No lo intentes, o llévalo hasta su fin, Ovidio.

La decisión de Andrés Manuel López Obrador de separarse de la coalición de partidos del Movimiento Progresista, no abona más que al “desmadre” de una izquierda sumida en una grave crisis de identidad, de unidad, de ideología, de rumbo y de liderazgos.

Platiqué ayer por la tarde con miembros del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), al cual impulsará López Obrador para consolidarse como un nuevo partido político, y ninguno de ellos me supo decir que pasará con la alianza de la izquierda, rumbo a la elección presidencial del 2018.


 

Y es que en el arte de la política, existe una herramienta esencial que se llama Prospectiva, disciplina que estudia el futuro desde un punto de vista social, económico, político, científico y tecnológico, para así lograr objetivos concretos y viables, en determinado plan o materia. Es decir, si no existe la prospectiva, el día de mañana llega como una avalancha, se viene como un “ahí se va, y que Dios nos agarre confesados”.

Con Morena en el escenario partidista nacional, la izquierda se fragmenta. Mientras, en el Congreso los líderes parlamentarios del PRD, PT y Movimiento Ciudadano salen desesperados a intentar aclarar que seguirán en sus partidos impulsando la agenda que tienen en común, pero que cuando se constituya Morena como partido político tomarán la decisión de irse. ¿Quién los entiende? Si tienen una agenda “común”, ¿porqué se separan?

¿Qué es el PT? Un partido que se fundó con la ayuda de Carlos Salinas de Gortari, que anteriormente se ha aliado con el PRI, y que se seguirá aliando con quién le proporcione votos y le garantice su propia supervivencia ¿Qué es el Movimiento Ciudadano? Así como se pinta hoy, no es más que una rémora colgada del mesías tropical (Krauze dixit) que no cuenta con estructura nacional para sobrevivir en solitario. ¿Qué va a hacer el Movimiento Ciudadano que vio bien la conformación de Morena en un nuevo partido? ¿Se va a deshacer e integrarse a Regeneración Nacional? Dante nunca lo permitiría.

¿Qué es el PRD? Un partido que sobrevivirá de la mano de la izquierda pragmática que encabezará Marcelo, Mancera, sus gobernadores Aguirre, Cué, Malova, Graco, y sus dirigentes municipales, estatales, nacionales, el órgano de gestión de una célula, el “buró del partido”, la alta burocracia de la izquierda, pues. Y que vivirá del recuerdo histórico y emocional de su dirigente fundador -le dicen líder moral- Cuauhtémoc Cárdenas.

¿Qué es Morena? Un movimiento nacional, con estructura propia, con presencia en los 32 estados de la República. Cuyo liderazgo único e indiscutible será Andrés Manuel, que será de nueva cuenta candidato en el 2018, por que como él mismo dijo en su discurso del domingo, “seis años son un suspiro”.

Morena es un bloque social políticamente disidente, con capacidad de movilización y de expansión territorial. El PRD es un partido que ya topó con su propia capacidad de crecimiento. Su bastión es el DF, pero no todo es de ellos, gran parte de esa joya de votos es para AMLO. El diamante tendrá que ser cortado en varios pedazos y ahí se encuentra el gran riesgo de fractura, que debería ser aprovechada por el PAN o por el PRI si quieren recuperar la capital.

Que los dirigentes fácticos y legales del PRD digan que la salida de Andrés Manuel no les afectará, ni ocasionará una desbanda, están diciendo una más de sus mentiras. Andrés Manuel, como el sol, termina ocultándose en el horizonte, y deja detrás de si millones de votos que se irán con él a la oscuridad, a la noche triste de la Revolución Democrática.

Por eso, es de sabios saber cuando terminar las cosas, y por supuesto, finalizarlas bien. Ya Zambrano, el presidente del PRD, le dijo a AMLO que serán adversarios, pero no enemigos. Y de lo primero a lo segundo no hay mucho trayecto. El futuro conflicto se avizora. “Vida, nada te debo, vida, estamos en paz”, es una mentira. Es aquí cuando Andrés Manuel no es sabio, pues ya está preparándose para el siguiente round, para la siguiente pelea, de Morena contra el mundo.

En lugar de fortalecer las instituciones del Movimiento Progresista, prefirió romperlas e irse con todo su capital político. Andrés Manuel quiere más y no sabe poner un alto. No sabe decir “hasta aquí llegué” y ceder el liderazgo. En un pueblo al que le encanta la venganza, López Obrador se constituye como el líder un movimiento que la encarniza. Aviéntenle huevos a Roy Campos, pártanle la madre a los periodistas vendidos, grítenle hasta de lo que se va a morir a Peña Nieto. Mientras, que se muera la política y la diplomacia.

Y aunque la historia nos enseña que las ideas son más poderosas que la fuerza, Andrés Manuel sigue mostrando el músculo, llenando las plazas, echándole en cara al Movimiento Progresista que de los “15 millones de votos de la izquierda, 12 millones son de AMLO, y solo 3 millones del PRD.”

Ya hasta abrieron, con dicho nombre, un grupo en la red social Facebook. Pero que a aquellos que no saben hacer prospectiva, que no se les olvide que esos 3 millones del PRD pudieran marcar la diferencia e inclinar la balanza en una nueva elección presidencial, o de lo contrario, al obtener una nueva derrota, El Peje, estaría condenado a la protesta perpetua, al negocio redondo de la derrota electoral.

Publicado con la autorización de su Director

Politólogo con estudios en el Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey. Consultor Político. Se desempeñó como editor en jefe de varios portales, entre ellos SinEmbargo.Mx. Consejero Ciudadano del Observatorio Mexicano de la Homofobia (OMHO). Ha publicado en diversos medios nacionales, entre ellos Excélsior, y diversos medios estatales, así como sitios web. Coautor de un libro editado por la Conapred. Correo: [email protected] Twitter: @GuruPolitico Facebook: GuruPolitico