alejandro

Periódicos hay muchos,  buenos periódicos, hay pocos; y hablando de periodismo recordemos qué es y para que sirve eso que se llama “Editorial” en periodismo.  Repasemos; el editorial es un artículo que no va firmado por ninguna persona, pero que recoge la opinión institucional de ese periódico o revista y refleja la posición ideológica de ese medio; puede versar sobre diversos asuntos, bien sea políticos, económicos, sociales;  puede ser  polémico o totalmente inocuo, según  la orientación y ánimo del periódico.

   El  editorial tiene  libertad expresiva pero sin abandonar la precisión. El estilo suele ser grave y digno, acorde con la importancia del tema tratado. Nunca se utiliza el yo personal del periodista que lo escribe ya que expresa la opinión colectiva del periódico.

 Un “artículo de opinión” es otra cosa. En este tipo de artículos se emiten opiniones concretas sobre un tema. A diferencia del editorial, el artículo va firmado y representa la opinión particular de su autor. En ocasiones, incluso esta opinión puede disentir manifiestamente de la postura ideológica del periódico. El artículo de opinión está indisolublemente ligado al autor, por lo tanto su credibilidad depende del prestigio y autoridad que tenga entre los  lectores.

  Finalmente las columnas,  estas son espacios reservados por los periódicos y revistas a escritores de prestigio y que se publican con una periodicidad regular. La libertad expresiva en estos casos se supone que es total con la sola limitación del número de palabras que establezca el periódico.

 En México, durante muchos años, los editoriales de los grandes periódicos nacionales eran absolutamente inocuos y con una similitud tal que pareciera que los dictaba alguna dependencia de la entonces poderosísima Secretaria de Gobernación.  Esta sumisión se daba por un autentico sentido de conservación, tanto del trabajo como de la propia vida.

Las cosas han cambiado bastante desde la época dorada del presidencialismo casi omnipotente. Ya en el sexenio de Zedillo la libertad para escribir casi de lo que fuera era evidente. Lo impensable en los 50s y 60s se volvió lo común  desde los 90s, al grado que tanto las caricaturas y los chistes a costa de Zedillo, Fox y Calderón se volvieron habituales, igual las caricaturares donde lo que se busca no es informar sino  ridiculizar al adversario, llegando incluso al  insulto personal.

   En México prácticamente todos los medios periodísticos son privados  y por lo tanto su principal fin es hacer dinero.  Obviamente para lograrlo se alinean con los mercados a los que van dirigidos; una vez definidos los mercados, algunos medios, junto con sus editorialistas, columnistas y reporteros,  se dedican a “fabricar”  lo que el lector desea leer.

 En México existen varios medios de comunicación que hacen un gran negocio enfocándose al sector de los izquierdistas, esos dinosaurios sobrevivientes de un mundo bipolar, que por sus anteojeras ideológicas no se han enterado que el marxismo-leninismo se encuentra desde hace años en el basurero de la historia.   Obviamente quienes trabajan en dichos medios tienen la necesidad de escribir  lo que desean leer esas personas, por el bien de su negocio y para mantener la lealtad de sus clientes.

 Ahora bien, ¿Qué tan confiable es el periodismo político en México?, ¿Que tan imparciales son los analistas, columnistas y periodistas de los diversos medios? ¿Cómo debe de ser un periódico que intente ser confiable?  The Times, venerable rotativo inglés, publicó un documento en el que aseguraba que “hacer un buen periódico es fácil’’; la receta para ello, según el Times, era muy simple: “Sólo hay que informar, percibir, planear, explorar, descubrir, investigar, buscar, calcular, desenredar, probar, analizar, edificar, comprobar antecedentes, buscar en las fuentes, evaluar, volver a verificar, sopesar, autentificar, sintetizar, perfilar, ponderar, apreciar, juzgar, reflexionar, testificar, avisar, explicar, desmitificar, clarificar, examinar, ilustrar, advertir, entrevistar, confirmar, corregir y finalmente publicar’’.  Nada más.

 Lamentablemente abundan en México periódicos sensacionalistas, plagados de basura tanto en sus editoriales como en sus columnas. Para empeorar el panorama tenemos otro problema, este dado por aquellos periodistas, analistas o “intelectuales”  que se suponen apartidistas, pero que en realidad son plumas al servicio de determinado partido.  Se trata obviamente de un engaño a los lectores. Por ello va una sugerencia; investiguemos que puesto desempeña el hipotético “analista”,  si este cobra en una estructura partidista o de gobierno…  cambiemos de página.