excepcionalismo

…”aún viviendo y conviviendo entre el autoritarismo usted es un héroe”…
…”un héroe que debe avanzar”…
“¿Para qué votamos?”, pregunta César Cansino y responde:
“para no volver a tener violencia y seguir siendo héroes”.

¿Qué es lo que nos hace diferentes a los mexicanos de otras culturas?, es una interrogante que ha provocado desde, pensadores, filósofos, historiadores, intelectuales, escritores, hasta un ciudadano que anda por las calles, una búsqueda por tratar de encontrar y explicar aquellas características únicas que definen a la cultura mexicana y por ende a los mexicanos. El doctor César Cansino, politólogo y filósofo mexicano, en su último libro “El Excepcionalismo Mexicano. Entre el estoicismo y la esperanza”, con una visión histórica y humanista se adentra a nuestros orígenes y analiza la psicología del mexicano, desmitificando los adjetivos con los cuales nos han etiquetado a través de los años y dándonos un respiro esperanzador, a través de la mutación de la sociedad, como única salida para consolidarnos en democracia.
El autor inicia su ensayo con la pregunta, “¿Qué trasfondo cultural puede ser tan perseverante como para condenar un pueblo entero al estancamiento político?” la respuesta para el que fuera escritor mexicano Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura en 1990, – referente del doctor Cansino para forjar sus ideas-, es el estoicismo; Octavio Paz afirmaba que los ciudadanos estamos incapacitados para vivir en democracia. Entonces el doctor contrasta esta idea, enriqueciéndola al sugerir una visión más humanista y menos tajante en la que afirma que los mexicanos no somos resignados como lo planteaba Paz, sino más bien somos resistentes como decía el escritor mexicano Alfonso Reyes. La resistencia como alternativa temporal ante una crisis que nos permite sobrellevar la adversidad. Una especie de mecanismo de defensa que nos ha permitido seguir de pie sin perder la esperanza.
“Si para Paz, la soledad inexpresiva impide fundar una identidad rica y plural y desarrollar una capacidad crítica, para Reyes el estoicismo es un acto genuino de reflexión individual en momentos límite y por eso supone juicio y capacidad crítica…”
Posicionándose en el concepto de Reyes, el doctor Cansino analiza y determina que si bien, los mexicanos afrontamos la vida con adversidad y libertad, como efecto el estancamiento político no debe ser necesariamente inconsciente ni irreflexivo, sino todo lo contrario. Plantea nuestro estoicismo, como ese “deseo callado” de ser libres; una visión que permite tener una perspectiva que da la posibilidad de encaminar a la Nación hacia un pensamiento más esperanzador, haciendo de esta idea el título de su ensayo.
Adentrándose en la historia el doctor Cansino se remonta a la época de la lucha de Independencia en Iberoamérica, en la que élites criollas se plantearon como objetivo la construcción de naciones modernas. En este sentido refiere que la modernización de estos países requería “sustento” para operar los valores, metas y prácticas. Al no existir la “materia prima” que eran los ciudadanos, se vieron en la necesidad de crearlos. Como consecuencia, esta construcción imaginaria más la tradición centralista de aquella época dio lugar a patrones autoritarios de gobierno. Cita: “En consecuencia, desde muy temprano en su vida independiente, las naciones iberoamericanas sellaron la suerte de sus sociedades. La pretensión liberal de construir Estados modernos estables y la tradición centralista heredada de la colonia terminaron eclipsando a la ciudadanías locales…”
En este punto opino que el choque de culturas, con valores y prácticas distintas, pudo bien servir para interpretar y definir con calificativos negativos a nuestros antepasados, por parte de los conquistadores.
Retomando nuestro pasado y aterrizándolo al presente, México ha sido comparado con otros países, con ideales y valores que no son propios de nuestra cultura, alejándonos de nuestro ideal de Nación; asimismo desvirtuando nuestra identidad y creando una confusión del “porqué somos como somos”, lo cual deriva en calificativos que nos hacen sentir inferiores y vulnerables, matizando nuestro comportamiento político-social.
Desde la óptica del doctor Cansino, la invisibilidad de las ciudadanías latinoamericanas son secuelas con las que hasta el día de hoy cargamos. Aspectos arraigados en nuestro quehacer cotidiano de los cuales no nos hemos podido desprender para volvernos visibles. El ciudadano aun no es percibido como el pilar para consolidar la democracia, sino continúa siendo la “materia prima” que necesitan los gobiernos para simular que funcionan y que en la actualidad ha servido a políticos como retóricas populistas y clientelistas, provocando un quebranto en materia de construcción ciudadana.
