Todo mundo admira a un gran líder. Y sin embargo, quizá no a todos les toque la suerte de trabajar con alguno (por suerte, a mí sí).

Lo que le apuesto que es tristemente común es sufrir a un mal líder. Piense en alguno y conteste: ¿qué lo hizo malo?

Para mí la falla más grande es prometer algo que luego quede en puro rollo. La primera vez se perdona. La segunda, se duda. Y ya para la tercera es claro: es un mal líder y nunca más se le cree.

“Todos los datos sugieren que en general los ambientes de trabajo organizacional son malos y la gente no confía en sus líderes. Gallup estima que sólo 13% de los empleados a nivel global están motivados”, explica Jeffrey Pfeffer en Forbes.

El autor del libro Liderazgo de Rollo (Leadership BS, Amazon) explica que típicamente se asocia al liderazgo a la capacidad de inspirar. Y sin embargo esta virtud es efímera.

“La inspiración es una forma muy pobre de lograr un cambio real. Porque cuando ésta se acaba, la motivación también se va. Y las personas regresan a lo que siempre han hecho”, señala en una entrevista NPR Boston.

¿El pecado más grande de un mal líder, según Pfeffer? Lo mismo que mencioné al inicio: la diferencia entre lo dicho y lo hecho.

“Típicamente, un líder no es modesto y eventualmente miente. Esta diferencia entre la realidad y la promesa es la razón principal por la que la confianza desaparece”, asegura el profesor de Stanford al Financial Times.

¿Qué fallas adicionales marcan a un mal líder? Aquí le va mi “top 10”:

  1. No ha hecho la tarea. Desconoce los aspectos técnicos de su negocio e industria. Así es difícil ganar respeto. ¿El remedio? No hay atajos: estudiar, preguntar, entender.
  2. Sólo sus chicharrones truenan. Cree tener siempre la razón. No escucha y apachurra el debate. Algo mortal para la creatividad e innovación que requiere el mundo ultracompetitivo.
  3. Bueno para regañar; malo para alabar. No es sólo corregir lo malo, sino reconocer y promover lo bueno. Balance.
  4. No comparte la ganancia. No nada más es reconocer. Si la organización es exitosa, hay que repartir la ganancia entre la tropa y sobre todo entre los elementos clave.
  5. Es un lobo solitario. En un entorno interconectado, es imposible que el líder sea constantemente exitoso si está solo. No importa qué tan inteligente o preparado sea.
  6. Colérico y gritón. La ciencia no miente: las emociones son contagiosas. Una empresa visceral no llegará lejos.
  7. Poco claro. Imposible ganar la guerra con un general confuso.
  8. No admite errores ni se disculpa. Hasta al mejor cazador eventualmente se le irá una liebre.
  9. No monitorea a su organización e industria. Si las condiciones cambian, la estrategia y táctica también. Alerta constante.
  10. No ajusta. Monitorear no es suficiente. Procesar señales y cambiar lo necesario.

Espero le sirvan para reflexionar. Ahora bien, ¿qué tiene que hacer un líder para evitar estos errores?

Según Pfeffer, dos cosas. Primero, liderar con la verdad. No a los adjetivos, sí a los sustantivos. “No requieres inspiración, sino hechos, evidencia e ideas”, dice en su libro.

Y segundo, restablecer conexiones en dos niveles: “Entre lo que dicen y hacen; y entre su comportamiento y las consecuencias del mismo”, explica en la entrevista a NPR.

Detengámonos en este punto: las consecuencias de las acciones del jefe.

Pfeffer advierte –y tiene razón– que en parte existen líderes malos por el culto que se rinde a los resultados y no a la forma como se llega a estos. Por eso admiramos a líderes como Steve Jobs, que consiguieron grandes cosas, pero fueron terribles personas.

“El hecho de que compañías y líderes admirados sean realmente lugares y personas tóxicas es una de las principales razones por las que tantas personas trabajan en lugares abusivos y estresantes”, añade en una entrevista en Forbes.

Finalmente, al trabajar con un líder (a fin de cuentas a veces somos líderes y a veces seguidores) Pfeffer recomienda:

–Revisar sus acciones y no sus palabras.

–Dudar de historias simples sobre situaciones complejas.

–Perdonar, pero recordar. El pasado es el mejor predictor de las acciones futuras de un líder.

Un buen liderazgo importa y no sólo para el éxito empresarial. Quizá lo más relevante es lo que dice Pfeffer: “importa para evitar el daño a tantos y tantos que trabajan en ambientes de trabajo tan tóxicos como estar expuestos al humo de un fumador empedernido”.

¡Ouch! Está clarísimo: el liderazgo sí que importa, ¿no cree?

EN POCAS PALABRAS.

“Liderazgo es ejemplo”. Albert Schweitzer, Premio Nobel de la Paz

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