No saben hacer política los que creen que practicar esta actividad es especular con realidades que no corresponden a nuestra idiosincrasia, quienes no enraízan sus ideas, quienes no enraízan su práctica política en la realidad del pueblo de México.
Cada vez ha sido menos clara la diferencia entre el fanatismo manipulador con que la derecha suele tratar de imponer sus creencias morales al resto de la sociedad y el fundamentalismo de grupos que se dicen de izquierda ello desprendido de la actitud de intolerancia ante diagnósticos y concepciones que no se ajustan a lo que desea el presidente legitimo, (próximamente interino) la denuncia de fraude nunca comprobado, la sustitución del dato por la propaganda y de los hechos por las conjeturas, han convertido a esta corriente y grupos, en cofradías que defienden sus muy particulares intereses y se encuentran con tal conducta muy lejos de ser una izquierda respetable.
La política necesita prudencia, congruencia e inteligencia, necesita menos resentimiento y más entendimiento.
Nunca la frivolidad, la injuria ni la superficialidad en las ideas sociales que se mantengan, lograra transformar con sentido positivo nuestra realidad, al contrario una acción superficial solo puede provocar reacciones opuestas a los intereses de las mejores ideas a favor del pueblo, los perredistas de hoy no lo entienden así le siguen apostando al conflicto cuando no ganan las urnas, han transformado ese partido en una organización reñida con la democracia, encabezando gobiernos que no reivindican si no que usufultuan el interés de los mexicanos mas desventurados como en el caso de nuestro estado, medrando con banderas de presunta social democracia pero con recursos de la política más primitiva que nunca se les ha olvidado de sus orígenes del antiguo PRI, y que hoy como hijos mal agradecidos vituperan pero que no pueden olvidar.
Hoy es tiempo de confiar en la prudencia política para ampliar y fortalecer los alcances de la democracia y situarla como base de una cultura de pluralismo y aceptación del otro. Tal y como decía, OCTAVIO PAZ, “a la democracia no hay que echarle alas, hay que echarle raíces.” Y no como lo hacen los perdedores del proceso resiente.
La falta de prudencia y seriedad hace que la actitud política sea soberbia para que al final la inconsciencia pejizta haga lo que no conviene y siga diciendo lo que no es verdad.
ANIBAL SORIA
