Para César Cansino la forma en la que se es calificado el mexicano no presenta ni hace justicia sobre lo que verdaderamente somos, pero en cambio “deposita en nuestra cultura todos nuestros males”, lo que provoca un sentimiento de derrotismo que deriva en parálisis e inmovilización.
Como mexicana, puedo asegurar que las “etiquetas” o rasgos con los cuales nos definen a los mexicanos en el exterior y en ocasiones en nuestro propio país, no es de ninguna manera alentadora o halagadora, sino todo lo contrario, nos presentan en un escenario lastimoso al calificarnos de conformistas, mediocres, desinteresados, indiferentes, pesimistas, apáticos, flojos, corruptos, tramposos, oportunistas, por mencionar algunos adjetivos que han servido para identificarnos; generando una baja autoestima nacional, que en situaciones nos somete o paraliza e impide que avancemos en lo individual y en lo colectivo como país.
Entiendo que definir con adjetivos negativos a una Nación, no puede más que provocar en sus ciudadanos un sentimiento de fatalidad y desesperanza, proyectándolos al mundo como perdedores. La visión pesimista de nuestra condición, pasa por alto y sin detenerse en nuestro origen, que a pesar de la adversidad vivida en cada etapa de la historia, nunca hemos sucumbido y dejado de luchar para salir adelante con una fuerte carga histórica a cuestas. Por ello el doctor Cansino nos llama a los mexicanos “héroes”.
Sin embargo, lejos de este pensamiento pesimista, César Cansino asevera que la cultura mexicana difícilmente podría ser contrastada con otras culturas, ya que en sus palabras: “no hay nada en el mundo con lo que se pueda equiparar la historia mexicana y la conformación de la tan particularidad idiosincrasia de los mexicanos”. Sí entendemos al autor podemos entonces reconocer que México posee aspectos únicos e irrepetibles empezando con su historia, sin embargo, no exime el hecho de que cada cultura sea distinta, lo que más bien pretende es levantar una constancia de los hechos, y dejar claro que hablar de excepcionalidad es hablar de casos muy particulares, y el cual afirma, México es uno de ellos.
El doctor Cansino se enfoca en reconocer más que la esencia, las mutaciones culturales que nos sitúan en una posición desventajosa en comparación de otras naciones: “mi objetivo es detectar los cambios y confinidades de nuestro ser o identidad nacional”. Reconstruir entonces el pasado desde el presente es precisamente ir dando lugar al presente en el momento en que empezamos a construirlo. Por ello la importancia de remontarnos al pasado para entender lo complejo de nuestra historia.
El México independiente que hoy conocemos nació con una deuda heredada. El doctor Cansino reconoce las mutaciones que ha tenido la sociedad y desde ahí nos da una esperanza para seguir resistiendo sin dejar de avanzar.
Refiere que tras el derrumbe de una forma de organización política autoritaria que dominó prácticamente todo el siglo XX, al ser este remplazado por la alternancia en el año 2000, surge una mutación cultural en la Nación que ha dado lugar a un proceso democrático parcial y muy elemental y el cual no ha avanzado con la rapidez que se esperaba. Para el autor un cambio de esta magnitud es causa y consecuencia de mutaciones culturales en la sociedad mexicana que aún están en espera de ser definidas.
Sin embargo, a pesar de los cambios que se han venido dando con esta nueva democracia, el autor se pregunta sí este nuevo sistema podrá remplazar de manera exitosa aquellas estructuras tradicionalistas por unas más imparciales, propias de las democracias modernas o si por el contrario, el peso de nuestro pasado será más fuerte y no nos permitirá emerger como Nación. A pesar de la incertidumbre el autor se muestra optimista con respecto a la ciudadanía mexicana.
Reconoce que las instituciones políticas han sido un lastre, ya que han impedido la consolidación de la democracia, con andamiajes jurídicos ambiguos y endebles, impidiendo construir una democracia sólida y consistente que garanticen ordenamientos institucionales a la altura de los ciudadanos.
En otro punto considera que culparnos de ser los causantes de nuestros males les resulta acomodaticio a las autoridades, ya que provoca el deslinde de sus responsabilidades, siendo que al culparnos responsabiliza a todos y a la vez a nadie y de esta forma diluyen el problema.
