El presente artículo fue escrito hace ya diez años. Uno pensaría que en una sociedad que evoluciona, un lapso de diez años es suficiente para que un problema universitario, como el que se describe, estuviera resuelto, así fuera parcialmente. Pero no, nada, pues como sabiamente dijo Lord Audi “Agarra la onda wey, estamos en México”.
Aclaro; al momento de transcribir este artículo las instalaciones de la Universidad Michoacana continúan tomadas, ignoro si las autoridades universitarias ya se doblaron o están por hacerlo.
“Como cada año, por estas fechas en la Universidad Michoacana se reproducen las tomas y el secuestro de instalaciones por parte de una beligerante y agresiva estructura pseudoestudiantil de turbio origen y sospechoso financiamiento, la calamitosa CUL. ¿El motivo? , el de siempre, permitir el ingreso, no de rechazados, sino de reprobados; un numeroso grupo de incompetentes, mediocres, fósiles y asnos. Como cada año las “autoridades” universitarias juegan a que tienen capacidad y valor para enfrentar a estos vándalos y como cada año terminan por arrodillarse y quedar en ridículo ante la opinión de los observadores.
¿Cuál es razón del miedo de estas apocadas “autoridades” universitarias, del Rector para abajo, para no exhibir, con todas sus letras, a quienes protegen a la CUL y aceptar esa humillación, año con año? ¿El sueldo?, puede ser, por dinero se llega a vender la dignidad. ¿Son acaso parte de un juego perverso de poderes? Puede ser, cuestión de analizar la evolución de cada grupo. ¿Afán de seguir en el presupuesto por incapacidad para sobrevivir en forma autónoma? También puede ser, una gran parte de ellos son verdaderas nulidades profesionales incapaces de sobrevivir en el medio privado. ¿Deseo de conservar una pequeña parcela de poder para extorsionar con dinero o sexo a alumnos, alumnas o suplentes de buscan trabajar? Muy probablemente.
El resultado final es el mismo, una Universidad que no sale de la medianía académica, lastrada por una buena cantidad de maestros señalados por muchos como ignorantes, incompetentes y deshonestos.
Ciertamente existen en la Universidad Michoacana buenos elementos, excelentes y dedicados maestros, varios de ellos altamente calificados, con un elevado nivel académico, comprometidos con sus alumnos y que se duelen de la tragedia que se abate sobre la Universidad desde hace años. Lamentablemente son minoría y por si solos no logran revertir la negativa influencia de los mediocres personajes incrustados en puestos administrativos y sindicales.
¿Y las autoridades estatales y federales, esas encargadas de otorgar los dineros con que funciona la Universidad? Esas no hacen ni harán nada. Lo que les interesa en mantener grupos de poder y de choque incrustados en la Universidad para beneficio personal.
Mueve a risa ver que ante la notoria mediocridad de una buena parte de los egresados de la Universidad, algunos parásitos de la misma solo atinan a refugiarse en la añoranza de un pasado que ya no existe, en una grandeza que solo es recuerdo y no quieren ni pueden aceptar que la realidad es otra y que ya nada sobra de la antigua importancia académica que alguna vez llegó a tener la Universidad. Estos patéticos maestros se concretan a repetir como mantra que están en el “Alma mater de Hidalgo, Morelos y Ocampo”, como si eso sirviera para remediar su pobre calidad. Me recuerdan la lapidaria frase de José Ingenieros “Los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen; los hombres geniales y pueblos fuertes solo necesitan saber a dónde van”
¿Culpables? No hay que buscarlos lejos, están en casa, en el Gobierno del Estado, en la propia Universidad, en sus autoridades, sus maestros y en sus laxos criterios académicos y administrativos y en su falta de capacidad para cumplir los reglamentos”.
Nada ha cambiado.
Alejandro Vázquez Cárdenas

























