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Me atrevo a asegurar, por lo obvio del caso, que la mayoría de los mexicanos consideramos sumamente grave la situación por la que atraviesa nuestro país, no solamente en el aspecto económico, sino debido a la guerra en la que nos encontramos y que, aún siendo una guerra no declarada y tardíamente reconocida por Felipe, el Instituto Nacional de Geografía y Estadística da a conocer que en la actual administración federal han ocurrido cerca de120 mil asesinatos por este conflicto armado, no declarado, en contra del crimen organizado.

Los datos del INEGI dieron la vuelta al mundo, pues en ningún país del Orbe, que se sepa, se han presentado tantas muertes internas por este concepto (ni siquiera en la llamada Guerra del Opio provocada por los intereses económicos de Francia e Inglaterra y que invadieron China en los años de 1860) como las que se han provocadpo en nuestro país a causa de una lamentable y errática decisión tomada por Felipe de Jesús, justamente once días después de haber entrado por la puerta de atrás para ser investido como titular del Poder Ejecutivo Federal. ¡Con certeza afirmo que esta carga la llevará sobre sus espaldas hasta el último día de su existencia!

¡Vaya!, ni siquiera en países en guerra o invadidos por los Espantados Unidos, como es el caso de Irak, que fue bombardeado injustificadamente tomando sólo como pretexto la destrucción de las torres gemelas de New York, por un comando árabe, ajeno al país invadido, que pirateo dos aviones de línea comercial con los que destruyó el 11 de septiembre de 2001 las torres, causando varios miles de muertes. La razón sustancial de ese descarado asalto a Irak fue para tener el control del potencial petrolífero que tiene ese país oriental.

Llama la atención internacional los miles de muertos mexicanos, de tal manera que es significativo, y lamentable para México, lo que el periódico Le Monde señala en su diario del día 24 del presente mes: “Esta verdadera hecatombe (los 120 mil muertos) constituye por lejos, el conflicto más mortífero del planeta durante los últimos años. Tanto más porque las cifras oficiales que acaban de publicarse revelan de manera implacable la gangrena que ha ganado el país”

Cabe recordar que si bien antes de la llegada de Felipe a la Presidencia ya existían los carteles de las drogas, su estrategia de comercio pasaba por el disimulo de las propias autoridades encargadas de su combate y sin que se alterara gravemente el orden social como se sucede en la actualidad. Por eso no se entiende que una de las primeras medidas tomadas por el michoacano en su papel de ejecutivo, fuera el de estimular a las fuerzas armadas y policíacas con incrementos salariales y, supongo que por su calidad de “ilegítimo que ha arrastrado”, buscaba dar un golpe de suerte en contra de las organizaciones que operaban en Michoacán, con tan pobres resultados que ahora observamos y lamentamos su gran fracaso. Con esa incipiente actitud que mantiene hasta la fecha, privilegió la fuerza de las armas, los actos teatrales, dejando a un lado lo más importante: el uso de la inteligencia, la estrategia, el plan concebido. Sus propios “genízaros” declaraban que tenían orden de matar no de investigar ni atrapar. Finalmente el resultado es lamentable: casi seis años y casi 120 mil muertos que no los han tenido ni en los países actualmente en conflictos internos armados.

Cuando no se conoce la historia, se repiten los errores. Desde el siglo XIX se tienen datos estadísticos que nos indican “sobre las plantaciones de marihuana y amapola en Sinaloa, clasificadas como textiles u oleaginosas, no como medicinales y de origen extraño (Luis Astorga, historiador y analista)”. Por causas de las drogas, en 1944 es asesinado en Sinaloa el coronel del ejército y gobernador de ese Estado, Rodolfo Tirado Loaiza por un gatillero mandado por el general Pablo Macías Valenzuela, mismo que era mencionado “por mucha gente” como el jefe de los narcotraficantes (periodista Armando Rivas. dixit. 1947).

Para los años de 1926, en Mazatlán ya había al menos un fumadero de opio. Para los años de 1950, se buscaba mandar la droga hacía los Espantados Unidos, pues había cultivos intensivos en el denominado Triángulo del Oro, formado por los estados de Sinaloa, Durango y chihuahua.

Y no terminaríamos de escribir pues hay mucho más información de los años siguientes que indican de las relaciones de altos funcionarios con los productores de drogas y entre ellos, se destacó el Negro Durazo y varios generales, funcionarios y legisladores.

Son muchos, pues, los muertos… ¡y habrá más, en los muchos y largos días (casi cien) que faltan para que termine este laa…rgo sexenio!.