Explica que al no contar con estructuras básicas para el buen funcionamiento de las instituciones, da origen a una desigualdad social, provocando una desintegración social y como consecuencia ingobernabilidad: “la democracia no es sólo un conjunto de reglas y procedimientos formales, sino, sobre todo, una forma de legitimación del estado que tiene como base a los ciudadanos”. Las autoridades deben tomar en cuenta las propuestas que la sociedad externe y debe entenderse que la sociedad es aquello que retroalimenta el sentido democrático. Aunado a esto, el autor comenta que si bien el renacimiento de la sociedad civil ha permitido que exista una relación distinta entre el estado y el pueblo, sigue anidando un corto circuito entre estos: “las elites siguen negando a nuestro pueblo su condición de ciudadanía”.
Destaca que a pesar de que la sociedad ha cumplido con su parte, el complemento que son las autoridades no han demostrado una actitud distinta hacia los nuevos retos por los que atraviesa el país: “… el problema es que seguimos estando tan secuestrados ahora como antes por una elite gobernante que sigue gobernando en el vacío, a espaldas de la sociedad y sin la menor sensibilidad democrática”. Lo que puede traducirse a la debacle en el desarrollo político y responsabiliza a las autoridades del estancamiento, incluso cívico, que padece nuestra Nación.
Enfatiza que hemos madurado y que la globalización es nuestra oportunidad para redefinirnos ante el mundo, sin perder nuestra identidad nacional; cuya propuesta va en el sentido de que seamos “más autocríticos y menos nacionalistas”.
Asimismo nos exonera de la carga culposa de que el gobierno que tenemos no es necesariamente porque lo merezcamos, sino más bien una consecuencia de la condición histórica y cultural de nuestro país. Reconoce que los ciudadanos hemos demostrado en numerosas ocasiones que la verdadera transformación está ocurriendo desde la sociedad civil y no en las élites políticas, las cuales se han empeñado en mantenernos a los ciudadanos apartados de la verdadera participación al querer hacernos creer, que la verdadera transformación debe darse en los partidos políticos para que la sociedad funcione.
En mi opinión reafirmo que la verdadera democracia, por definición, debe residir en el pueblo, el poder real lo deben tener los ciudadanos sin simulaciones, pero hemos transitado lentamente desde la Revolución Mexicana y el saldo es que México, en la actualidad, tiene una democracia imperfecta, que no termina de consolidarse, porque la clase política nos ha vendido la idea de que los cambios vendrán de ellos, cuando sí hablamos de democracia los cambios los debemos hacer nosotros. Tendremos que dejar de ser pasivos y volvernos todos activos en el margen de nuestras posibilidades. Para las generaciones venideras será indispensable una Reforma Educativa, que enaltezca la participación y deje de condenar el intento de manifestación, en cualquiera de sus modalidades.
Como ciudadana puedo decir que décadas de represión nos han dejado secuelas, lo que explica y hasta justifica nuestro comportamiento social y nuestra escasa participación política; sin embargo, deberemos despojarnos de nuestro pasado colonizador y asimilar que hemos desarrollado habilidades que nos permiten actualizarnos. El autoritarismo es parte de nuestro doloroso pasado y la vuelta a la hoja nos permitirá seguir escribiendo nuestra propia historia como Nación, donde el poder esté realmente en los ciudadanos y finalmente redefinamos nuestra identidad.
Las nuevas generaciones -derivado de la alternancia en el poder- tenemos una visión y participación socio-política diferente y bien dice el doctor Cansino, que se nos ha sembrado la idea de un país más justo y con acciones estamos demostrando que nos indigna la falta de autoridad de nuestras instituciones, y sobretodo nos preocupa el rumbo que tome nuestro país; ya no nos deslumbran promesas pasajeras, en éstos últimos años se ha ido creando otro tipo de sentimiento y de reacción, que no es el de sentarnos y esperanzarnos de las autoridades; cada vez hay más esta búsqueda de la realidad para vivir en ella.
Como mexicana coincido con el Doctor César Cansino: que debemos darnos la oportunidad de liberar culpas, ya que los gobiernos que tenemos no son porque eso nos merecemos; que el estoicismo nos ha permitido resistir, aunque el costo ha sido la lentitud en nuestro avance en la consolidación de un estado democrático participativo; y que solo entendiendo nuestro origen, sin remordimientos, redefiniremos nuestro presente y futuro como Nación.
Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.
Cursando la licenciatura en Ciencias Políticas y Gestión Pública en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) en Guadalajara, Jalisco. Especializándome en Marketing Político y Redes Sociales Digitales. Escritora por afición y crítica por vocación. Twitter: @AireeCorlop

