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La segunda parte del proceso electoral ha quedado atrás. Comenzó un periodo particularmente difícil, no solamente porque corresponde al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación su calificación definitiva y el anuncio de quién es el Presidente electo de los Estados Unidos Mexicanos para el periodo comprendido entre el 1 de diciembre de 2012 y el 30 de noviembre de 2018; sino por la ríspida controversia en torno a una impugnación; y el rechazo de una minoría estridente y militante.
El Tribunal, como se sabe, deberá emitir su veredicto a más tardar el 6 de septiembre. Hasta entonces, el país quedará expuesto a la escalada de la violencia verbal, que puede llegar a dispararse en otras vertientes, como lo han demostrado las agresiones físicas al consejero presidente del IFE, Leonardo Valdés Zurita y a periodistas satanizados por la intolerancia de los extremistas que siguen al mesías (así definido por muchos) y apóstol (autoproclamado) de la supuesta izquierda mexicana, Andrés Manuel López Obrador.

Mediante una manipulación mediática más efectiva incluso, por momentos, que la atribuida por ellos a los medios que perciben como favorables a Enrique Peña Nieto y al PRI, los operadores lopezobradoristas, tanto en el ámbito estrictamente partidario como en el mar abierto de la política y el oceano de las redes sociales, han logrado que algunos sectores, en México y en el extranjero, asuman algunas mentiras disfrazadas de verdades por el arte de birlibirloque de la propaganda: que el país está profundamente dividido entre quienes aceptan los resultados anunciados por el IFE y quienes los rechazan; que hay evidencias contundentes de la coacción y la compra de votos efectuadas por el PRI; y que el mundo entero se escandaliza ante los recursos ilegales y las maniobras sucias en favor de Peña Nieto.
El país de las redes sociales se ha estremecido hasta sus cimientos. En ese universo virtual existe, en efecto, una enorme brecha, que no corresponde al país real. La ira de los extremistas, sus convocatorias al asesinato de Peña Nieto y su esposa, a tomar las armas e iniciar una revolución, a impedir la toma de posesión del próximo Presidente si el Tribunal Electoral, como parece lo más probable, dictamina la validez de los resultados y le entrega la constancia de mayoría al candidato del PRI; a convertirse en su pesadilla si logra iniciar su gobierno, se pierden en el vasto horizonte de las preocupaciones cotidianas de la mayoría de los mexicanos.
Está por verse que las huestes de López Obrador presenten evidencias sólidas de la coacción y la compra de votos. Puede anticiparse que el PRI hará lo propio respecto de sus adversarios; existen incontables testimonios de coacción efectiva y de entrega de obsequios a los ciudadanos a cargo de los partidos del llamado movimiento progresista y de gobiernos perredistas. En este punto quiero ser claro: la inducción del voto por medio de regalos en especie o en efectivo, es una de las realidades de la política mexicana que funciona, como otras muchas, debido a que hay quien ofrece y quien acepta.
Más allá de que esta práctica, en diversas modalidades, existe virtualmente en todo el mundo, se necesita un cambio profundo en la educación, el civismo y la toma de conciencia ciudadana, para erradicarla en sus aspectos más cuestionables. Ojalá que México llegue a un nivel de desarrollo tal en este sentido, que posibilite un ejercicio ético de la política, tanto de parte de los ciudadanos como de los candidatos y los partidos.
Por lo que respecta a la mirada internacional a través de los medios de comunicación, he llevado a cabo un monitoreo, por razones profesionales, desde fines de marzo. Consecuentemente, mi opinión no se basa en la observación esporádica, aislada, sino en un seguimiento riguroso y organizado. Por ello puedo afirmar –y demostrar—que es falsa la aseveración propagandística del que el mundo entero está escandalizado y se burla de México y de los mexicanos.
La cobertura de los medios internacionales incluye necesariamente, desde luego, las expresiones de todos los candidatos y los partidos, las manifestaciones de la sociedad civil en sus diversas modalidades y hasta la propia cobertura de los medios nacionales. Como suele suceder en el periodismo desde que apareció en la historia de la humanidad, la noticia es lo nuevo interesante. Es decir, a la novedad –siempre relativa—se le debe añadir un toque, así sea mínimo, de sazón, que algunos exageran hasta caer en el amarillismo, con todas sus deleznables manifestaciones.
¿Atraen la atención las andanadas flamígeras de López Obrador y sus corifeos? Desde luego. ¿Las manifestaciones del movimiento #YoSoy132 y sus agregados, similares y conexos? Claro que sí. ¿Las declaraciones supuestamente investidas de la seriedad académica, profesional y técnica de un grupo de personajes que se esfuerzan por ostentar imparcialidad cívica, pero son voceros oficiosos y estridentes del lopezobradorismo? También.
Pero en su gran mayoría, los medios internacionales no hablan de que México rechaza a Peña Nieto, ni de movilizaciones de millones de personas: simplemente, porque no es cierto. Registran muchos otros aspectos de la vida nacional en estos tiempos agitados. Los Angeles Times publica una amplia nota sobre Peña Nieto, el ser humano, muy poco conocido más allá de los medios y del perfil político que se fue forjando durante la última década. Sus reporteros le pidieron que compartiera con el público algo más de sí mismo como persona. Él respondió: “No voy a trabajar para que Peña Nieto sea el mejor conocido o el más reconocido en el mundo… Trabajaré para que México obtenga resultados”.
En una entrevista exclusiva, el Frankfurter Allgemeine Zeitung, de Alemania, le preguntó acerca de las acusaciones sobre compra de votos. Esa afirmación, dijo, es un insulto a los mexicanos que votaron por él. Entrevistado para la CNN por Farid Zakaria, un influyente politólogo, autor de un libro que ha sido de consulta obligada para el presidente estadunidense Barack Obama y sus colaboradores, comentó que “deberíamos abrir un nuevo debate sobre cómo combatir el narcotráfico… (…) Personalmente, no estoy a favor de legalizar las drogas. Sin embargo, abramos un nuevo debate”, una revisión en la que Estados Unidos desempeñe el papel de corresponsabilidad que le compete.
Ruben Olmo, de la consultora Global Policy Strategies en Washington, DC, comentó que es altamente improbable que el Tribunal Electoral anule la elección, pero Peña Nieto tendrá un sexenio difícil, con oposición de grupos ciudadanos a los que deberá escuchar. Y George Couffignal, especialista en los movimientos sociales mexicanos, comentó a su vez en París que al no proceder la anulación, la oposición irá disminuyendo poco a poco.
Esto publican también los medios internacionales: no nada más lo que eligen difundir los corifeos de López Obrador.