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Hay una actividad social que apasiona a casi toda la sociedad, y al mismo tiempo la divide en equipos. Unos años hay grandes eventos dedicados a esta actividad que crean ganadores y perdedores y con esto cambia la escena y las referencias de la sociedad. La genta se apasiona tanto con esta actividad que parece que la sociedad deja de funcionar de manera normal durante los eventos. Por todos lados hay pláticas, debates, hasta peleas sobre ganadores y perdedores, sobre reglas y árbitros. Pero sobre todo, esa actividad le da identidad a la gente y se siente parte de algo más grande que su individualidad.

Tristemente, estoy hablando del fútbol. Me gustaría que ésa fuera la descripción de la política, pero no lo es. Por lo menos no en México. Por lo menos no todavía. La semana pasada vivimos dos procesos paralelos de fútbol y política, y no cabe duda que el final de la Eurocopa fuera mucho más apasionante para la mayoría que las elecciones en México. Me gustaría vivir en una sociedad donde la política apasiona más que el fútbol. Pero para eso falta algo fundamental: la verdadera participación democrática.

Lo bonito del fútbol (lo digo aunque hay pocas cosas que me parecen más aburridas) es que une a desconocidos, que tiene lugar para todos, y no tienes que ser jugador de elite para ser parte del equipo. Puedes muy bien nunca haber jugado fútbol en tu vida, pero si le vas a algún equipo, eres parte. Perteneces. Sufres con sus derrotas y vives para sus triunfos. En el fútbol no importa de dónde eres, en qué trabajas, ni si tu padre es rico y tienes un bonito apellido. De tu manera puedes ser parte de algo grande.

La política mexicana no apasiona porque no es una actividad incluyente sino todo lo contrario. Tienes que ser un jugador de alto nivel para poder participar. Al contrario al fútbol, los equipos piensan que sus fans son poco inteligentes y prometen meter goles de maneras que sabemos imposibles. Necesitan tus porras para ganar y te invitan a celebrar sus triunfos con ellos, pero no te dejan participar en el entrenamiento.

El problema no es el final de la copa. El problema es la temporada, y sobre todo la época de entrenamiento. La democracia mexicana sigue siendo un joven débil de muchas enfermedades, pero hay que distinguir los síntomas de las enfermedades. Irregularidades durante el día de la jornada no es la enfermedad, es el síntoma. Para acabar con esto, tenemos que trabajar durante el sexenio, no sólo el día de la jornada para mejorar la democracia mexicana. Lo fundamental es fomentar la participación amplia y verdadera. Si no se puede participar durante toda la temporada, no será interesante participar en el final de la copa.

México necesita más jugadores, más equipos, más oportunidades de llegar a ser jugador profesional, y sobre todo transparencia y participación en los equipos y conocimiento de las reglas y la función de los árbitros durante toda la temporada. Cada fan debe saber por qué le va a su equipo y por qué le conviene. Cada fan debe evaluar a su equipo todos los días, y cambiarse de equipo si esta empieza a jugar mal. Para lograr eso, no es suficiente cambiar el final de la copa ni las reglas del juego, es necesario cambiar toda la cancha.

Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.