Faltan ya pocos días para las llamadas “elecciones intermedias”. La costosa maquinaria propagandística nos ha saturado con los nombres de los candidatos a los diversos puestos, pero en el caso de Michoacán el asunto empeora por que aparte de elegir diputados se elige Gobernador y presidentes municipales. Es también una especie de “referéndum” a la mitad del periodo del “detestado y detestable PRI” (Vargas Llosa dixit), gobierno encabezado por el coloquialmente llamado “muñeco de pastel”, Enrique Peña Nieto, muestra viviente de que el más atrasado priismo es capaz de utilizar figuras con pocos años de vida pero que cuadran perfectamente en la tradición dinosaurica del PRI. En Michoacán compiten, gastando carretadas de dinero, el PRD con Silvano Aureoles, que repite como candidato, pero ahora cargando la etiqueta de ser el favorito de EPN; por el PAN Luisa María Calderón en su segundo intento y al parecer sin mayor apoyo de la cúpula nacional panista supeditada a Madero; y por el anquilosado e irredimible PRI aparece, procedente de los sótanos de la política michoacana, Ascensión “Chon” Orihuela, individuo ampliamente conocido (para bien o para mal) y que pretende lo imposible, darle un rostro de modernidad y honestidad a su partido. El resto de los candidatos tendrán un papel meramente testimonial. Por cierto, es obligado reconocer que Luisa María, “Cocoa” Calderón ha sido la única persona que, como aspirante al puesto de Gobernador, a afirmado que de ganar, una de sus primeras tareas seria desarticular y eliminar los ilegales apoyos a la calamitosa CNTE y los violentos delincuentes de Tiripetio Los otros ofrecen “dialogo” o sea, nada.
El gasto de estas campañas es monumental, son millones de pesos que se tiran prácticamente a la basura en un lapso corto de tiempo. Dinero que sale de nosotros, los atribulados y saqueados trabajadores mexicanos. El INE destina camionadas de millones para ser usado por los partidos. Nuestras elecciones son extraordinariamente caras, mucho mas que las de casi cualquier país, el gasto es superior a lo que cuestan las elecciones en los Estados Unidos, país que evidentemente tiene unos cuantos centavos mas que nosotros.
Ante esta catarata de gastos, surge una idea, ¿por qué no adoptamos el “modelo cubano” para nuestras elecciones?. ¿Para que imitar a atrasados países como EUA, Suecia, Francia, Alemania con sus complicados procesos electorales si el modelo de Castro es más simple y directo?.
El modelo cubano tiene indudables ventajas. Por ejemplo, existiendo un “partido único” oficial ya no habría mas debates estériles sobre las acciones del gobierno. Las críticas desaparecerán y, con eso, todos empujaríamos en la misma dirección. No habría que gastar tiempo discutiendo sobre los problemas de la sociedad, porque es tarea exclusiva de los funcionarios del régimen, mismos que nunca se equivocan. Tampoco habría que elegir entre diversos diarios, noticieros, revistas, porque habría lo mínimo indispensable, con noticias oficiales exclusivamente. De esa forma no tendríamos que preocuparnos por las noticias derrotistas que inventan los enemigos del pueblo.
Para mejor marcha del gobierno, se castigará cualquier desviación en forma instantánea, sin que valga amparo alguno. Y si acaso algún periodista, del medio que sea, insistiera en ofrecer una visión diferente, desestabilizadora, será sometido a juicio sumario, encarcelado, enviado a un hospital psiquiátrico o convenientemente desaparecido. Se reeditarán los casos de Excélsior, Impacto y CNI Canal 40. Regresarán al uso diario las expresiones “enemigo de clase” “asquerosos burgueses” “imperialismo yanqui” “revolución proletaria” “cerdos capitalistas” y otras similares.
En cuanto a la educación, con ayuda del segmento del magisterio “democrático” uniformaremos su calidad… pero para abajo. Obviamente se castigará con gran severidad él mas leve pensamiento crítico para no alentar a los enemigos del régimen, a los “desviacionistas” y “revisionistas”; y así, finalmente, se logrará lo que muchos desean, uniformidad total, como en Corea del Norte.
Como pesadilla orwelliana pasa, como realidad es definitivamente inaceptable.
Alejandro Vázquez Cárdenas
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