Por: Carlos Álvarez Acevedo
La muerte de un hijo debe ser lo más doloroso que un hombre puede vivir. Realmente Humberto Moreira está devastado, no estaba fingiendo, no como normalmente fingen los políticos. Lloraba con la sinceridad de no tener máscaras que oculten la humanidad del poderoso ex gobernador de Coahuila y del ex Presidente Nacional del PRI.
A Humberto Moreira yo no le creo casi nada, y acoto el casi, porque no dudo que su hijo, en paz descanse, haya estado limpio de cualquier vínculo con la mafia o el crimen organizado. También comparto que por más mal que haya hecho el padre, nadie merece morir de esa forma, y tampoco hay que hacer leña del árbol caído. Sinceramente, he criticado muy ácidamente toda la corrupción que vivió Coahuila y de la que Moreira padre fue participe, pero nunca le desearía un mal, y mucho menos el que vivió con el artero asesinato de su hijo.
“Me cae que esta vida y no chingaderas es el cabrón infierno”, decía acertadamente el guión del personaje “Cochiloco” de la película mexicana “El Infierno”. Moreira padre está pagando en carne propia, en vida, todo el mal que haya hecho. Su infierno personal está ardiendo, en llamas. El pleito con su hermano, el actual gobernador, su sucesor, es real. Así lo evidencian los tuits que su nuera publicó en la red social Twitter los pasados dos días, culpando al tío de su fallecido marido, de ser el culpable del asesinato de su esposo, por “no saber gobernar”, dice la viuda.
No hay que ser perito criminólogo, ni de la PGR o de la AFI, simplemente hay que analizar el léxico utilizado por los medios locales para darse cuenta que la muerte del hijo mayor de Humberto Moreira fue una venganza de la mafia. Los medios como “Vanguardia” o “Zócalo”, los más importantes de la región, utilizan las palabras “vendetta”, “Judas”, “traidor”, “el que puso al hijo”, etcétera. Este lenguaje caracteriza a la mafia, y se utiliza alrededor del orbe.
Obviamente, como presagió el académico Dr. Edgardo Buscaglia, uno de los más lúcidos y críticos analistas sobre seguridad en el mundo, hasta que no tocaran a las familias de los políticos, de la élite, estos no iban a reaccionar unidos en contra del crimen organizado. El Dr. Buscaglia habla de las 22 ramas de la mafia, que muchos nos reducimos a pensar que es exclusivamente el narcotráfico, pero no, también se refiere a trata de personas, lavado de dinero, piratería, secuestro, extorsión, fraude, etcétera. Mientras no se ataque de fondo a las finanzas de los mafiosos, la estrategia del gobierno federal seguirá errada.
Lo que el gobierno federal y los estatales hacen, dice Buscaglia, es atacar “in situ” a los criminales, y les pegan en ocasiones donde más les duele, como fue recientemente en Coahuila, donde elementos del Grupo de Armas y Tácticas Especiales (GATE) mataron a cinco sicarios en un enfrentamiento en Piedras Negras. “Grupo Reforma” publicó entonces, que entre los pistoleros muertos estaba Alejandro Treviño Chávez, sobrino de Miguel Treviño Morales, “Z-40”, segundo al mando en el País de ese cártel. Obviamente, lo que sucedió con el hijo de Humberto Moreira fue una venganza, pues previamente habían aparecido mantas advirtiendo a la familia de que iban por uno de ellos.
Todo esto también nos hace dudar de la territorialidad con que se divide el crimen organizado, y quién de los carteles colabora con que gobiernos. Es evidente que el gobierno federal ha combatido con mayor ahínco al cartel de los Zetas, y que en menor medida a combatido a la unión de carteles, que es la Federación del Pacífico.
En el este del país, se ha sabido que gobiernos como el de Tabasco, Veracruz, Tamaulipas se han visto forzados a trabajar con los Zetas. Allí están las investigaciones que se han filtrado a los medios sobre los ex precandidatos presidenciales priístas, Fidel Herrera y Tomás Yarrington. O evidentemente, el caso sin resolver, el asesinato del candidato, cuasi gobernador de Tamaulipas, Rodolfo Torres Cantú, del que se dice fue acribillado por no “querer” pactar con cierto grupo del crimen organizado, y que el mismo, al verse afectado en sus intereses, optó por matarlo.