...”aún viviendo y conviviendo entre el autoritarismo usted es un héroe”…

…”un héroe que debe avanzar”…

“¿Para qué votamos?”, pregunta César Cansino y responde:

“para no volver a tener violencia y seguir siendo héroes”.

¿Qué es lo que nos hace diferentes a los mexicanos de otras culturas?, es una interrogante que ha provocado desde, pensadores, filósofos, historiadores, intelectuales, escritores, hasta un ciudadano que anda por las calles, una búsqueda por tratar de encontrar y explicar aquellas características únicas que definen a la cultura mexicana y por ende a los mexicanos. El doctor César Cansino, politólogo y filósofo mexicano, en su último libro “El Excepcionalismo Mexicano. Entre el estoicismo y la esperanza”, con una visión histórica y humanista se adentra a nuestros orígenes y analiza la psicología del mexicano, desmitificando los adjetivos con los cuales nos han etiquetado a través de los años y dándonos un respiro esperanzador, a través de la mutación de la sociedad, como única salida para consolidarnos en democracia.

El autor inicia su ensayo con la pregunta, “¿Qué trasfondo cultural puede ser tan perseverante como para condenar un pueblo entero al estancamiento político?” la respuesta para el que fuera escritor mexicano Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura en 1990, – referente del doctor Cansino para forjar sus ideas-, es el estoicismo; Octavio Paz afirmaba que los ciudadanos estamos incapacitados para vivir en democracia. Entonces el doctor contrasta esta idea, enriqueciéndola al sugerir una visión más humanista y menos tajante en la que afirma que los mexicanos no somos resignados como lo planteaba Paz, sino más bien somos resistentes como decía el escritor mexicano Alfonso Reyes. La resistencia como alternativa temporal ante una crisis que nos permite sobrellevar la adversidad. Una especie de mecanismo de defensa que nos ha permitido seguir de pie sin perder la esperanza.

“Si para Paz, la soledad inexpresiva impide fundar una identidad rica y plural y desarrollar una capacidad crítica, para Reyes el estoicismo es un acto genuino de reflexión individual en momentos límite y por eso supone juicio y capacidad crítica…”

Posicionándose en el concepto de Reyes, el doctor Cansino analiza y determina que si bien, los mexicanos afrontamos la vida con adversidad y libertad, como efecto el estancamiento político no debe ser necesariamente inconsciente ni irreflexivo, sino todo lo contrario. Plantea nuestro estoicismo, como ese “deseo callado” de ser libres; una visión que permite tener una perspectiva que da la posibilidad de encaminar a la Nación hacia un pensamiento más esperanzador, haciendo de esta idea el título de su ensayo.

Adentrándose en la historia el doctor Cansino se remonta a la época de la lucha de Independencia en Iberoamérica, en la que élites criollas se plantearon como objetivo la construcción de naciones modernas. En este sentido refiere que la modernización de estos países requería “sustento” para operar los valores, metas y prácticas. Al no existir la “materia prima” que eran los ciudadanos, se vieron en la necesidad de crearlos. Como consecuencia, esta construcción imaginaria más la tradición centralista de aquella época dio lugar a patrones autoritarios de gobierno. Cita: “En consecuencia, desde muy temprano en su vida independiente, las naciones iberoamericanas sellaron la suerte de sus sociedades. La pretensión liberal de construir Estados modernos estables y la tradición centralista heredada de la colonia terminaron eclipsando a la ciudadanías locales…”

En este punto opino que el choque de culturas, con valores y prácticas distintas, pudo bien servir para interpretar y definir con calificativos negativos a nuestros antepasados, por parte de los conquistadores.

Retomando nuestro pasado y aterrizándolo al presente, México ha sido comparado con otros países, con ideales y valores que no son propios de nuestra cultura, alejándonos de nuestro ideal de Nación; asimismo desvirtuando nuestra identidad y creando una confusión del “porqué somos como somos”, lo cual deriva en calificativos que nos hacen sentir inferiores y vulnerables, matizando nuestro comportamiento político-social.

Desde la óptica del doctor Cansino, la invisibilidad de las ciudadanías latinoamericanas son secuelas con las que hasta el día de hoy cargamos. Aspectos arraigados en nuestro quehacer cotidiano de los cuales no nos hemos podido desprender para volvernos visibles. El ciudadano aun no es percibido como el pilar para consolidar la democracia, sino continúa siendo la “materia prima” que necesitan los gobiernos para simular que funcionan y que en la actualidad ha servido a políticos como retóricas populistas y clientelistas, provocando un quebranto en materia de construcción ciudadana.

