La esperanza de vida de un mexicano, según datos actuales del INEGI, ronda los 74.7 años, lo cual, de entrada, es una buena marca pues es prácticamente el doble de la esperanza de vida en México en el no muy lejano 1930. Sin embargo dicha “esperanza de vida” durante la primer década del siglo XXI se estancó, perdiéndose 2.2 años según investigares del Colegio de México, atribuyéndose esto a la gran ola de crímenes que ha padecido el país en este ultimo decenio. Los mexicanos, en este momento, pueden aspirar a vivir 72 años en lugar de los 74 prometidos por el INEGI. Las principales causas de muerte, aparte de las violentas, son enfermedades asociadas a la vejez, neoplasias, problemas y complicaciones de la diabetes y cardiovasculares.
Pero ¿Qué debemos entender por “envejecer”?, pues envejecer es la creciente incapacidad del cuerpo de una persona de mantenerse por sí solo y realizar las cosas que hacía antes. Las teorías del envejecimiento, todas, se refieren a un proceso primario que implica cambios graduales e inevitables, relacionados con la edad, mismos que aparecen en todos los miembros de una especie. Este tipo de envejecimiento, que se acompaña de múltiples limitaciones, es normal y sucede a pesar de la salud, el estilo de vida y el carecer de enfermedades.
La vejez no es una enfermedad, es un estado de graduales cambios degenerativos, de lento desgaste, pero no es una enfermedad ni tiene que forzosamente debe venir acompañada de dolores ni angustias. Hay enfermedades propias de la vejez, lo mismo que hay enfermedades propias de la infancia; pero eso no quiere decir que la infancia sea una enfermedad, como tampoco es la vejez.
Se hace extremadamente difícil señalar cuándo comienza la vejez. Esto se debe a las numerosas diferencias individuales que existen en el proceso de envejecer. No solamente hay variaciones entre individuos, sino también entre distintos órganos.
El envejecimiento comienza temprano en la vida. Distintas partes de la anatomía envejecen a ritmos diferentes; un ejemplo es el “arco senil” que aparece en los ojos de las personas viejas; generalmente tal cambio puede observarse por primera vez alrededor de los 80 años, pero en otras personas puede notarse a los 50. La vejez es resultado inevitable del deterioro orgánico y mental y tal deterioro se hace visible a mediados de la vida. De ahí en adelante, progresa a un ritmo acelerado.
Finalmente, de una manera inexorable, unos antes y otros después, viene la declinación general. El individuo acaba retrayéndose de las actividades; depende mucho de los que le rodean. Si las relaciones con otros son malas el anciano busca el aislamiento y la soledad. El temperamento puede tomarse agrio; aparecen nuevas enfermedades, pero el anciano no quiere constituirse en un estorbo. Y por si faltaba algo; para los familiares, el hecho de tener la responsabilidad de personas mayores, constituye un serio impedimento para su estilo de vida y un estorbo para la realización de sus proyectos. Eso si tienen algo de responsabilidad, si no, sencillamente se abandona al anciano.
Viejo es aquel que ha llegado a su horizonte. Quien se estanca, ha envejecido; esto no significa que se pase por alto la cronología; se envejece porque transcurre el tiempo por encima de cada persona. Pero en casi todas las etapas de la vida, incluyendo la vejez, mientras el individuo sea autosuficiente y conserve su dignidad como humano, se puede dar más de lo que se ha dado.
A la fecha no existe remedio para la vejez; y si alguien no desea llegar a viejo el único remedio disponible es morir joven. Nunca veremos una foto de Marilyn Monroe, James Deán o John Lennon de viejos; sus imágenes serán de jóvenes por siempre. ¿Que no deseamos padecer los achaques de la vejez?, sencillo, basta seguir el camino de “Sol” Roth (Edward G Robinson) en el distópico film “Cuando el destino nos alcance”; partiendo tranquilamente mientras escucha la música que siempre le agradó (Beethoven y Grieg) y observa bellas imágenes de un mundo que ya no existe.
Alejandro Vázquez Cárdenas
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