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El 2 de julio de 1926 entró en vigor la Ley reglamentaria del artículo 130 de la Constitución popularmente conocida con el apelativo de “Ley Calles” y ante la que se conformaría la “Liga para la Defensa de la Libertad Religiosa”, cuyo líder más representativo y destacado sería don Miguel Palomar Vizcarra.
En las inmediaciones del templo de la “Sagrada Familia” en la Colonia Roma de la Ciudad de México se inició una campaña de recolección de firmas para solicitar la reforma a la Constitución en materia religiosa a partir del proyecto que al efecto habría sido redactado por el prominente constitucionalista mexicano Manuel Herrara y Laso.

La campaña en cuestión culminó con la desestimación hecha por el congreso ante la solicitud presentada por diversos prelados, bajo el argumento, por demás discutible, de que los ministros de culto católico al haber jurado lealtad a un monarca extranjero como era a la sazón el Obispo de Roma, estarían en consecuencia privados de los derechos de ciudadanía, requisito exigido por la Constitución para hacer uso del derecho de petición en materia política.
Prolegómenos de un conflicto que culminaría con una cruenta guerra civil de tres años denominada la “Cristiada” y cuyas secuelas, una vez firmados los acuerdos de paz en junio de 1929, extenderían sus efectos hasta bien entrados los años 40 en medio de la actuación clandestina en México de muy diversos grupos que desplegaban sus actividades en medio de la conflagración mundial.
Ante los acuerdos suscritos por el episcopado con el presidente Portes Gil en junio de 1929 mediante la intervención del embajador Morrow de los Estados Unidos, diversos componentes de las fuerzas insurrectas desplegaron sus actividades políticas teniendo en consecuencia que, en 1937, antiguos combatientes “cristeros” dieron vida a la Unión Nacional Sinarquista; en tanto que algunos de los otrora militantes de la “Liga para la Defensa de la Libertad Religiosa” como lo fuera a la sazón Efraín González Luna, darían vida el 15 de septiembre de 1939 al Partido Acción Nacional.
Manuel Gómez Morín a diferencia de muchos de los miembros fundadores habría estado ajeno del todo a la insurrección cristera, sus actividades opositoras al régimen habrían estribado en su participación una década atrás en la campaña presidencial de José Vasconcelos, antes de lo cual, no lo olvidemos, había colaborado con el gobierno del presidente Plutarco Elías Calles como fundador del Banco de México.
Por sugerencia de Efraín González Luna, el partido adoptó su nombre bajo la inspiración de “la acción francesa”, movimiento populista católico fundado en Francia por el escritor y político de extrema derecha Charles Murras.
Es en el discurso inaugural del 15 de septiembre de 1939 donde Gómez Morín acuñaría la expresión “mover las almas en una brega de eternidad”, misma que, de más estaría decir, no es de la autoría de Manuel Clouthier como erróneamente lo llegó a señalar en la pasada etapa de precampaña por la presidencia de la República, quién curiosamente obtuvo la nominación para contender por dicho cargo bajo las siglas del partido que fuera fundado por el propio Gómez Morín.
Décadas de verdadera brega caracterizaron al PAN, hasta que logró iniciar un despegue incipiente en los años 70 bajo la conducción del más brillante y destacado líder que habría tenido el PAN en toda su historia como lo fuera mi admirado maestro José Ángel Conchello Dávila.
Expansión que al efecto derivó en una grave crisis de crecimiento a grado tal de que en 1976, la asamblea partidaria no logró consolidar el consenso necesario para postular candidato a la presidencia de la República.
La nacionalización de la banca decretada por López portillo el primero se septiembre de 1982 fracturó los equilibrios internos de la vida institucional del país, motivo por el que muchas inconformidades sociales se encausaron por medio del PAN, coincidiendo ello con el fenómeno desplegado en el planeta entero durante los años 80 a partir del ascenso al poder de Reagan y Thatcher, y conocido por la prensa internacional bajo el nombre emblemático de la: “Revolución Conservadora”.
La Consigna del PAN durante la campaña de elecciones intermedias para renovar al Congreso llevada a cabo durante el año de 1985 fue: “vota por la nueva mayoría”, lema que ciertamente se ajustaba a la tendencia histórica imperante en el momento, el PAN iniciaba una etapa de expansión que culminaría años después con la conquista del poder presidencial.
El país vivió bajo los gobiernos del PAN una década de estancamiento económico y en su último tramo de violencia generalizada, origen es destino, y en la “Guerra contra los Drogas” terminaron reeditándose los peores acontecimientos y episodios de “La Guerra Cristera”, incluso, con la defenestración a últimas fechas de muchos de los más altos mandos del Ejército Mexicano: “tropas de María sigan su bandera, no fallezca nadie vamos a la guerra”.
Desdibujado en sus perfiles y en su identidad ideológica, expulsado del poder por efecto de los electores que lo arrojaron a un vergonzante tercer lugar en el resultado de los comicios, dividido en su liderazgo, corroído por la corrupción y habiendo cancelado su renovación generacional, máximo de sus baluartes durante los días de expansión de la “Revolución Conservadora” a grado tal que llegó a nominar a la presidencia de la República a una persona que desconocía por completo los discursos de Gómez Morín, hoy el PAN vive la antítesis de los días de expansión comenzados a partir de la campaña electoral de 1985 para recordar y enfrentarse al sentido del título de una antigua cinta del año de 1956, dirigida por Mark Robson y protagonizada por Humphrey Bogart: “más dura será la caída”.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.