Desde hace muchos años no pasa prácticamente un solo día sin que no tengamos, cuando menos  una nota sobre un acto violento  relacionado con el Islam en algún lugar del mundo. La lista es muy extensa: Cotidianos incidentes mortales en la Franja de Gaza, atentados en Uzbekistán , múltiples asesinatos en Nigeria por el sanguinario grupo Islámico Boko Haram, sentencias de  lapidación a una mujer por un supuesto adulterio ,”fatwa” en contra de un escritor por “faltarle al respeto” al Islam, las Torres Gemelas, Bali en 2002 con más de 200 muertos, la mayoría turistas,  Estación de Atocha en Madrid en 2004, el Metro de Londres en 2005, el vuelo 103 de Pan Am en Lockerbie con más de 250 pasajeros muertos, el avión ruso de Metrojet hace unas semanas  en Egipto, con 224 persona a bordo, y así, podemos mostrar una larga , muy larga lista de sangrientos atentados del Islam radical.
 
  El viernes 13 de noviembre es una fecha que  vivirá en la infamia para Francia y el resto del mundo civilizado, cuando un grupo de fanáticos del Islam pertenecientes al criminal grupo ISIS, en un acto coordinado, asesinaron a 129 personas inocentes.

 
  Semejante acto de extrema violencia contra civiles inocentes desencadenó una rápida reacción de solidario apoyo a toda Francia y a Paris en lo particular por parte de prácticamente todo el mundo civilizado. Y digo prácticamente todo el mundo pues fue notorio que existió un pequeño, pero ruidos grupo, ese que mayoritariamente se identifica con la izquierda más primitiva, que  sacando a flote sus más cavernarias y deleznables fobias se dedicó a “justificar” o cuando menos matizar, abierta o veladamente, los asesinatos de inocentes perpetrados por el Islam radical. Algunos de esos comentarios eran notoriamente cargados de odio hacia lo que Francia representa, y ya de paso, incluían en sus insultos a Inglaterra, pero sobre todo a sus odiados Estados Unidos; otros de plano incluyeron en los insultos a todos los miembros de la OTAN.
 
 Abundaron dentro de esta “invasión de imbéciles” (Umberto Eco dixit) justificaciones a ISIS, múltiples comentarios que evidenciaban una profunda estupidez y una sublime ignorancia geográfica e histórica en relación al ancestral conflicto entre el Islam y Occidente. Los más lerdos llegaron a rebuznar como justificación  “Es que Francia atacó a Siria”, sin saber ni de que estaban hablando.
 
La Jornada pontifica: ““Las de Madrid, Nueva York, Londres y París son las matanzas que nos han mostrado. Las que ellos cometen ¿dónde están?”.  Y en El Financiero Pérez Gay responde ““La pequeña miseria, la gárgara fanática para aclarar la voz de la secta no condenan los atentados; a los editores de ese periódico les parece una de cal revolucionaria por las que van de violenta arena capitalista: para que vean lo que se siente”.
 
En México abundaron los indigentes intelectuales, saturados de rencor social, que se indignaron por la solidaridad con Francia alegando que en México también existían muertos por el terrorismo, olvidando en su infinita estulticia que lo uno no invalida lo otro. Dentro de estos especímenes encontramos a varios “analistas” y amanuenses de medio pelo, lamentablemente algunos en este diario.
 
 Hay quienes pretenden establecer “escalas” y “comparaciones” porque ésta es la forma que tienen para llamar la atención. Si logran minimizar la noticia que domina en un momento dado, han logrado su objetivo, poner su causa por encima de las otras. Razonan así: “Mi tragedia (Los 43 de Ayotzinapa, los desaparecidos, los muertos por el narco etc.) es más tragedia que la tuya… tu causa es menos causa que la mía. Nada más vil y despreciable que querer establecer un ranking de una tragedia humana.
 
Es evidente que amplias franjas de la izquierda en el mundo no incorporaron en su ideario los valores de la tolerancia, para ellos el que opina distinto siempre será el enemigo y, por lo tanto algo que debe destruirse. De ahí que ese tipo de izquierda primitiva es capaz de identificarse con ópticas fundamentalistas, como las que sustentan el terrorismo. El director de Charlie Hebdo, Laurente Sourisseau, señala que ellos ya están “acostumbrados a la complacencia repugnante de algunos sectores de la izquierda con el terrorismo islamista”.