Una de muchas razones por la cual el común de los ciudadanos tiene una mala opinión de los políticos y por extensión de todos los partidos, la encontramos en el desempeño de los “honorables” diputados. Es un hecho que, consistentemente, encuestas nacionales nos informan que la credibilidad del poder legislativo, diputados y senadores, se encuentra prácticamente en el último lugar de cualquier escala de medición. Por debajo incluso de la corrupta justicia mexicana. ¿Razones? Todas las que se nos ocurran y las que nos falten.

Analicemos: ¿Cuales son los requisitos para ser diputado en México?, la verdad muy elementales. En otros países, como Chile, que culturalmente nos lleva buen trecho, se exige haber cursado la enseñanza media o su equivalente; en México no existe requisito alguno de escolaridad. Teórica y prácticamente un analfabeta funcional puede perfectamente ser electo diputado. ¿Ha escuchado Ud. amable lector, a algunos diputados leyendo penosamente un discurso en el Canal del Congreso? ¿O cuando no les queda de otra y dan entrevistas “de banqueta? es patético su escaso dominio del lenguaje. En Argentina se exige una edad mínima de 25 años, y 4 años de lo que ellos llaman “ciudadanía efectiva”, además residencia real de cuando menos dos años en la provincia que van a representar. En México se piden 21 años y una residencia hipotética de 6 meses en el Estado que pretenda representar.

Y ahora, en la práctica, ¿qué hacen realmente la mayoría de los diputados en México? ¿Cuales son las características de la chamba de diputado, aparte de servir de levantadedos y vociferante carne de cañón en los alborotos del Congreso? .Dentro de una perspectiva cínica lo que le ofrece un partido político a un candidato a una diputación es lo siguiente: -Trabajo sencillo. -Sueldo inicial mayor a $124,000.00 mensuales incluyendo algunas prestaciones, no todas. -Si el sueldo no le agrada puede subírselo a voluntad. -Excelentes y muy prolongadas vacaciones. -Cómodo horario laboral. -Si es notoriamente incompetente no hay problema. -Se permite dormir en el trabajo. -Se permite llegar tarde al trabajo. -Se permite faltar al trabajo. -Puede llegar en completo estado de ebriedad sin mayor consecuencia. -Puede atender asuntos personales en el trabajo. -Amplia posibilidad de desarrollo de acuerdo a la velocidad de flexión de su columna y su carencia de escrúpulos. -Inmunidad frente a las autoridades, puede escandalizar en la vía pública, agredir y golpear policías si intentan detenerlo y de paso, si así lo desea puede orinarse en la calle (ya ha pasado).

En el Congreso existen algunos integrantes muy competentes y altamente calificados, lamentablemente pocos y de ninguna manera omnímodos y omnipresentes. También lamentablemente no son ellos los que toman las decisiones ni determinan la conducción de una bancada. Las órdenes son de unos cuantos, la nomenklatura de cada partido, y la conducción que se ejerce obedece, fatalmente, a criterios inmediatos, de grupo o partidistas, por lo tanto el interés nacional es solo un asunto marginal. Dudo sinceramente que exista alguien tan ingenuo que crea que las decisiones que toma un partido sean por interés público, y resulta insultante para la inteligencia de los ciudadanos el que funcionarios partidistas pretendan hacernos creer semejante embuste. Las grandes decisiones de las cámaras son partidistas, con propósitos a corto plazo, por lo general destinadas a golpear y obstaculizar el desempeño del titular del Ejecutivo. ¿El motivo?, el único válido para ellos, el Poder. Eso explica, entre otras cosas, las extrañas alianzas que campaña tras campaña vemos entre partidos hipotéticamente antagónicos. La ambición los hace iguales.

¿Que futuro nos espera con un congreso integrado por una gran cantidad de mediocres incondicionales a su jefe de grupo? Simulación y más de lo mismo.

Mal asunto.