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La ruta hacia el 1 de diciembre, cuando deberá tomar posesión el próximo Presidente de la República, es institucional y cronológicamente clara. Sabemos, no obstante, que se avizora llena de obstáculos extralegales, de maniobras legaloides y de amenazas de violencia en distintas modalidades, todas ellas bajo el disfraz del rechazo a una imposición tanto más falaz, por cuanto que ha sido arrojada como perverso disfraz para ocultar un proceso electoral que los observadores internacionales han calificado como limpio y hasta ejemplar.

El presidente del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, anunció que el equipo legal de ese partido tiene lista la defensa del triunfo electoral de Enrique Peña Nieto y aseguró que las acusaciones de los partidos que apoyaron la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, así como sus variopintos seguidores, grupos, grupúsculos y cajas de resonando mediática, se pierden en la retórica sectaria, sin presentar pruebas contundentes ni suficientes.

“El PRI niega categóricamente todas las acusaciones” de compra de votos y otras maniobras ilícitas, declaró Coldwell y señaló un hecho notorio: la cifra de los sufragios supuestamente comprados que manejan López Obrador y sus partidarios, fue “acomodada al tamaño de sus necesidades”, para ganar en las disputas postelectorales lo que no pudieron lograr en las urnas.

El equipo jurídico del PRI resolvió que defenderá el triunfo de Peña Nieto directamente ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), por lo que no habrá alegatos públicos parciales ni una disputa mediática con los acusadores y calumniadores. El vicecoordinador de la campaña del candidato priísta, Jorge Carlos Ramírez Marín, dijo que esa decisión tiene el propósito de que ningún argumento aislado “pueda ser utilizado como elemento y que digan después que el PRI dijo tal o cual cosa por anticipado”.

Ramírez Marín hizo un planteamiento que, sin duda, será la base fundamental de la defensa de los casi 20 millones de sufragios recibidos por Peña Nieto: “Nadie votó obligado, nadie votó contra su voluntad, nadie votó con alguien atrás diciéndole cómo tenía que haber votado y esto lo presenciaron millones de mexicanos”. Por si fuera poco, vale la pena agregar que los representantes de los partidos en las casillas donde estuvieron presentes, firmaron las actas sin objeción alguna.

Los medios internacionales, a los que recurrieron asiduamente López Obrador y sus partidarios, para magnificar las críticas a Peña Nieto, al PRI, al proceso electoral; o citar fuera de contexto frases y párrafos que parecían validar las acusaciones de fraude y las movilizaciones sectarias disfrazadas de protestas ciudadanas, han comenzado a ofrecer evaluaciones editoriales que, a diferencia de las notas manipuladas por las huestes lopezobradoristas, sí constituyen verdaderos análisis y evaluaciones.
La severidad de los comentarios refleja el verdadero perfil del hombre que ha perdido en dos ocasiones y parece tener como consigna que si la realidad no coincide con sus ilusiones, peor para la realidad. El primero que cayó como un meteorito sobre la vanidad mesiánica, fue el editorial institucional de El País, el importante rotativo español, sin duda un verdadero referente del periodismo mundial:
“Es muy improbable que prospere el recurso de la izquierda mexicana, aglutinada en torno al derrotado Andrés López Obrador, para invalidar las recientes elecciones presidenciales, argumentando la compra y manipulación de millones de votos por el PRI. Los siete puntos de ventaja (más de tres millones de sufragios) del Presidente electo y candidato del resucitado PRI, Enrique Peña Nieto, representan presumiblemente para las autoridades electorales, que tienen hasta septiembre para pronunciarse, un argumento contundente sobre un proceso en el que no hay evidencia de irregularidades a gran escala. (…)

“La izquierda mexicana viene fracasando desde 1988 en su intento de alcanzar la presidencia. Para los correligionarios de López Obrador parece llegado el momento de preguntarse si les conviene como líder un hombre dos veces derrotado, con tendencia al victimismo conspiratorio y cuyo estilo abrasivo y anquilosado le ha enajenado una parte de su voto natural. Obrador es un lastre. En su propio partido, el PRD, hay dirigentes —Marcelo Ebrard, jefe del gobierno del Distrito Federal, o su sucesor, Miguel Ángel Mancera, entre otros—, pragmáticos y dialogantes, que no suscitan el rechazo de los electores y están en mucha mayor sintonía con las realidades del México de hoy”.

The Globe and Mail, uno de los más prestigiosos y leídos diarios de Canadá, también dio a conocer su opinión: “El derrotado candidato presidencial izquierdista mexicano Andrés Manuel López Obrador, le ha dado un nuevo significado al término mal perdedor. De hecho, está en peligro de convertirse en un arquetipo.
“No es magnánimo en la derrota; en vez de ello, se queja, demanda, fomenta las protestas y culpa a todo el mundo de sus fracasos, menos a sí mismo. López Obrador debería ser materia de estudio en las escuelas, como un ejemplo de cómo no debe comportarse quien enfrenta la derrota”. En cuanto a las elecciones presidenciales en México, el periódico señaló: “De hecho, la democracia mexicana hizo avergonzarse a muchas otras y los observadores internacionales se declararon satisfechos de la limpieza del proceso”.

No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, advierte la sabiduría popular. Tendrá que cumplirse el plazo de la ley para que el Tribunal Electoral declare Presidente electo a Enrique Peña Nieto, pese a las amenazas de movilizaciones, marchas, plantones, bloqueos, por una oleada sectaria en evidente decadencia. Y tanto López Obrador como quienes le apoyan incondicionalmente, a contrapelo de la legalidad, la responsabilidad y el sentido común, pagarán el precio ante la sociedad y el país.

Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.
Periodista y escritor. Licenciado en Ciencias y Técnicas de la Comunicación por la Universidad del Valle de Atemajac, en Guadalajara, Jal. Ha sido reportero, jefe de sección, jefe de información, jefe de redacción, subdirector y director de diarios y revistas, así como colaborador y conductor de programas en radio y televisión, guionista, productor y director de videodocumentales. Enviado especial y corresponsal de guerra en más de 30 países. Editorialista de Excélsior. Presidente del Círculo Latinoamericanos de Estudios Internacionales (CLAEI). Más información: http://claei.org.mx