Coincidencia o no, pero ni el Presidente de México ni el candidato presidencial derrotado parecen preocuparse en lo más mínimo por lo que está ocurriendo desde la mañana del pasado lunes 2 del presente, así como se muestran indiferentes frente a lo que se desencadene a partir de la tarde del jueves 6 de septiembre. Felipe de Jesús Calderón Hinojosa está obligado a mantener la paz social hasta las cero horas del sábado 1 de diciembre, cuando termine su sexenio.
Mientras Calderón Hinojosa reparte sonrisas, pronuncia discursos de autoalabanza, inaugura por inaugurar, aparenta estar a punto de partir un piñón con el candidato presidencial triunfante, Andrés Manuel López Obrador hace toda la tarea para desestabilizar al país con la bandera de que debe anularse la elección en que fue ampliamente derrotado en las urnas. Entre su programa “pacífico y legal” figura primordialmente desconocer el pacto de civilidad que firmó, antes de la votación, aceptando reconocer el resultado final del escrutinio nacional.
El egocentrismo que desde el 1 de diciembre de 2006 mantiene a Calderón Hinojosa, como bien lo describió don Carlos Castillo Peraza, en una carta enviada precisamente a su pupilo, propicia que sea él mismo quien se ponga como el Presidente de México que ha hecho, “lo que todos los anteriores no se atrevieron”. Ahora resulta que ninguno de sus antecesores cumplió con todo lo prometido, como lo ha hecho él.
La obsesión del poder, por el poder mismo, es la característica principal de Andrés Manuel López Obrador. Hombre que desde su juventud jamás ha respetado leyes, acuerdos, convenios, pactos. Rebelde por naturaleza propia, pero sin tener la razón. Hace seis años alegó que ganó las elecciones presidenciales y violentó la vida en la Ciudad de México. Ejerció (?) como “presidente legítimo” e integró “su gabinete”. Hoy navega con bandera de “pacifista” y argumenta que el voto que lo derrotó fue “coaccionado o comprado”.
Salvo el expriista zacatecano Ricardo Monreal Ávila, no hay otra figura del lopezobradorismo. Con suma habilidad y con ese poder de convencimiento que tiene, López Obrador es ahora el apoyador número uno de ese “#YoSoy132” convertido el domingo pasado, en San Salvador Atenco, México, en Convención Nacional contra la Imposición” cuya meta es impedir que Enrique Peña Nieto asuma la Presidencia de la República. El tabasqueño y su protector o padrino financiero no desistirán a pesar de que todos los fallos jurídicos demuestren que no les asiste la razón.
CONVOCAN A DESTRUIR, NO A CONSTRUIR
Bien dijo el tabasqueño y perredista Graco Luis Ramírez Garrido Abreu, gobernador electo del Estado de Morelos, que ahora hay que construir y no destruir. Esto fue en alusión a la postura adoptada por su paisano derrotado. Sin embargo Andrés Manuel a nadie sorprendió al tomar el camino de las impugnaciones, de la denuncia de irregularidades “antes, durante y después” de la votación, así como demandar la nulidad de las elecciones y la declaratoria de no validez de las mismas.
Horas después del 11 de junio pasado cuando en la Universidad Iberoamericana “espontáneamente” surgió el “#YoSoy132”, la reacción de un grupo de estudiantes universitarios en contra del PRI, en contra de Peña Nieto y en contra de Televisa, se convirtió en punto de partida de un movimiento ya no estudiantil y que ahora tiene a los miembros de dos sindicatos únicos: el Mexicano de Electricistas y el de Tranviarios. Ya no existe patrón para los primeros, pero Calderón Hinojosa le dio vida a los seguidores del futuro diputado federal Martín Esparza. Tranviarios no hay desde el siglo pasado, ah, pero si su sindicato.
En su reunión del jueves, la Asamblea General Interuniversitaria, reunida en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, además de anunciar su participación en la Convención Nacional contra la Imposición, celebrada en San Salvador Atenco, hizo público un texto que cada lector le dará la interpretación que juzgue. Este es uno de los párrafos del escrito que difundieron los diarios:
“No basta solamente con posesionarnos contra la coacción y la compra del voto, contra la imposición de los medios de comunicación, contra la antidemocracia que impera en nuestro país; son también los miles de asesinados y desaparecidos, los miles despojados de sus tierras, los miles de jóvenes y adultos sin trabajo, los miles de campesinos sin tierra, los que nos llaman a trascender la coyuntura electoral y pronunciarnos como un movimiento independiente, combativo, dispuesto a frenar la imposición y enarbolar un plan de lucha unitario”.
Aunque Andrés Manuel López Obrador declarara cien veces que él no tiene nada que ver en este asunto, sus pronunciamientos están perfectamente señalados en ese párrafo. Por supuesto que nada de ello nos estaría llamando hoy la atención, si el tabasqueño hubiese tenido cuatro millones más de votos a los que obtenido. Entonces si hubiese triunfado la democracia. Además no puede admitirse que el movimiento sea apartidista.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com) y reproducido con la autorización de su Director.
Periodista, articulista, comentarista en Radio y Televisión. Ha sido Jefe de Información y Director de Noticiarios de Canal 11 del Instituto Politécnico Nacional; Magistrado Numerario Fundador Tribunal Superior Agrario; Coordinador General de Comunicación Social del Gobierno del Estado de México; Representante del Gobierno del Estado de México en el D.F.; Director del Centro de Estudios de Justicia Agraria “Doctor Sergio García Ramírez” del Tribunal Superior Agrario y Director periodístico de la Agencia Mexicana de Información (AMI). Autor del libro “Bob Kennedy y los Asesinos sin Cara”. 1968. Autor del libro “La Radio, El PRI y El Destape”. 1988. [email protected] Twitter: @JorgeHyV

