Para César Cansino la forma en la que se es calificado el mexicano no presenta ni hace justicia sobre lo que verdaderamente somos, pero en cambio “deposita en nuestra cultura todos nuestros males”, lo que provoca un sentimiento de derrotismo que deriva en parálisis e inmovilización.

Como mexicana, puedo asegurar que las “etiquetas” o rasgos con los cuales nos definen a los mexicanos en el exterior y en ocasiones en nuestro propio país, no es de ninguna manera alentadora o halagadora, sino todo lo contrario, nos presentan en un escenario lastimoso al calificarnos de conformistas, mediocres, desinteresados, indiferentes, pesimistas, apáticos, flojos, corruptos, tramposos, oportunistas, por mencionar algunos adjetivos que han servido para identificarnos; generando una baja autoestima nacional, que en situaciones nos somete o paraliza e impide que avancemos en lo individual y en lo colectivo como país.

Entiendo que definir con adjetivos negativos a una Nación, no puede más que provocar en sus ciudadanos un sentimiento de fatalidad y desesperanza, proyectándolos al mundo como perdedores. La visión pesimista de nuestra condición, pasa por alto y sin detenerse en nuestro origen, que a pesar de la adversidad vivida en cada etapa de la historia, nunca hemos sucumbido y dejado de luchar para salir adelante con una fuerte carga histórica a cuestas. Por ello el doctor Cansino nos llama a los mexicanos “héroes”.

Sin embargo, lejos de este pensamiento pesimista, César Cansino asevera que la cultura mexicana difícilmente podría ser contrastada con otras culturas, ya que en sus palabras: “no hay nada en el mundo con lo que se pueda equiparar la historia mexicana y la conformación de la tan particularidad idiosincrasia de los mexicanos”. Sí entendemos al autor podemos entonces reconocer que México posee aspectos únicos e irrepetibles empezando con su historia, sin embargo, no exime el hecho de que cada cultura sea distinta, lo que más bien pretende es levantar una constancia de los hechos, y dejar claro que hablar de excepcionalidad es hablar de casos muy particulares, y el cual afirma, México es uno de ellos.

El doctor Cansino se enfoca en reconocer más que la esencia, las mutaciones culturales que nos sitúan en una posición desventajosa en comparación de otras naciones: “mi objetivo es detectar los cambios y confinidades de nuestro ser o identidad nacional”. Reconstruir entonces el pasado desde el presente es precisamente ir dando lugar al presente en el momento en que empezamos a construirlo. Por ello la importancia de remontarnos al pasado para entender lo complejo de nuestra historia.

El México independiente que hoy conocemos nació con una deuda heredada. El doctor Cansino reconoce las mutaciones que ha tenido la sociedad y desde ahí nos da una esperanza para seguir resistiendo sin dejar de avanzar.

Refiere que tras el derrumbe de una forma de organización política autoritaria que dominó prácticamente todo el siglo XX, al ser este remplazado por la alternancia en el año 2000, surge una mutación cultural en la Nación que ha dado lugar a un proceso democrático parcial y muy elemental y el cual no ha avanzado con la rapidez que se esperaba. Para el autor un cambio de esta magnitud es causa y consecuencia de mutaciones culturales en la sociedad mexicana que aún están en espera de ser definidas.

Sin embargo, a pesar de los cambios que se han venido dando con esta nueva democracia, el autor se pregunta sí este nuevo sistema podrá remplazar de manera exitosa aquellas estructuras tradicionalistas por unas más imparciales, propias de las democracias modernas o si por el contrario, el peso de nuestro pasado será más fuerte y no nos permitirá emerger como Nación. A pesar de la incertidumbre el autor se muestra optimista con respecto a la ciudadanía mexicana.

Reconoce que las instituciones políticas han sido un lastre, ya que han impedido la consolidación de la democracia, con andamiajes jurídicos ambiguos y endebles, impidiendo construir una democracia sólida y consistente que garanticen ordenamientos institucionales a la altura de los ciudadanos.

En otro punto considera que culparnos de ser los causantes de nuestros males les resulta acomodaticio a las autoridades, ya que provoca el deslinde de sus responsabilidades, siendo que al culparnos responsabiliza a todos y a la vez a nadie y de esta forma diluyen el problema.

