Primero algunos datos históricos. El médico alemán Samuel Hahnemann (1755-1843) formuló los principios básicos de la homeopatía en 1810 en su tratado Organnon der rationellen heilkunde La homeopatía se basa en la Ley de la Similitud, una sustancia sirve para curar una enfermedad si causa los mismos síntomas que la enfermedad, y la Ley de los Infinitesimales, según la cual, cuanto más pequeña es la dosis de la sustancia administrada, mayores son los efectos en el paciente. La tercera máxima homeopática es que no hay enfermedades, sino enfermos, por lo que todo tratamiento debe ser personal e intransferible.
La preparación de un producto homeopático empieza con 1 gota de principio activo que se disuelve en 99 gotas de agua, alcohol o lactosa (1CH). Luego, se toma 1 gota de esa primera dilución y se mezcla con otras 99 del disolvente elegido (2CH); seguidamente, se toma 1 gota de esa segunda dilución y se mezcla con otras 99 del disolvente (3CH); y así, sucesivamente. Cada vez que se hace una dilución, se tiene que sacudir vigorosamente el preparado para hacerlo activo; es lo que se conoce como dinamización. Los homeópatas prescriben medicamentos de hasta 5.000CH, muy por encima de los 12CH en los que, según las leyes de la química, ya no hay ni una molécula de la sustancia original en el preparado. Entonces, ¿en qué basarían su presunta efectividad los medicamentos homeopáticos? Según sus practicantes, en la memoria del agua, un misterioso fenómeno que nos manda al terreno de la magia.
La homeopatía actualmente es considerada una pseudociencia y se ha demostrado que sus remedios no son más efectivos que los placebos, o sea, productos inertes que supuestamente contienen algo
La medicina evoluciona, mes con mes, no se diga de un año a otro, en el último medio siglo, la medicina ha incorporado multitud de nuevos métodos de diagnóstico y tratamiento; pero la homeopatía sigue como en el siglo XIX, y alejada completamente de la ciencia. El estudio publicado en The Lancet, hace ya algunos años, constata, después de comparar 110 ensayos clínicos de preparados homeopáticos con otros 110 de medicamentos convencionales, que los primeros curan sólo por el efecto placebo, la fe del paciente en el producto y en quien se lo ha prescrito.
Recordemos, el efecto placebo es una variable con la que se cuenta antes de sacar al mercado cualquier fármaco. En los ensayos clínicos, se administra a una parte de los sujetos el nuevo medicamento y a otra, una sustancia inocua con la misma presentación. Ni el experimentador que la da ni el individuo que la recibe saben si lo que tienen entre manos es el fármaco o el placebo; es lo que se conoce como doble ciego y persigue que las expectativas de los participantes no contaminen los resultados. Por norma, un medicamento tiene que ser más efectivo que un placebo, algo que afirma en The Lancet que no sucede con los productos homeopáticos.
Para cualquier estudiante que haya llevado adecuadamente un curso de química resulta más que difícil de creer que una sustancia sea “energéticamente más potente” cuanto más diluida esté en agua, alcohol o lactosa. Evidentemente los fundamentos “químicos” de la homeopatía contradicen todo lo estudiado ya que emplean diluciones en las que no queda nada de sustancia hipotéticamente curativa.
De que la medicina homeopática es un placebo no hay duda alguna. La forma más fácil de demostrar su inutilidad es el “suicidio homeopático”. Hace unos años una veintena de científicos belgas lo promovió como protesta por que las aseguradoras del país pretendían incluir la homeopatía entre sus servicios médicos. Ingirieron en grupo una dosis infinitesimal, y por tanto, muy potente, según los principios homeopáticos, de un cóctel de venenos: belladona, arsénico, veneno de serpiente… No les pasó nada.
Buena parte del éxito de la homeopatía radica en que sus practicantes dedican mucho tiempo y mucho interés a cada enfermo. Hay ciertamente un amplio grupo de personas que necesita información, plática y atenciones, más que un producto farmacológico. Es lo que hacen los homeópatas. Aparte, ellos se centran en enfermedades no graves, pero sí molestas.
Podemos concluir, la homeopatía, como toda pseudociencia, se basa en la fe del crédulo paciente. Si este tiene un padecimiento con un fuerte componente emocional ciertamente puede mejorar, pero si tiene una patología seria, empeorará…. o morirá.
























