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Desde la hermosa bahía de San Francisco, en California, y a pocas horas de celebrar 70 años, la escritora Isabel Allende ya comienza a recibir felicitaciones de todas partes del mundo. Sus lectores, cautivados por sus hilarantes personajes y atrayentes historias, que devoran desde la primera hasta la última página, estarán deseándole mañana, 2 de agosto, salud y larga vida para seguir disfrutando de su brillante imaginación.
En estos días soleados del verano en la ciudad del suroeste norteamericano, rodeada de sus más grandes afectos, y con la consentida perra Olivia a sus pies, Allende compartió, en exclusiva con PANORAMA, sus sentimientos al festejar un nuevo aniversario, cómo ha cambiado con el paso de los años y recuerdos imborrables del mundo de sus libros.

Para esta entrevista, la autora latinoamericana más leída del mundo interrumpe la elaboración de su nuevo libro, que estará en las librerías en 2013, pero ella, generosa y con desprendimiento, hace un alto y conversa con el sentimiento, el sentido del humor y el desparpajo que caracterizan su personalidad y su vasta obra literaria.
—¿Cómo se siente al cumplir 70 años?
—Dicen que cada década es un umbral difícil de cruzar, pero no me siento diferente ni asustada. El cumpleaños más difícil fue en 1992, cuando cumplí 50 años, pero no por la edad, sino porque fue el año que mi hija Paula estuvo enferma y murió.
—¿Podría compartirnos cómo lo celebrará?
—Hace unos días hubo una cena organizada por mi hijo Nicolás, con asistencia de mi pequeña tribu californiana, 24 personas en total, en el edificio del ferry en San Francisco, donde se ven las focas en el agua y los maravillosos puentes de la bahía.
—¿Qué regalos espera?
—¡Nada! No me gusta recibir regalos, prefiero regalar.
—Cuando cumplió 50 dijo que aún sentía la energía de los 20… ¿Que la mantiene enérgica a los 70?
—Estoy enamorada, sana y sigo escribiendo, eso me mantiene entusiasmada por la vida. No hago dieta ni ejercicio, tomo vino, como chocolate y todavía hago el amor.
—Lleva muy bien sus años, se le ve guapa y fuerte, ¿que piensa al mirarse al espejo?
—Soy fotogénica, por eso te parece que me veo bien, si alguien me viera en persona se llevaría un chasco. Los años se notan de la cabeza a los pies, sobre todo los pies, que ya no soportan los tacones altos que me vendrían muy bien (mido solo 1.50 metros). En siete décadas he llegado a conocer mi cuerpo y sé lo que me queda bien, cómo maquillarme y peinarme, los colores más asentadores, cómo disimular las partes que no me gustan y resaltar las que están un poco mejor. Cuando me miro al espejo pienso que soy el resultado de disciplina.
—Tras el éxito de “Paula” y “La suma de los días”, ¿se atrevería a contar lo que ha pasado en su familia desde entonces?
—Dudo que vuelva a escribir una memoria, salvo que fuera solamente sobre Willie, mi marido, y yo. No quisiera incluir al resto de mi tribu, porque me doy cuenta de que una memoria tiene el peligro de que fija a la gente, como en una fotografía. Por ejemplo, en “La suma de los días” mis nietos se quedaron pegados en la infancia y resulta que ahora ya son adultos que van a la universidad. Ernesto llevará siempre el título de viudo de Paula, aunque está felizmente casado con una mujer estupenda y tiene dos mellizas preciosas, etcétera.
—Después de mostrarle al mundo sus intimidades, ¿se arrepiente de haber contado algo?
—No, porque hasta ahora ninguna de las personas que salen en mis memorias se han quejado.
—El 6 de diciembre se cumplen 20 años de la muerte de su hija Paula, ¿piensa en algo especial para honrar su memoria en esta fecha redonda?
—Paula es mi compañera. No pasa un día sin que la sienta a mi lado, hay fotos de ella por todas partes en mi casa y en mi oficina, sueño con ella. La recuerdo como era a los 28 años, pero sé que ahora tendría cuarenta y nueve, tendría canas y arrugas en los ojos. Todos los años, para el aniversario de su muerte, voy al bosque donde echamos sus cenizas. Es un día de naturaleza y meditación. No es un día triste, porque creo que la muerte fue una liberación para mi hija, estaba atrapada en un cuerpo inerte.
—Después de una larga lista de éxitos editoriales, ¿cuál es su libro consentido y por qué?
—El libro que más respuesta ha tenido de mis lectores es Paula. La gente joven se identifica con mi hija, los mayores se identifican conmigo. Todo el mundo tiene pérdidas y dolores. Todavía, tantos años más tarde, recibo cartas casi a diario de lectores que están leyendo o han leído “Paula” en alguna parte del mundo.
—Este año también se cumple el 30 aniversario de la publicación de La casa de los espíritus…
—La verdad es que no me acordaba de ese aniversario. No creo que lo celebre, pero siento mucho agradecimiento por ese libro, que pavimentó el camino para todos los que vinieron después. Fue una novela afortunada.
