carlos

Volteo al pasado y veo con nostalgia a mi bella ciudad que se nos escapa de las manos. En Acapulco, a pesar de los problemas comunes, la mayoría éramos personas de bien. Nos pudrió la ambición, la prepotencia, la corrupción y la falta de valores.

No se trata de juzgar quién o qué hicieron que nos encontremos en este abismo. Ya hemos analizado bastante las causas, ya nos hemos amargado bastante la vida. Muchos muertos y desaparecidos después, nos toca mirar hacia el futuro, encontrar soluciones, aunque no pueda proponer ninguna de corto plazo, desafortunadamente.

Con anterioridad he escrito artículos culpando a otros –a los que vinieron de otras latitudes a poblar Acapulco, a la corrupción, a la ceguera e indolencia de los malos gobiernos y a la apatía de la sociedad en su conjunto-, así como también he reconocido la parte de culpa personal que me corresponde.

En la violencia que he descrito, que ha acarreado consigo que no tengamos el turismo que tuvimos, que haya menos dinero, menos trabajo, que nuestros inmuebles pierdan valor en el mercado, que nuestro patrimonio se encuentre en riesgo ante las constantes extorsiones, los secuestros y los frecuentes asaltos, la violencia tiene que llegar a un punto final. Si tomamos en cuenta la teoría de los ciclos, estaríamos en el último de ellos, en que de la tensa situación actual tendría que seguir la calma, la paz tan esperada.

Muchos se han beneficiado de la violencia, obteniendo dinero fácil, lavando el capital del crimen organizado y disfrutando de los lujos que trae consigo el dinero ensangrentado. Tampoco los juzgo, pero a ellos también les llegará la hora de que se les acabe el negocio. Lo malo no dura para siempre, la historia nos lo ha enseñado una y otra vez.

Acapulco se ha convertido en la ciudad más violenta del país, y en una de las más violentas del mundo, según lo ha reconocido el propio Gobierno Federal encabezado por Calderón. Sabemos que los operativos policíacos no han podido contener la violencia, ni tampoco la ola de crímenes relacionados con el crimen organizado.

Los operativos, como es el caso del “Guerrero Seguro” no han podido frenar la delincuencia, cuyos actos continúan a la alza y no a la baja como es el objetivo de las autoridades, que algo deben estar haciendo mal en su estrategia para obtener dichos resultados negativos.

También, entre la población se tiene la creencia que muchos están aprovechando la coyuntura del caos de inseguridad en el que se vive, y ante la falta de investigación de los hechos, para cobrarse viejas deudas personales o familiares, que han sido saldadas con la muerte de sus rivales o enemigos.

Todos los días hechos terribles llenan las páginas de los diarios y portales de internet que informan a la ciudadanía acapulqueña. Las fotos de hombres y mujeres ensangrentadas, decapitadas, desmembrados, entambados, y un largo etcétera de imágenes que podrían parecer de la más terrible guerra en África liderada por algún sanguinario dictador. Pero no… es México, nuestro país.

En enero de este año, un estudio un estudio del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal ubicó a Acapulco como la quinta ciudad más violenta del mundo, detrás de San Pedro Sula (Honduras), Ciudad Juárez (México) y Maceió (Acapulco). Hoy, según las propias declaraciones de las autoridades, Acapulco sería la ciudad más violenta del país, algo así como la segunda más violenta del mundo si hacemos elementales cálculos.

En Acapulco, las muertes violentas pasaron de 174 a 795 en un año, la ciudad mexicana donde más aumentó, con una tasa de 128 homicidios por cada 100,000 habitantes. Un promedio de 15 muertes diarias relacionadas con el crimen organizado.

Todos estos números a pesar de la inversión millonaria anunciada por el Secretario de Gobernación, Alejandro Poiré, para Guerrero. El año pasado el gobierno federal destinó más de 400 millones de pesos para el rubro de seguridad pública del estado, y para este año el presupuesto será similar. Además, el presidente Felipe Calderón junto con las autoridades de Guerrero destinaron 300 millones de pesos para la instalación de 600 cámaras de vigilancia en Acapulco.

La violencia en Acapulco no se detiene por nada, y aunque en ocasiones se convierta en un verdadero búnker tras la visita de funcionarios importantes o del mismo Presidente de la República, horas antes o en el mismo momento de la estancia de los mismos, los delincuentes ejecutan sus actos criminales sin temor a ser capturados y a plena luz del día.

Antier mataron a un hombre en el centro comercial más importante y mejor ubicado de la ciudad –Galerías Diana-, ayer ejecutaron a otro hombre en una popular cafetería internacional –Starbucks ubicada en plena Av. Costera-, hace una semana ejecutaron a una familia completa, incluyendo a una anciana, dos niños de 3 y 2 años de edad y a dos mujeres embarazadas, hace un mes se supo de un secuestro de una mujer embarazada que fue rescatada en una cajuela.

Nos hemos enterado de vecinos, de gente pobre, de gente cercana, de familiares, de todos. Todos en esta ciudad tenemos una experiencia personal y fidedigna que contar respecto a la violencia, y no estoy exagerando. Estoy seguro que los acapulqueños queremos salir de este hoyo negro para ver de nuevo una luz de esperanza. Historias terribles, escalofriantes de todos los días, ¿cuándo vamos a dejar de contarlas?

Publicado en la Revista Gurú Político (http://www.gurupolitico.com)  y reproducido con la autorización de su Director.

Politólogo con estudios en el Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey. Consultor Político. Consejero Ciudadano del Observatorio Mexicano de la Homofobia (OMHO). Ha publicado en diversos medios nacionales, cómo Excélsior, y portales en línea. Correo: [email protected] Twitter: @GuruPolitico Facebook: GuruPolitico