Escribe algo, nos dicen, tienes buenas ideas sobre este tema, y sería conveniente que las compartieras. La sugerencia no es mala, se dice uno, es cierto que tengo mucho que decir, y si lo escribo puede llegar a mucha gente. Que salga en la revista, o sin duda en la Internet, pero ¿por dónde empiezo, luego qué sigue y cómo termino?

Siguen los interrogantes: hablo de todo un poco, o solamente de lo mas importante, o de una sola cosa para concentrarme… ¿qué tan largo debe ser un artículo para que se lea? Regla: lo bueno, corto, dos veces bueno; la recomendación general es que tenga entre 700 y 800 palabras, nada más.

Bueno, independientemente de que podemos disponer de enseñanza experta sobre “la escribidera” en los medios, en cursos y libros, sí vale la pena tener presentes varias cosas para escribir el tal artículo, y los que sigan después, “si se le agarra el modo” y nos gusta.

Lo primero es esto último: que nos guste, que sea de nuestro interés, de otra forma salen mal las cosas. Recuerdo la anécdota de un importante empresario neoyorquino, que a solicitud de un diario, escribió con entusiasmo un pequeño artículo, que le fue pagado en efectivo, y muy contento dijo: ¡soy periodista, soy periodista! Y mandó poner en marco el billete. Su artículo salió bien librado… porque era de su interés.

Si se escribe con gusto, y tratando de pasar del lenguaje hablado al escrito, o bien desde las reflexiones en la cabeza, se puede llegar a buen término.

Pero hay algo que precede al proceso de sentarse a escribir, y es el tener algo que decir, algo que valga la pena comunicar a otros, y que resulte de su interés también. No tiene sentido, por ejemplo, sentarse ante la computadora a imaginar sobre qué asunto se hará un artículo.

Lo mismo pasa con un discurso, cuando alguien novato en hablar en público se presenta ante un auditorio (presencial o hasta virtual, por medios electrónicos) y tiene un asunto que le es muy importante comunicar, podrá hacerlo sin mayores titubeos, aunque sea sin plan alguno de exposición, y sin “pánico escénico”.

Así, cuando alguien se sienta a escribir, y tiene las mismas condiciones, podrá escribir “de corridito”, aunque tendrá que hacerlo con más cuidado que si lo hubiera hablado (dicen que las palabras se las lleva el viento, pero lo que está escrito allí seguirá, mientras no lo borren).

Este es el secreto número uno de ser articulista exitoso: tener en primer lugar algo valioso que comunicar, y segundo hacerlo de manera correcta e interesante.

Cuando alguien tiene una responsabilidad organizacional, frente a él llegan y pueden permanecer numerosos eventos, sobre los cuales se forma opiniones, que pueden ser de interés a terceros, y que vale la pena comunicar. Quien posee también alguna responsabilidad ejecutiva, académica o de análisis, tiene también muchas reflexiones, que son materia de comunicación. Lo esencial es distinguir lo importante de lo no relevante, lo oportuno sobre lo que ya no lo es. Esa es la materia del articulista.

¿Cómo estructuro mi escrito? En general, debe tener una entrada, en la que se expone el asunto central, luego se presenta la argumentación, pera terminar con una forma de síntesis y alguna conclusión. Si se empieza sin llegar a ninguna parte, el lector se preguntará ¿y…? es decir, digo de qué voy a hablar, lo argumento o expongo y llego a algo útil para el lector.

Es importante destacar lo mismo que vale para los discursos: una sola idea o tema a la vez, la excelencia de una exposición, oral o escrito es que sea monotemática, respondiendo a la pregunta planteada líneas atrás.

Lo más importante, hay que insistir, es reflexionar muy a fondo lo que se va a exponer, informarse, documentarse muy bien, hacer un plan mental de desarrollo y entonces proceder a escribirlo.

Quiero insistir, uno no puede sentarse frente a la computadora o el cuaderno para ver qué se nos ocurre, cuál será el tema o cómo lo vamos a desarrollar. Vale la pena subrayarlo, lo más importante es lo que sucede antes de escribir (sea artículo o discurso).

Otro aspecto muy importante ya señalado es que el tema a desarrollar sea de nuestro interés, que nos guste, que tengamos muchas ideas al respecto en la cabeza, y hasta notitas escritas, todo ello para que tenga probabilidades de salir bien librado, que no sea insulso, intrascendente.

Hay que respetar la sintaxis, la ortografía, en general la gramática y sus reglas. El no hacerlo resta valor de lo dicho ante personas educadas, que son las que finalmente son capaces de recibir el mensaje. Toda falla distrae la atención y da la idea de que si no se es capaz de cuidar el lenguaje, mucho menos la reflexión.

¿Cómo hago para que llame la atención, cómo lo “nombro”? Este es un punto muy importante al escribir un artículo, ponerle un título que despierte el interés en su lectura, que diga cuál es el tema y que sea corto. Muchas veces de esto depende que el lector potencial no lo pase por alto, que lo lea, en un mundo que abruma con material de lectura de todo tipo, y más con los adictos a leer en Internet.

Hay muchas reglas que aplicar para ser un buen articulista, pero lo principal es tener algo que decir, reflexionar muy bien, escribir cuidadosamente, revisar y volver a revisar. Sólo entonces se envía el escrito a publicación.

Para todo lo demás sobre cómo escribir artículos de opinión, de fondo, editoriales y columnas, hay que leer manuales y asistir a cursos, y más aún meterse en el medio periodístico, convivir con los experimentados y leer muchos, pero muchos artículos.

@yoinfluyo