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No tengo la menor duda. La izquierda mexicana, como lo ha hecho la uruguaya y recientemente la argentina, debe reconocer su pluralidad e iniciar la construcción de una alternativa que permita presentar una propuesta electoral y de gobierno que rebase a los partidos y a los movimientos sociales. El frente permitiría aglutinar el apoyo electoral en torno a lo que representa las ideas progresistas, apoyo que regularmente crece en las elecciones presidenciales y que disminuye en las locales e intermedias ante la falta de cohesión. No se trata solamente de que los tres partidos de izquierda participen juntos en la mayoría de las elecciones (lo que sería deseable, por cierto), sino que personas en lo individual, organizaciones simpatizantes, sindicatos, líderes sociales y de opinión, etc., participen del frente para promover sus ideas y posiciones políticas, así como para participar en la competencia electoral y la toma de decisiones de gobierno. En mi opinión el frente, para ser viable y útil para la democracia mexicana, debe tener las siguientes características:

 Se trata de un frente programático no ideológico. Esa es la frase que más repiten los uruguayos y los argentinos cuando explican su frente. La idea de la figura es precisamente superar las diferencias de ideología de quienes provienen de orígenes distintos. De hecho, se trata de aminorar el equipaje de la izquierda y su eterna disputa por la razón histórica, para acordar algo más modesto: un programa común, que invite a otros a sumarse y le ofrezca al electorado certeza con respecto a lo que vota. El riesgo a evitar es que el programa sea lo suficientemente ambiguo como para que cualquier política pueda ser promovida por un gobierno del frente o demasiado específico en ciertos temas impida su eficacia en la administración. El programa tiene que ser amplio, que gane el centro de la disputa política, no uno en el que los extremos determinen la discusión y la propuesta tenga una lógica de mínimo común denominador. El programa tiene que comprometer a los políticos con la búsqueda de la igualdad, el respeto a los derechos de las personas y la ampliación de sus derechos, así como fortalecer a las instituciones democráticas.
 

Se requiere de primarias organizadas por la autoridad electoral. La designación de candidaturas no puede ser solamente producto de la negociación entre partidos, ni los propios partidos se pueden hacer cargo de la organización de primarias. Es necesario que la izquierda logre reformar la legislación para que las autoridades electorales se encarguen de los comicios para elegir candidaturas, de acuerdo a la convocatoria que establezca el frente. Los partidos y los liderazgos del frente tendrán que presentarse juntos en la mayor parte de los procesos electorales, en todos los federales, y en los locales en donde la izquierda tenga mayor presencia. En ocasiones, los miembros del frente podrán participar de manera separada, o con otras organizaciones, en elecciones locales, pero siempre tendrán que asumir, en caso de ser gobierno, la propuesta programática del frente.

 Es necesario que el frente tenga vida interna y volumen político. El frente progresista no puede ser solamente una plataforma para competir en las elecciones. Eso en buena medida ya lo tenemos. Se requiere de espacios de diálogo, de construcción de propuestas y de vínculos con la sociedad que, en general, han estado ausentes de los partidos políticos. El frente requiere pactar agendas que le importan a la sociedad en temas como transparencia, respecto a los derechos sexuales y reproductivos, competencia económica, políticas de igualdad de género, combate a la discriminación étnica, cambio climático, calidad de la educación, cobertura universal en salud, desarrollo tecnológico y otros que aseguren el avance en la igualdad y el progreso de la sociedad. El frente tiene que ser una opción política capaz de comprometerse con políticas concretas y conseguir, a cambio, el apoyo de colectivos y personalidad con incidencia en la vida nacional. Tiene que ser el espacio para que dichas organizaciones y personas participen en la vida electoral del país y formen parte de los gobiernos, parlamentos y órganos autónomos del país. El pacto de programa deberá de incluir también a fuerzas políticas de otro signo, con las cuales sea necesario pactar un gobierno de coalición que encabece, o no, los candidatos del frente. En suma, un frente amplio progresista, a la uruguaya o a la argentina, puede ser el camino para que las izquierdas, con sus diferencias, puedan ser una opción de gobierno capaz de ganar el poder y gobernar con el apoyo de la sociedad, para que esta progrese y pueda avanzar en resolver su máximo desafío: la enorme desigualdad social.
 *Vidal Llerenas (@vidallerenas), es diputado a la Asamblea del DF, Distrito V, Azcapotzalco.