Prácticamente desde su nacimiento al Partido de la Revolución Democrática se le ha asociado con la violencia, justa o injusta, pero violencia al fin. Partido inventado por un grupo de priístas cuando al final del gris sexenio de Miguel de la Madrid intentaron imponer nuevas reglas para la elección de candidato a la presidencia; al no lograrlo, decidieron actuar por fuera del PRI presentando la candidatura del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas en las elecciones presidenciales de 1988, utilizando al desprestigiado Partido Autentico de la Revolución Mexicana, PARM, y apoyándose en un grupo de partidos pequeños que integraron el “Frente Democrático Nacional”. Como tal fueron a la elección pero esta resulto ser una de las más sucias de la historia de México, con la famosa “caída del sistema”, orquestada por el entonces calificado por la “izquierda” como “tenebroso” Secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, personaje ahora, ironías de la vida, ya está limpio de toda culpa pues ha sido bendecido por AMLO.
El PRD desde su inicio se enfrentó a la ira de Salinas que nunca pudo digerir el trauma electoral del 88. El partido sufrió un fuerte hostigamiento y ellos afirman haber perdido cuando menos 400 militantes por asesinato o desaparición, tan solo en el sexenio de Salinas.
El PRD obviamente padece las enfermedades propias de la izquierda; sectarismo e intolerancia; y pronto entró en una desgastante lucha interna que sigue hasta la fecha. El fenómeno se puede entender mejor si recordamos que los cuadros de expriístas ingresaron al PRD con todos los vicios de su antiguo partido; formación de camarillas y grupos, dedicados fundamentalmente a golpearse entre si, no a trabajar por el bien del partido.
Sobre todo en épocas electorales el PRD ha servido de refugio a priístas que en su momento no logran la nominación por el PRI, pero que días después los acoge el PRD, con lo cual se purifican de todo pecado. Ejemplos evidentes son Ricardo Monreal, ex gobernador de Zacatecas, Leonel Cota, ex de Baja California. En el mismo saco podemos meter a Marcelo Ebrard, Manuel Camacho, Socorro Díaz, Arturo Nuñez, Alfonso Durazo y un muy largo etcétera que incluye a la indefendible Irma Serrano, alias “La Tigresa” que para vergüenza eterna fue senadora por el PRD. El colmo de la incongruencia fue el ingreso del Sr. Guadarrama Márquez; priísta “ultra” en su momento, y operador en Michoacán en la época en que Colosio era el presidente del PRI nacional.
Este pragmatismo es bastante discutible, pero lo más grave en el PRD no es eso, sino que sirvió y sirve hasta la fecha, como refugio de elementos conflictivos, resentidos sociales, proclives a la violencia, ayunos de la más elemental cultura política, procedentes de espectrales agrupaciones de “luchadores sociales” que otros mas bien identifican como grupos de choque y promotores de la violencia, como son las agrupaciones de taxis piratas, los “panteras”, los “Francisco Villa” y otros de similar o peor calaña como los macheteros de Atenco. Actualmente, al parecer sin mucho trabajo, manipulan a su antojo a esa candorosa estructura denominada “yo soy 134” (o 135 o algo así). En Michoacán y otros estados se nutren de esa violenta organización que es la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, mas conocidos como “Los maistros democráticos”, impresentable agrupación que tiene por los suelos a la educación en el estado. También ha cobijado a los grupos más radicales de algunos sindicatos, como los de Luz y Fuerza, UNAM, y otros de menor tamaño pero similar beligerancia.
Siguiendo la tónica de este partido, en el 2006 el señor López Obrador, en unos cuantos meses de discurso agresivo, perdió toda la ventaja, mas de 10 puntos, que había logrado construir en 5 años de precampaña. Su famoso “Cállese chachalaca” dirigido al Presidente Fox le ganó muchos aplausos en sus mítines, pero le costo millones de votos.
En el 2012 López intentó una imposible metamorfosis presentándose como candidato “amoroso”, disfraz que duró escasas semanas para, al final, mostrarse como siempre ha sido; intolerante, autoritario, majadero y de escasas luces intelectuales.
El problema actual para el PRD es que muchos de sus integrantes viven aún secuestrados por el temor a este aprendiz de caudillo, personaje que, si bien ya no igual que en el 2006, aún cuenta con el apoyo de un importante grupo de fanáticos que todo le creen. Aparte aprovecha muy bien a su favor el ruido mediático que genera el grupo de “iluminados” del movimiento 132 (o 133), para intentar impedir lo que ellos llaman “imposición” de Peña Nieto.
No se les desea suerte en sus desatinados proyectos.
