Explica que al no contar con estructuras básicas para el buen funcionamiento de las instituciones, da origen a una desigualdad social, provocando una desintegración social y como consecuencia ingobernabilidad: “la democracia no es sólo un conjunto de reglas y procedimientos formales, sino, sobre todo, una forma de legitimación del estado que tiene como base a los ciudadanos”. Las autoridades deben tomar en cuenta las propuestas que la sociedad externe y debe entenderse que la sociedad es aquello que retroalimenta el sentido democrático. Aunado a esto, el autor comenta que si bien el renacimiento de la sociedad civil ha permitido que exista una relación distinta entre el estado y el pueblo, sigue anidando un corto circuito entre estos: “las elites siguen negando a nuestro pueblo su condición de ciudadanía”.

Destaca que a pesar de que la sociedad ha cumplido con su parte, el complemento que son las autoridades no han demostrado una actitud distinta hacia los nuevos retos por los que atraviesa el país: “… el problema es que seguimos estando tan secuestrados ahora como antes por una elite gobernante que sigue gobernando en el vacío, a espaldas de la sociedad y sin la menor sensibilidad democrática”. Lo que puede traducirse a la debacle en el desarrollo político y responsabiliza a las autoridades del estancamiento, incluso cívico, que padece nuestra Nación.

Enfatiza que hemos madurado y que la globalización es nuestra oportunidad para redefinirnos ante el mundo, sin perder nuestra identidad nacional; cuya propuesta va en el sentido de que seamos “más autocríticos y menos nacionalistas”.

Asimismo nos exonera de la carga culposa de que el gobierno que tenemos no es necesariamente porque lo merezcamos, sino más bien una consecuencia de la condición histórica y cultural de nuestro país. Reconoce que los ciudadanos hemos demostrado en numerosas ocasiones que la verdadera transformación está ocurriendo desde la sociedad civil y no en las élites políticas, las cuales se han empeñado en mantenernos a los ciudadanos apartados de la verdadera participación al querer hacernos creer, que la verdadera transformación debe darse en los partidos políticos para que la sociedad funcione.

En mi opinión reafirmo que la verdadera democracia, por definición, debe residir en el pueblo, el poder real lo deben tener los ciudadanos sin simulaciones, pero hemos transitado lentamente desde la Revolución Mexicana y el saldo es que México, en la actualidad, tiene una democracia imperfecta, que no termina de consolidarse, porque la clase política nos ha vendido la idea de que los cambios vendrán de ellos, cuando sí hablamos de democracia los cambios los debemos hacer nosotros. Tendremos que dejar de ser pasivos y volvernos todos activos en el margen de nuestras posibilidades. Para las generaciones venideras será indispensable una Reforma Educativa, que enaltezca la participación y deje de condenar el intento de manifestación, en cualquiera de sus modalidades.

Como ciudadana puedo decir que décadas de represión nos han dejado secuelas, lo que explica y hasta justifica nuestro comportamiento social y nuestra escasa participación política; sin embargo, deberemos despojarnos de nuestro pasado colonizador y asimilar que hemos desarrollado habilidades que nos permiten actualizarnos. El autoritarismo es parte de nuestro doloroso pasado y la vuelta a la hoja nos permitirá seguir escribiendo nuestra propia historia como Nación, donde el poder esté realmente en los ciudadanos y finalmente redefinamos nuestra identidad.

Las nuevas generaciones -derivado de la alternancia en el poder- tenemos una visión y participación socio-política diferente y bien dice el doctor Cansino, que se nos ha sembrado la idea de un país más justo y con acciones estamos demostrando que nos indigna la falta de autoridad de nuestras instituciones, y sobretodo nos preocupa el rumbo que tome nuestro país; ya no nos deslumbran promesas pasajeras, en éstos últimos años se ha ido creando otro tipo de sentimiento y de reacción, que no es el de sentarnos y esperanzarnos de las autoridades; cada vez hay más esta búsqueda de la realidad para vivir en ella.

Como mexicana coincido con el Doctor César Cansino: que debemos darnos la oportunidad de liberar culpas, ya que los gobiernos que tenemos no son porque eso nos merecemos; que el estoicismo nos ha permitido resistir, aunque el costo ha sido la lentitud en nuestro avance en la consolidación de un estado democrático participativo; y que solo entendiendo nuestro origen, sin remordimientos, redefiniremos nuestro presente y futuro como Nación.

Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com) y reproducido con la autorización de su Director.

Cursando la licenciatura en Ciencias Políticas y Gestión Pública en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) en Guadalajara, Jalisco. Especializándome en Marketing Político y Redes Sociales Digitales. Escritora por afición y crítica por vocación. Twitter: @AireeCorlop