—¿Cómo ve ese libro a la distancia?
—No he vuelto a leerlo, pero recuerdo que lo escribí con inocencia, ignorancia y una inmensa libertad. No tenía idea de lo que estaba haciendo, no esperaba que se publicara, lo escribí por darme un tremendo gusto y sacarme de adentro todas las nostalgias del exilio. ¡Cómo quisiera recuperar es ímpetu atrevido! No he vuelto a escribir así, los libros que siguieron me costaron mucho más.
—Haciendo un ejercicio de memoria, ¿podría compartir alguna anécdota relacionada con La casa de los espíritus, que escribió en Caracas?
—Escribí en una máquina portátil muy antigua, corregía con un líquido blanco llamado typex, cortaba párrafos con tijeras, los movía de un lado a otro y los pegaba con scotch. Hoy todo eso se hace apretando una tecla en la computadora. Escribía de noche, en la cocina, y al final del año tenía 500 páginas manchadas de sopa y café, algunas tan tiesas de typex y scotch que caminaban solas.
—Ha dicho que ese libro le salvó la vida…
—Antes de escribir “La casa de los espíritus” mi vida no tenía dirección, me sentía fracasada, perdida, los años se escurrían sin haber hecho nada importante, fuera de dar a luz a mis dos hijos. La novela me dio una voz y un propósito, me convirtió en escritora, me permitió recuperar todo lo perdido, los amores, los recuerdos, los muertos y desaparecidos.
—En este año de aniversarios, también se cumplen 25 años de su matrimonio con Willie Gordon. ¿Cómo mantiene vivo el amor?
—Willie es un tipo estupendo, hay que decirlo. Creo que me saqué la lotería con él, porque ningún hombre en su sano juicio aguantaría a una mujer como yo. Vivo metida en el mundo imaginario de mis novelas, tengo una vida demasiado pública, acaparo la atención y no dejo oxígeno para él. Pero a Willie nada de eso lo afecta, él tiene su propio espacio, sus libros, sus amigos, su vida. Somos muy independientes, pero estamos siempre juntos. Nos respetamos y admiramos mutuamente, nos reímos juntos, nos gustan las mismas películas, votamos por Obama, queremos al mismo perro, dormimos abrazados. Todo eso mantiene vivo el amor. Celebramos a cada rato el milagro de habernos encontrado y de querernos, no necesitamos hacerlo en una fecha determinada.
—¿Qué cree que es lo más importante que ha aprendido de su vida junto a Willie?
—He aprendido a quererme a mí misma, porque puedo verme con los ojos de Willie. He aprendido que no estoy sola, no tengo que hacerme cargo de todo, cuento con su ayuda, puedo relajarme porque él me cubre las espaldas, tal como se las cuido yo a él. He aprendido que se pueden resolver casi todos problemas de una pareja si hay buena voluntad y se cuenta con un buen psicólogo (la terapia nos ha salvado en más de una ocasión). He aprendido a cuidar el amor y la pasión.
—A sus 70 años, ¿cómo está su imaginación y el ritmo y disciplina que suele tener para escribir?
—La imaginación no me falla, pero ya no puedo estar sentada escribiendo por 10 horas. El ritmo de trabajo ha disminuido, me demoro más en los libros.
—¿Y la inspiración sigue inagotable?
—Siempre hay historias para contar, andan flotando en el aire como fantasmas.
—¿Qué retos enfrenta en esta etapa de su vida al momento de escribir?
—Primero, el dolor de espalda cuando paso muchas horas inmóvil. Segundo, las presiones externas que me distraen de la escritura (como esta entrevista…) Tercero, la pregunta de por qué sigo trabajando ¿no será tiempo de descansar? Debo resistir las ganas de echarme en el jardín con mi perra y mandar al diablo la escritura.
—¿Cuándo tendremos un nuevo libro suyo en las manos y de qué trataría su nueva novela?
—Estoy escribiendo una novela por afán de divertirme, nada trascendental, veremos qué irá a resultar. Espero que se publique en 2013. Entretanto, algunos de mis editores van a publicar para mi cumpleaños una antología de las escenas de amor de mis libros. Debo terminar el libro que estoy escribiendo antes de planear el próximo. Por el momento no tengo nada en mente para el próximo 8 de enero.
—¿Qué puede decirle a sus lectores de todo el mundo, que estarán celebrando con usted su 70 cumpleaños?
—¡Gracias, gracias, muchas veces muchas gracias! Sin ustedes, que me han acompañado fielmente, ¿qué sería de mí?
—Desde Venezuela, el país que ha dicho la convirtió en escritora, le deseamos un feliz cumpleaños, salud y larga vida…
—Me siento muy agradecida de todo lo que Venezuela me dio. Allí encontré refugio después del golpe militar de Chile en 1973, allí tuve amigos y trabajo, allí crecieron mis hijos, escribí mis tres primeros libros y aprendí mucho. Gracias.