Primero las definiciones. La venerable Real Academia Española de la Lengua define “Aristocracia” como la forma de gobierno según la cual el poder político es ejercido por los mejores, pero también es un grupo de individuos que sobresalen entre los de su mismo ámbito por alguna circunstancia.
En cambio “kakistocracia” no la encontraremos en Diccionario de la Real Academia, pues es un neologismo, del griego kákistos (pésimo, el peor de todos) y krátos (fuerza, poder). A diferencia de la aristocracia, la kakistocracia quiere decir gobierno de o por los peores.
Puedo asegurar que prácticamente no pasa un día sin que el común de los ciudadanos no considere que la inmensa mayoría de nuestros políticos son unos incompetentes, ineptos, arribistas, demagogos, timoratos, torpes, negligentes y podríamos seguir con una larga lista de adjetivos similares. La imagen de ellos en México, y sin que nos sirva de consuelo, también en buena parte del mundo es francamente mala.
Hace unos años, el filósofo italiano Michelangelo Bovero, advertía sobre una de las degeneraciones potenciales de los sistemas democráticos: las “kakistocracias”, el gobierno de los peores. Seguramente Bovero tenía en mente al sistema político italiano pero la realidad es que este término se puede aplicar sin ninguna limitante a México, pues, para cualquiera que se tome la molestia de analizarlo, existen los suficientes elementos para considerar que, en casi todos los casos estamos siendo gobernados por los peores y más corruptos.
Pero, ¿De dónde sale, cómo y por qué se inventa el término “kakistocracia”? Rastreando el termino encontramos que ya que en el “Dictionary of Sociology”, primera edición en inglés año 1944, registrada en New York, N.Y., U.S.A. por Philosophical Library, Inc. , se incorpora la definición del término “Kakistocracia” por Frederick M. Lumley. “Gobierno de los peores; estado de degeneración de las relaciones humanas en que la organización gubernativa está controlada y dirigida por gobernantes que ofrecen toda la gama, desde ignorantes y matones electoreros hasta bandas y camarillas sagaces, pero sin escrúpulos”.
Ya en articulos anteriores he comentado un ensayo realizado en la Universidad de Colonia por lo sociólogos Erwin y Ute Scheuch, Pandillas, camarillas y arribismo. Su tesis central: “Los partidos establecidos están produciendo un fenómeno aciago, contrario a las teorías clásicas del ascenso y la selección política, pues en su triturante dinámica interna, no llegan los mejores sino los menos competentes, los de menor capacidad que, al carecer de alternativas en la vida profesional o civil, suelen sobrevivir en el partido merced a su fidelidad, tenacidad y constancia. Junto con ellos, se quedan también los más inmorales, los más inescrupulosos, los trepadores puros y duros, hábiles forjadores de clanes cerrados que no dudan en echar mano de cualquier añagaza para alcanzar su promoción.”
Puedo no gustarnos, pero indudablemente el concepto que define a nuestro actual gobierno (del color que sea) es, sin duda alguna, el de una “kakistocracia”. No hay posibilidad de error; tan sencillo como revisar y analizar todos y cada uno de los partidos existentes en México, cualquiera de ellos, todos son lo mismo. Personaje por personaje, funcionario por funcionario, todos son intrínsecamente iguales y representan lo mismo. Y como dice el clásico “para documentar nuestro optimismo”, ahora leemos una reciente encuentra de la UNAM donde se afirma que el 81% de los ciudadanos considera que los partidos políticos son las estructuras más infiltradas por el crimen organizado. Peor imposible.
Conclusión: ¿Posibilidad de sacar a México de su atraso y subdesarrollo?, ninguna con los políticos que tenemos actualmente. ¿Culpa de quién?, pongo a consideración un amplio abanico de probable culpables: El destino, la fatalidad, la mafia del poder, la Iglesia, el imperialismo, los marcianos, etc. ¿Culpa de nosotros? … jamás.
Alejandro Vázquez Cárdenas
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