“Policías ejecutan a 22 civiles”; “Policías abaten a 22 integrantes de un cártel del narcotráfico”. La noticia es, en esencia, veraz usando cualquiera de las dos maneras de exponerla. Pero el impacto en el lector es muy diferente. En el primer caso no se mencionan más datos que “civiles”, que pueden ser inocentes o culpables, o quién sabe. En el segundo caso se avisa que los muertos pertenecen a un grupo criminal, lo cual remite al lector a las actividades de los narcotraficantes; extorsión, secuestros, asesinatos, decapitaciones, desmembrados, colgados, ejecutados a las puertas de su casa etc.  Se concluye; la noticia puede ser la misma, pero la manera de presentarla la hace ver diferente.

¿Quien o quienes son los responsables de manejar la forma en que las noticias son presentadas?, los dueños. El medio noticioso, sea periódico, revista, portal de internet, televisión abierta o por cable es un negocio y por lo tanto debe dar dinero; su función primaria, a fin de cuentas (aunque no lo digan abiertamente) no es sacar al público de su ignorancia; están para ganar dinero. Los dueños saben cómo “vender” su producto. Para eso trabajan.  ¿Qué la objetividad se deteriora? Ni modo. ¿Qué la verdad se matiza? Ni modo.  Hasta ahí nada novedoso.

El problema se da cuando ese medio noticioso no tan solo sesga las noticias, sino que omite parte de la misma, dice medias verdades o de plano inventa, o sea, miente, con tal de servir a sus patrocinadores y complacer a sus fieles lectores. ¿Esto es raro? No, nada, al contrario, es extremadamente frecuente, lo podemos ver en el llamado “periódico objetivo” y en un semanario especializado en periodismo faccioso y carroñero.

En estos días escuchamos el informe de la CNDH sobre el incidente en Tanhuato Michoacán donde un grupo de policías federales abatieron a integrantes del violento Cartel Jalisco Nueva Generación. La CNDH, estructura que no goza precisamente de mucha credibilidad y que para muchos solo ha servido para defender criminales, nos dice que eso fue casi una ejecución de indefensas personas. Los policías, en el  Rancho del Sol,  Tanhuato, “llegaron sigilosamente” critica la CNDH; caray, no imagino que en un operativo así la policía debería llegar con trompetas y tambores tocando la Marcha Zacatecas.

Nos machacan que hubo en total 42 muertos entre los integrantes del CJNG, pero omiten mencionar  el evento que motivó ese operativo; estos criminales eran buscados por asesinar, entre  otros,  a 9 personas, entre policías, militares y un civil al abatir un helicóptero de la policía. Imagino que la CNDH no está para eso. Ni le interesa.

La imagen de la CNDH en México no es precisamente de lo mejor, se le considera una estructura que se preocupa más por defender presuntos criminales y no a las víctimas. Por cierto, es una de las más caras del mundo, con un presupuesto superior a los mil quinientos millones de pesos por año, mismo que en su mayoría se utiliza no para investigar, sino en sueldos, carros y viáticos. Los sueldos de los principales “jefes” superan con mucho los 150,000 mensuales.

La CNDH, carga el lastre de la defensa de varios secuestradores confesos y es vergonzosa su posición en el caso de Gonzalo Miguel Rivas,  empleado de la gasolinera en la autopista del Sol que murió al intentar apagar una bomba despachadora de gasolina incendiada por los “normalistas” Ayotzinapos. El reporte de la CNDH es un verdadero ejercicio de una hipocresía institucional que protege a asesinos; el Sr. Raúl Plasencia, madamas en esa época de la CNDH, nunca pregunto  sobre la identidad de quienes incendiaron la gasolinera y asesinaron a Gonzalo Rivas y jamás cuestiono o investigo por qué los normalistas los encubrían.

El reporte de la CDNH sobre este incidente es para dar grima. De acuerdo a la CNDH, se puede inferir que el fuego en una de las bombas casi casi se inició por generación espontánea, que nadie lo causo,  y la muerte de Gonzalo Rivas fue simplemente  un  hecho casual que no vale la pena investigar.

Estamos jodidos con esa  CNDH