manera para la ciudadanía. Este es un claro ejemplo de “al público lo que pida”. En una sola palabra “empatiza”.
Este “líder populista”, que busca influir en las emociones de los votantes y así lograr su aceptación, sin duda ha conseguido cautivar a miles de personas con su discurso de acabar con los opresores, con la “mafia del poder”, haciéndoles sentir que realmente los entiende. Sacando del contexto a los otros tres candidatos que aspiran a la presidencia; ya que con este discurso es el candidato que más ha logrado persuadir. Complicando el panorama electoral.
Hoy más que nunca los ciudadanos demandan atención de sus gobernantes y que los políticos los escuchen, porque sienten que cada vez responden menos a sus expectativas y necesidades. Entonces es comprensible que por esa beta el discurso de AMLO satisfaga los oídos y mantenga la esperanza de sus seguidores.
Su discurso ha logrado transmitir confianza en grandes sectores de la población, pero sobre un supuesto sin sustento, unos verdaderos cuentos que solo endulzan los oídos, pero riesgosos para la Nación.
Como ejemplo tenemos el bajar los precios de combustibles, gastar el dinero público en refinerías que no son rentables; no sé si a este candidato realmente esté consciente de lo que está hablando, probablemente algunas de sus propuestas funcionarían en una primera instancia, pero a lo largo del sexenio podría generar grandes deudas, devaluaciones e inflaciones.
Separando un poco la retórica y abordando con la lógica, resulta convincente escuchar a un candidato que propone cinco refinerías, ya que generarían muchos empleos. Pero más allá de los empleos generados se debe analizar cuidadosamente quién pondría los recursos económicos ¿sería el gobierno?, ya que debemos recordar que AMLO recalca la “soberanía de los bienes de la Nación” y el invertir dinero de particulares en refinerías, sería “privatizar”, según sus creencias. En este tema seguimos sin conocer el “cómo”.
El candidato ha confirmado que aceptará el resultado de la elección pero “estoy seguro que voy a ganar, porque mis encuestas lo dicen”, rectifica, pero a ciencia cierta no sabemos qué actitud tomará el 2 de julio cuando ya sean conocidos los resultados de la elección. Hasta ahora ha dado tres versiones sí no gana la elección: la primera que se irá a su rancho llamado “La Chingada”, porque ya se siente cansado; la segunda que habrá fraude y habrá que defender el voto, sin detallar de qué manera; y la tercera que continuará con su “Movimiento de Regeneración Nacional” (MORENA) hasta lograr el cambio que el país necesita. Cualquiera que sea su decisión ojalá no derive en un plantón como el de 2006. Los mexicanos se lo agradeceremos.
El o la que sea presidente de México 2012-2018 deberá ser cauteloso o cautelosa, para no crear un paraíso económico ficticio a través del proteccionismo al mercado que derive en inflaciones y devaluaciones; así como la fuga de capitales. Deberá conservar la herencia económica que goza México en estos momentos y aquilatarla en su justo valor, porque sin estabilidad económica, ningún esfuerzo para lograr el tan anhelado crecimiento será viable.
Finalmente entre tanta incongruencia e incertidumbre, nos toca a los ciudadanos ser congruentes y confiar en que la sociedad vote el 1 de julio conscientemente, con razón y no por pasión; lo que consideren más importante para el país y no elegir a un gobernante como cuando se tiran los dados al azar, que sería lo mismo que elegirlo por su fantasía en “El país de Nunca Jamás” que para llegar deberemos girar en la segunda estrella a la derecha, volando hasta el amanecer.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.

Cursando la licenciatura en Ciencias Políticas y Gestión Pública en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) en Guadalajara, Jalisco. Especializándome en Marketing Político y Redes Sociales Digitales. Escritora por afición y crítica por vocación. Twitter: @AireeCorlop