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Cobardía, según diversos diccionarios se define esencialmente como una carencia de valor o entereza de ánimo.  La cobardía es un  vicio considerado como la degeneración de la  prudencia. Es ese exceso de prudencia incapaz de afrontar las consecuencias. En general la cobardía es vista con desprecio en la mayoría de las culturas, si no es que en todas

Pero ¿Por qué esta ocurrencia de hablar sobre cobardía? Resulta en hace unas semanas, por enésima vez, la ciudad de Morelia fue secuestrada y sus habitantes obligados a padecer las arbitrariedades de los grupos de choque del magisterio democrático. Todo ante la mirada  cobarde de las autoridades que cobran, y muy bien, de nuestros impuestos y que en teoría están obligados a velar por la seguridad de los ciudadanos.


Como los cultos lectores lo saben,  la palabra “democracia”, procedente del griego, y se aplica fundamentalmente a un régimen político donde el pueblo  ejerce la soberanía por medio de los instrumentos que la misma democracia ha generado.

Curiosamente pocas cosas se han aplicado tan mal en este mundo como los calificativos  “democracia” y “democrático”. Esta anómala situación se da, paradójicamente, sobre todo en lo que en realidad es la antítesis de la democracia;  un ejemplo perfecto son las dictaduras generadas por la “izquierda real”.  Así tenemos contrasentidos tales como la “República Democrática de Corea del Norte”, el triste caso de Cuba, la cual se define a sí misma como “democrática y unitaria”. Como broma macabra podemos recordar a la Alemania del Este, irónicamente llamada “República Democrática Alemana”,  RDA,  en contraposición con la República Federal Alemana,  RFA, la llamada Alemania del Oeste.

En fin, el caso es que en Michoacán, desde hace mas años de los que desearíamos, padecemos una terrible plaga constituida por un agresivo grupo de individuos, no puedo, por congruencia, calificarlos como maestros; grupo que tiene en jaque a las autoridades, esas hipotéticamente elegidas para cumplir y hacer cumplir la ley. Y digo hipotéticamente pues por lo que a diario vemos la ley no aplica para el “magisterio democrático”; impresentable horda escapada de algún filme postapocalíptico.

Estos  especímenes  le tienen tomada la medida a nuestras “autoridades”.  Intuyo las razones que han impedido actuar a los responsables de hacer cumplir la ley y sospecho las consideraciones  que alimentan el paralizante miedo que se le tiene a los agresivos “democráticos” y  sé que nunca nos las dirán; pero en una sociedad que se precie de respetuosa de la ley, el razonamiento más elemental nos lleva a la conclusión de las autoridades están para vigilar el cumplimiento de la ley, no hay excusa válida,  para eso se hicieron elegir. Si nos hubieran dicho, con todas sus letras, que la ley no aplicaría para esa horda de barbajanes otro seria el panorama. No se votó por tener autoridades de membrete, medrosas y cobardes.

Mala o mas bien pésima es la imagen  que ha dado este gobierno encabezado por el señor  Fausto Vallejo, personaje que quizá por algún momento despertó en algunos despistados la esperanza de que la ley regresaría a Michoacán. Vana esperanza. Los delincuentes de siempre rápidamente le tomaron la medida. ¡Y vaya que se la tomaron bien ¡

Por las características del  señor Vallejo se pensó que quizá las cosas pudieran componerse en Michoacán. Tomando en cuenta que este señor ha ocupado casi todos los puestos de elección popular más de alguno consideró que tendría la experiencia y capacidad para desempeñarse con inteligencia y decisión.  De entrada  no es un hombre joven, y se afirma en muchos círculos, ignoro con que bases, que padece varias enfermedades crónico-degenerativas avanzadas; tratables, pero no curables; por eso y su edad se podría pensar que está al final de su carrera política. Dado lo anterior podría pensarse que su interés fundamental seria ya no cuidar un inexistente futuro político, sino resolver, sin ataduras ni compromisos, los auténticos problemas de Michoacán.

El país en lo general y Michoacán en lo particular viven una situación crítica: Violencia creciente, impunidad casi absoluta, inseguridad, atraso educativo sin posibilidad de solución mientras no se erradique a los caciques sindicales, proliferación de grupos violentos asociados al narcotráfico, secuestros más un largo etcétera.

Pero el miedo ha sido la constante en este Gobierno. La impunidad es la regla. Nada hay que nos haga pensar que Michoacán, el Estado torpe por excelencia, vaya a resolver sus problemas. ¿Entenderán  nuestras autoridades que el miedo es mal consejero?  No lo creo.

PS. Reflexión postelectoral: El que tenga perros… que los amarre.