opinion

En el mes de abril del año 2010, escribí un artículo denominado “a donde iremos a parar” en alusión al lamentable deceso de un profesionista connotado de nuestra ciudad capital, ahí animaba a la denuncia por parte de la ciudadanía afectada por sucesos delictivos que hubiesen sufrido en su perjuicio, sin embargo no hay fecha que no se cumpla y cuando la afectación recae en uno mismo, resulta que ante el contexto en el que hoy vivimos, que no era muy diferente en ese año, no denunciamos por el temor patente de no saber en quién confiar.

La falta de protección de datos personales en manos de entidades públicas como lo son las agencias del ministerio público, incide en la falta de la denuncia, es triste verse a uno mismo retirarse de su ideal de pensamiento, por proteger a nuestra familia, a esto le apuesta la delincuencia, ya que las represalias pueden venir en cascada. Hoy me tocó a mí, y mañana a usted, necesitamos corporaciones que verdaderamente brinden seguridad efectiva a los gobernados para que puedan denunciar, pero también se debe terminar el burocratismo para poder actuar, el denunciar  vía telefónica no una vez, sino tres veces la intromisión de un sujeto en nuestra casa habitación y que nunca llegue los elementos policiales es frustrante, incluso ello permitiría a uno penar en la colusión entre algunos elementos del orden y otros de la delincuencia.

Una vez presentada la denuncia, el gobernado denunciante esperaría que las autoridades ministeriales llegarán hasta las últimas consecuencias, sin embargo la realidad es otra, probar de manera adecuada la propiedad de los bienes sustraídos, llevar testigos o presuntos responsables, generar animadversión con vecinos al señalarlos para que se presenten a declarar, permite entonces que más personas aún se den cuenta de lo vulnerable que uno puede ser, entonces ese lema utilizado en sus declaraciones por parte de las autoridades de “llegar hasta sus últimas consecuencias” es propiamente sinónimo de verdaderamente no hacer ningún trabajo de investigación.

¿Ejemplos? Tenemos varios, la destrucción de una escuela primaria en el municipio de Turicato por un grupo de particulares, en ese mismo municipio el impedir la instrucción escolar básica a pobladores de la comunidad religiosa denominada “La Nueva Jerusalén”, la intromisión de elementos policiales estatales y federales a albergues estudiantiles sin mandato constitucional, sin que a la fecha exista una recomendación por parte de la Comisión Nacional de derechos Humanos, la quema de vehículos a empresas por parte de la delincuencia organizada, la emboscada a los elementos federales en días pasados en tierra caliente, la intromisión de agentes de la Agencia Federal de Inteligencia estadounidense, la CIA en territorio mexicano, etc.

La declaración ante todos los hechos anteriores siempre ha sido: llegaremos hasta las últimas consecuencias; palabras huecas que me recuerdan cuando el Estado crea las fiscalías especiales para investigar determinados casos de los que verdaderamente no se desea se esclarezcan.

Hoy más que nunca estamos indefensos, ¿irnos a vivir a otro país?, ¿a dónde?, hoy tengo una respuesta a mi pregunta que me formulaba en abril de 2010, el destino nos ha rebasado, bienvenidos.