“Queremos vecas”, reza un letrero, garabateado con pintura de aerosol en un céntrico muro, abajo, como responsable de este reclamo, las siglas de una calamitosa casa del estudiante, conocida más por su agresivo activismo político que por la calidad académica de sus moradores. En una marcha de supuestos o reales normalistas en Morelia se observa una pancarta con la leyenda: “granadero farzante”. Como estos dos ejemplos, existen infinidad de casos similares. El problema no es exclusivo de Michoacán, sin que eso nos sirva de consuelo. Este nivel cultural es más evidente sobre todo en cuanta marcha, mitin o plantón intervienen personas que se identifican como moradores de determinada casa del estudiante, “normalistas” o, peor aún, como integrantes del llamado magisterio “democrático”, la indefendible CNTE.

Observar estas marchas y plantones, aparte de permitirnos calibrar la capacidad de convocatoria que tienen determinadas organizaciones, nos da la oportunidad de valorar el nivel educativo y cultural de sus integrantes y confirmar la facilidad para manipular las masas, sean estas de trabajadores, sindicalizados o no, campesinos, desempleados, precaristas, hombres, mujeres, pero sobre todo corroborar la ductilidad y credulidad de los jóvenes en su etapa de formación. Una pequeña y rápida encuesta nos permite confirmar que una gran parte de los integrantes de esa marcha o plantón solo tienen una nebulosa idea del origen y los responsables reales de sus problemas y menos tienen idea de los mecanismos legales que deben seguir para resolverlos.

El habitual catálogo de enemigos de prácticamente cualquier marchista en México no es muy amplio, se reduce a unas cuantas personas o entidades; en los Estados es el gobernador y/o su encargado de Seguridad Publica, que según el problema resultan ser represores o asesinos. A nivel nacional es el Presidente Peña Nieto, villano favorito de los pseudointelectuales de la pseudoizquierda, sus matraqueros y la prensa afín al Mesías AMLO. Otros receptores de insultos pueden ser el Secretario de Educación o bien se puede generalizar ubicando como enemigo a “la mafia del poder”.

No podemos exigir el mismo nivel educativo, por lo menos en lo que se refiere a la grafía en mantas y pancartas, a organizaciones populares, que se manifiestan en contra de determinada acción, generalmente gubernamental, que consideran lesiva a sus intereses. En estos casos es de esperarse que el nivel gramatical de los quejosos no sea el de un profesionista. Lo criticable en la mayoría de las marchas, bloqueos, tomas y plantones es que, escudándose en su innegable derecho a manifestarse, teóricamente en forma pacífica y ordenada, pretendan violentar y si se puede, suprimir, por el tiempo que a ellos les dé la gana, el derecho que tiene la ciudadanía al libre transito en las vías públicas y al uso de edificios públicos. Es más, da la impresión de que en realidad, lo que buscan es generar molestias e inconformidad en los sufridos habitantes que tienen la necesidad de circular por esas vías o utilizar esas instalaciones “tomadas”.

La verdad es que pocas cosas causan mas irritación a la ciudadanía que contemplar a una horda de irascibles representantes del neolítico bloqueando una vialidad con el pretexto que sea. La irritación sube de grado al analizar las reales causas de esa movilización y corroborar la manipulación que pretenden hacer a la opinión pública. En estos casos la autoridad debe, obligadamente, retirarlos, sin mayor trámite, si es que quiere cumplir lo que le impone la ley, y posteriormente trasladar la inconformidad al plano de la negociación dentro de la legalidad. Nunca en la calle.

Ya lo advirtió el C. Gobernador Silvano Aureoles a los “normalistas” y similares, “no se permitirá un solo bloqueo más”. Está en juego su palabra.

Alejandro Vázquez Cárdenas
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