“Se vende planeta. En su totalidad. Compre ahora antes de que se acabe el plazo. Se venden ríos, cordilleras o archipiélagos. Y para grandes ahorradores, se venden países. Todo a su disposición”.
Este anuncio se publica periódicamente en televisión, radio o internet. ¿Ya lo has visto? Quizá no te has fijado, pero lo anuncian a menudo. Pasa algo desapercibido por estar escrito con otras palabras, en un leguaje algo confuso. Suele venir disfrazado de expresiones como “medidas para reactivar la economía global”, “fórmulas para crear desarrollo” o “problemas necesarios para superar la crisis”. Pero el mensaje es el mismo: se vende planeta.
¿Quién o qué lo ha puesto en venta? No está del todo claro, ni es una persona concreta. Y es en esta interesada confusión, donde reside gran parte de la dificultad para impedir la venta. Lo que sí está claro es que quien tiene dinero suficiente, tiene el poder para hacerse con el control de los recursos naturales de un país, sus medios de comunicación o su futuro político, económico y social. Lo estamos viendo a diario en numerosos países pobres, y otros no tan pobres. ¿En qué momento empezó todo esto? Cuando hace tiempo comenzamos a engañar a nuestras conciencias, a nosotros mismos. Normalizando todo aquello que en el fondo sabíamos que era intolerable. Esos hechos intolerables que además, van en aumento. Hemos confundido ampliamente lo legal con lo ético, la costumbre con el sentido común, el desarrollo con la felicidad y el progresar con el “todo vale”.
Los millones de campesinos a los que la venta del planeta está dejando sin acceso a la tierra, el agua o las semillas saben bien que lo que se siembra, se recoge. Es necesario oír el mensaje que la naturaleza nos está pidiendo a gritos antes de que sea demasiado tarde. Si las personas que habitamos este planeta no comenzamos a cuidarlo y a respetarnos a nosotros mismos, corremos grave peligro. Estamos sembrando caos. Y si no lo evitamos, pronto comenzaremos a cosechar lo que ya empieza a dar sus primeros avisos. Una amenaza mucho mayor que la caída de las Bolsas, o del Producto Interior Bruto. Supondrá la destrucción de todos: compradores, vendedores y vendidos.
¿Qué hacemos ahora? ¿Qué alternativas nos quedan sumidos en esta crisis? ¿Qué puede hacer alguien como yo? Di ¡Basta ya! Investiga, conoce, infórmate de qué nos está ocurriendo y por qué. El silencio y la pasividad no son una postura neutral. Ejerce tu poder como ciudadano activo, como creador de opinión, como consumidor. Actúa en tu entorno laboral, vecinal o familiar. Reivindica, difunde, educa, colabora, defiende, transforma, participa. Todo, menos cruzarte de brazos ante una realidad tan injusta. El tiempo corre… y La Tierra nos llama.
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