Ríos de tinta, maratónicas sesiones en televisión y radio además de miles de menciones en redes sociales ha generado la reciente visita del Papa Francisco a México.

Visita programada desde hace tiempo, las características de la misma se ajustaron de una manera conveniente para ambos Estados. Sitios a visitar, trayectos, actividades, entrevistas etc. etc. En este tipo de eventos nada se deja al azar ni se permiten improvisaciones de última hora.

La cobertura fue amplia, canales de señal abierta y de cable transmitiendo de manera continua desde que el Papa llegó al aeropuerto de la Cd de México. Muestras de entusiasmo inocultables entre los funcionarios encargados de la bienvenida, cosa que se replico en todos los aeropuertos, emoción y gritos en todos los trayectos que recorrió el pontífice.

La personalidad de Jorge Mario Bergoglio, SS Francisco, se presta para sentir simpatía por él. Primer Papa latinoamericano, habla español, alejado definitivamente de las ostentaciones de sus predecesores que usaban zapatillas especiales, cruces y anillos de oro; vive en Roma pero no en un palacio, se transporta en sus viajes en modestos autos Fiat y no en los habituales Mercedes Clase S ( precios de $ 2,500.000.00 a $ 4,300,000.00 ) que usaron los anteriores pontífices. Rompe el protocolo con facilidad y “conecta” fácilmente con sus interlocutores.

Pero la idea de este artículo es repasar las reacciones de los sesudos “analistas” que derrocharon sabiduría en sus mesas de análisis en estos días.

Para algunos, los más alineados al sistema, todo fue una maravilla y los discursos, todos, dignos de un estadista de calidad superior. Para otros, que difícilmente pueden disimular su animadversión al Estado, a la Iglesia o a las dos cosas, todo fue mediocre y mal planeado; el Papa no trató temas como los muertos por el narco en Ayotzinapa ni se reunió con sus familiares; para ellos faltó una condena tajante la corrupción, las injusticias, las desigualdades sociales, la pederastia de algunos sacerdotes etc. etc. Cada opinologo tenía su propia agenda de prioridades.

Otros criticaron duramente la supuesta “rendición” o claudicación de un Estado laico ante una figura religiosa, olvidando convenientemente que el Papa tiene la representación de una Nación, el llamado “Estado Vaticano”, con personalidad jurídica propia desde la firma de los Pactos de Letrán en 1929. Otros decían que esta recepción “De Estado” que se le brindo al Papa Francisco obligaría a reeditarla si es que acaso acudieran de vista los representantes de las Iglesias Ortodoxa, Protestante o Testigos de Jehová, comentario que revela una absoluta ignorancia, o acaso mala fe. Veamos, el Arzobispo de Canterbury, Justin Welby si bien es la primera personalidad religiosa anglicana no es el Jefe de la Iglesia, el jefe es la Reina Isabel II. En el caso del rito Ortodoxo, ellos no tienen el equivalente al Papa, su máximo líder es el Arzobispo de Constantinopla Bartolomé I, y ni de lejos es Jefe de Estado. En cuanto a los Testigos de Jehová, con sede en Brooklyn, tienen como autoridad un “Cuerpo gobernante” con presidencia rotatoria. Y tampoco tienen la personalidad jurídica de un Estado Soberano.

No faltaron los trasnochados jacobinistas de siempre. Recordemos, “Jacobinismo” es un concepto que tuvo su origen en tiempos de la Revolución Francesa; los Jacobinos representaron las posiciones más radicalizadas y extremistas, siendo en gran parte responsables, por su odio total contra la religión, la monarquía y la aristocracia, de los cruentos episodios vividos durante el período del Terror. En el moderno análisis político es sinónimo de extremismo. Para esto personajes México está aún en el Siglo XIX y los ciudadanos son menores de edad que deben ser protegidos de las maléficas influencias del oscurantismo medieval del clero. Nada que hacer con estos especímenes y su mal entendido nacionalismo.

Para muchos la visita del Papa fue un acontecimiento memorable y su balance es positivo. Para otros no tanto y para una minoría, esos que nada se les acomoda (los chavos tienen una expresión muy gráfica para esto) pues nada estuvo bien.

Como siempre, la opinión del lector es la buena