Iatrogenia, es un palabra derivada del griego que significa daño o lesión causada por el medico a un paciente, por acción u omisión. El daño puede ser leve o tan grave que termine con la vida del paciente. En otras palabras, el medico mata al enfermo.

Incómoda realidad de la que poco se habla en nuestro país, acostumbrados como estamos a enterarnos sobre demandas millonarias por mala practica medica en otros países, básicamente en los Estados Unidos, donde las demandas están a la orden del dia, lo que ha dado lugar a un floreciente negocio de abogados y aseguradoras.

En México el paciente está acostumbrado a ver al medico como una figura por lo general respetable, que va a realizar su trabajo bien y con honestidad. Lamentablemente eso no siempre es cierto. Existen efectivamente excelentes médicos, competentes, responsables y que anteponen al paciente por sobre intereses monetarios. El problema es que hay también una gran cantidad médicos mediocres, mal preparados, cuyo desempeño deja mucho que desear y otros que aparte de mal preparados no ocultan una gran ambición económica; de estos hay muchos. Se cierra el grupo con aquellos médicos que efectivamente están más o menos capacitados en su especialidad, pero que al ver un paciente primero investigan su solvencia económica antes de molestarse en dar un solo paso encaminado a curar al enfermo; estos son los peores, despreciables mercaderes de la medicina que toman la especialidad como patente de corso.

En México no existe cultura de denuncia en contra de un medico, y si alguien lo intenta los obstáculos burocráticos desaniman al más emprendedor, esto sin tomar en cuenta que en algunos estratos socioculturales la figura del medico aún esta revestida de cierto prestigio, en muchos casos con discutible merecimiento.

Existe una estructura, la Comisión Nacional de Arbitraje Médico, CONAMED, con delegaciones en cada Estado de la República, comisión que hipotéticamente, y recalco lo de hipotéticamente, está facultada para revisar y conciliar problemas y desacuerdos entre el paciente y el médico; pero carece de fuerza legal y punitiva, su papel es meramente decorativo, solo recomienda. El resultado final es que la CONAMED y la Carabina de Ambrosio tienen un funcionamiento bastante similar, no sirven para nada.

En el momento de escribir esta entrega, sin escarbar mucho, recuerdo algunos episodios en el ejercicio de la medicina, episodios protagonizados por médicos conocidos, que no amigos, y acaecidos tanto en el ámbito institucional como en el privado. Menciono solo dos: Niño de tres años operado en medio institucional de hernioplastía inguinal, el cirujano liga, sin darse cuenta, la arteria femoral; al dia siguiente la tragedia es evidente y es derivado a un hospital de tercer nivel, resultado, pérdida de la extremidad. Otro, joven de 25 años, tenorrafia programada, el anestesiólogo conecta equivocadamente los tubos del oxigeno y del oxido nitroso; resultado, muerte cerebral y el paciente fallece después de permanecer en coma profundo 2 semanas. Y como estos muchos, muchos más. ¿Pasó algo con los médicos involucrados? Nada, absolutamente nada. ¿Los pacientes?, uno mutilado de por vida y el otro muerto en su juventud.

La incompetencia en el área de la medicina en México es real y su castigo es virtualmente inexistente. La prepotencia y el descuido de un buen numero de profesionales de la medicina es una realidad en la medicina institucional y la falta de ética y el abuso económico es una mancha imperdonable en la medicina privada, donde el dinero muchas veces ocupa un primer plano. Quien niegue lo anterior miente o carece de autocritica.

Urge una mayor cultura de denuncia, urge una mayor capacidad resolutiva de la hasta ahora ineficiente Comisión de Arbitraje Medico, y urge también que los aparatos de justicia tomen en cuenta al eslabón más débil que es el paciente que acude a los servicios de la Secretaria de Salubridad y sus dantescos hospitales, escenario de inaceptables humillaciones a personas que no se pueden defender.