La sentencia es muy vieja, “Los pueblos tienen los gobierno que se merecen”. Atribuida a Nicolás Maquiavelo en realidad es de otro italiano, José de Maistre (1753-1821), mismo que sostuvo que cada pueblo o nación tiene el gobierno que merece. Otro eminente pensador europeo, pero este ya del siglo XX, el francés André Malraux (1901-1976), modificó la sentencia de José de Maistre y mas diplomáticamente dijo que no es que los pueblos tengan los gobiernos que se merecen, sino que la gente tiene los gobernantes que se le parecen. Suena más decente pero resulta igual de trágico. En nuestro hemisferio tenemos la contundente sentencia de José Martí: “Pueblo que soporta a un tirano, lo merece”. Cualquiera de las tres modalidades resulta incomoda para el ego de muchos mexicanos. ¿Nos parecemos a Díaz Ordaz?, ¿a Echeverría?, ¿nos merecíamos a Salinas? ¿Fox es parecido a nosotros? ¿Merecemos a un Presidente con Enrique Peña Nieto? Puede resultar un tanto cuanto vergonzoso, pero si somos capaces de ejercer un mínimo de autocrítica veremos que existe algo de razón.

¿Será posible que los mexicanos estemos condenados a tener únicamente gobiernos como los emanados del priísmo, los probadamente ineficientes panistas o los corruptos gobiernos que han salido de esa calamidad que es el PRD? ¿Estaremos condenados a producir solo políticos como Luis Echeverría, López Portillo, De la Madrid, Manuel Bartlett, López Obrador, Fausto Vallejo y Humberto Moreira?

En una democracia cada pueblo elige a los gobernantes que desea y si aquí tenemos a Peña Nieto en la Presidencia, Javier Duarte en Veracruz, Mancera en la ahora “Ciudad de México” y Silvano en Michoacán es porque los hemos elegido, y aunque nos resulte incómodo son lo que nos merecemos. Buenos, malos, malísimos, corruptos o no tanto, no nos cayeron del cielo ni vinieron de Marte, son mexicanos que llegaron ahí por los votos, racionales o irracionales, cobardes o valientes, pero votos válidos, todos y cada uno de ellos.

¿Por qué están las cosas así? Entre otras razones porque los mexicanos hemos tolerado, por apatía o por ignorancia, un elevado abstencionismo electoral y uno de sus resultados es la génesis y permanencia de una casta de políticos acostumbrados a la transa, la corrupción y la mentira; habituados a vivir con el espinazo doblado ante el superior, carentes de toda dignidad y congruencia.

Tenemos Gobernadores dedicados a tiempo completo a realizar negocios con dineros públicos; funcionarios (as) de mortecino curriculum que están ahí designados por un “padrino” como pago a sus servicios, cualesquiera que estos hayan sido, diputados y senadores incultos y de escasas luces, muchos de ellos profesionistas que nunca han trabajado, ni un solo día, en la carrera que supuestamente cursaron, obviamente incapaces de sobrevivir en la competida iniciativa privada. El resto es un heterogéneo grupo de analfabetas funcionales, pero eso sí, todos con altos sueldos.

¿Puede cambiar esto? Sí, pero es difícil; a los que les agrada la Historia o cuando menos tengan la costumbre de leer, solo les bastará recordar la tiranía monárquica de la Francia de los Luises y como llegó a su final por medio de la Revolución Francesa; si queremos algo más reciente tenemos la caída del muro de Berlín, evento que ocurrió cuando la mayoría de los alemanes orientales así lo quisieron. La destrucción estructural y física de la tiranía rumana de Nicolae Ceausescu cuando el pueblo se manifestó harto de ellos; y más cercano a nosotros tenemos el éxito del acuerdo que dio origen a la multicolor coalición que eliminó a Pinochet del poder.

Pero esos son otros países. Acá estamos en México y evidentemente merecemos lo que nos pasa y aún más. México ocupa uno de los últimos lugares en calidad de Educación con Finlandia en el primer lugar; es uno de los que menos leen y es el país más corrupto de la OCDE. Nuestros gobernantes solo son nuestro reflejo. Y por cierto, los votos se cuentan, no se analizan ni se juzgan.

Add. Buena medida la tomada por el Gobierno de Michoacán al suprimir el cobro de las nuevas placas para los contribuyentes cumplidos.