Optar es la vía. Se parte de funcionar como un corazón, palpitando; esa bomba que manda la sangre con oxígeno y nutrientes a las células, el órgano se expande y contrae, emite vida, energía a fin de cuentas.

En sus manifestaciones negativas y positivas si nuestro comportamiento se analiza con esta figura, diríamos que las opciones son múltiples y en cualquier dirección.

Cuando nuestras elecciones son conscientes tienen un relativo sentido de conciencia, algunas veces solamente es por instinto o reacción inmediata, al medio en el que nos encontremos. En esta ocasión nuestros pensamientos van dirigidos a las que tomamos en uso de nuestro libre albedrío, las que llamamos importantes, las que tienen que ver con nuestra inserción en el grupo humano al que pertenezcamos cada quien y en nuestro tiempo.

En innumerables ocasiones habrás escuchado la frase o habrás experimentado la sensación de: “Me quede vacío”; cuando desahogamos todo aquello que estaba en nuestro interior, cuando descargamos toda esa presión que acongojaba y limitaba nuestra capacidad de vivir.

Esta emoción ocurre cuando elegimos en conciencia entre distintas posibilidades; cuando aceptamos la enorme responsabilidad que implica el haber optado por una alternativa, con sus pros y sus contras; con sus beneficios y sus costos.

Cuando se viaja por el mundo a tientas, sin visión; cuando acríticamente hemos aceptado que alguien más o algunos en su caso, decidan por nosotros, carecemos del goce que implica elegir; huimos irresponsablemente de la fuerza, que viene lo mismo con el éxito que con un pequeño traspié o un fracaso; todo ello añade y sólo representa una gran oportunidad para tomar el control de nuestra vida.

Toda opción conlleva consecuencias. Lo común es que elijamos casi siempre los caminos que consideramos más cortos, más fáciles y que tiendan a suprimir posibles dolores. Si bien es cierto que estas condiciones se acercarían a la eficiencia relativa, en ocasiones, en la evaluación práctica del evento en su conjunto, es distinto. Son muchos los casos que comprueban que las leyes del mínimo esfuerzo terminan también en los mínimos resultados.

Construir y destruir son dos fenómenos que en términos generales consumen la misma energía en principio. Como puedes entender a simple vista lo adecuado es lo primero, el romper o deshacer llevan costos y culpas que carecen de análisis y conceptualización de la realidad.

La habilidad de construir se vincula a la capacidad de crear. En ambas el expresarnos, verbalizar por ejemplo, sus posibilidades y los sueños que la acompañan enriquecen todo, da sentido a los actos y nos sitúa en posibilidades que engrandecen la ocasión de empoderarnos.

¿Eres capaz de visualizar al triunfo que te es posible?

¿Has elegido aquello que te acompaña en el camino de tu vida?