Muchos ejemplos tenemos donde el poder político corre peligro. “Plata o plomo”, les plantea sin opciones alternas el crimen organizado. Desde que Felipe Calderón desató la guerra contra el narcotráfico, 30 alcaldes han sido ejecutados por cárteles o bandas organizadas, inclusive algunos -como el panista de La Piedad, Michoacán- eran amigos personales del mandatario nacional. El partido con más alcaldes asesinados es el PRI; le siguen PAN, PRD, PVEM y la coalición PT-Convergencia, según un conteo realizado por la revista “Proceso”.
Y de los legisladores ni hablar, tan sólo en el mes patrio del 2012, tres diputados locales fueron asesinados en una semana. El año pasado un diputado federal de Guerrero también fue asesinado. Una decena de regidores de todo el país han sido asesinados sólo en este año. El ex Senador de la República, Diego Fernández de Cevallos fue secuestrado y liberado meses después. Ya perdí la cuenta de cuantos más han sido asesinados, pero si recuerdo uno muy impactante hace un par de años, el perredista Armando Chavarría Barrera, fuerte precandidato a Gobernador y presidente del Congreso de Guerrero.
Decenas de líderes locales de partidos han sido asesinados. Cientos de funcionarios públicos han sido asesinados. Cientos de miembros y simpatizantes de partidos políticos., también Y si a esto le sumamos 100 mil muertos por esta guerra sin sentido, pues ya nadie tiene escapatoria. Sencillamente hay que ver el video del ex diputado local de Guerrero, y ahora nuevo alcalde de Teloloapan, que fue filmado contra su voluntad por supuestos miembros de la Familia Michoacana, que le exigían, a costa de su vida, que no se metiera con ellos, que hiciera un pacto para que los dejara trabajar “en paz”, que pusiera un jefe de la policía afín a sus intereses, si no quería que su municipio ardiera, y que corriera peligro su vida, y la de sus familiares.
La guerra de Calderón, bien dice el Dr. Buscaglia, nunca tendrá fin si no atacan de fondo las finanzas del crimen organizado, y se crea una estrategia de recomponer el tejido social, atacando las causas de las adicciones. Si sólo se matan o capturan a los líderes de dichas organizaciones delictivas, ellos responderán con más dinero, con más armas, y la espiral de la violencia seguirá creciendo. La “hidra de las mil cabezas” seguirá viva y coleando. Le cortarán una testa e ipso facto, como en la mitología, le crecerá otra nueva. Atrás de los grandes capos vienen empujando sus hijos o sus hombres de confianza, buscando la oportunidad de ser los nuevos jefes, cada vez más jóvenes y sanguinarios, cada vez con menos escrúpulos.
Cuando matan a uno de sus miembros, lo que hacen, al igual que lo han hecho siempre, y cómo lo vemos en los guiones de las mejores películas y series de televisión al respecto, los mafiosos se vengan de sus enemigos, matando, si es necesario a familiares. Tal como sucedió con el hijo del Sr. Moreira.
Por eso es ahora, y contra la adversidad o poca credibilidad que tiene el ex líder nacional del PRI, es necesario que Don Humberto deje de buscar venganzas personales, se convierta en un político de altura, y empuje a lograr un pacto que se asemeje al de “La Moncloa” en España, en donde todos los líderes políticos representados en el Congreso de la Unión, se sienten unidos a combatir de fondo al crimen organizado, con todas las armas institucionales, y con el legal uso de la violencia que la ley les confiere.
Humberto Moreira tiene la oportunidad de convertirse en un líder social, equiparable a Sicilia, y superando a Martí o Wallace, que pueda conducir los esfuerzos públicos por cambiar la errática guerra calderonista, en donde están muriendo seres amados de todos nosotros. Él tiene el poder, y sé que lo tiene, porque en el funeral de su hijo estuvo gran parte de clase política que gobernará el país a partir del primero de diciembre de este mismo año, representados por él que será el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, hombre de confianza de Enrique Peña Nieto.
Es la oportunidad, para que de una vez por todas, a los leones nos dejen de dirigir los corderos. Es hora de pensar, no de actuar visceralmente. Es tiempo de fajarse los pantalones, por que el poder también corre peligro.
Publicado con la autorización de la Revista Gurú Político
Politólogo con estudios en el Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey. Consultor Político. Se desempeñó como editor en jefe de varios portales, entre ellos SinEmbargo.Mx. Consejero Ciudadano del Observatorio Mexicano de la Homofobia (OMHO). Ha publicado en diversos medios nacionales, entre ellos Excélsior, y diversos medios estatales, así como sitios web. Coautor de un libro editado por la Conapred. Correo: [email protected] Twitter: @GuruPolitico Facebook: GuruPolitico
























