El actual incidente en que se ha visto involucrada la periodista Carmen Aristegui sirve, entre otras cosas, para reflexionar un poco sobre lo que es, y lo que debiera ser, el verdadero periodismo. Recordemos unos cuantos detalles elementales; existen varios tipos de periodismo, dentro de estos encontramos el periodismo de reporteo, con noticias sucintas apoyadas en datos verificables, y el llamado periodismo de opinión, donde en periodista va mas allá de la noticia, dándole a la misma el sesgo que a su interés le convenga (o al de su patrón) , ese tipo de periodismo, el de opinión, es el que se presta para las mayores distorsiones de las noticias, amparados en una “libertad de expresión” que cómodamente interpretan a su manera. Muchos, como Aristegui, La Jornada y Proceso han encontrado el filón de oro, decir solamente lo que saben que sus lectores desean leer o escuchar.
Así las cosas, tenemos el reciente sainete protagonizado, una vez mas, por esa “Pasionaria” (investigar epíteto) del periodismo mexicano cuando, por sus pistolas, y sin conocimiento de sus patrones, toma una decisión que afecta directamente a la empresa que le paga (cuando menos el sueldo visible).
Que la ética de la señora Aristegui es, por lo menos, cuestionable, no hay duda y la reacción de una buena parta de las llamadas “redes sociales era previsible. En lo personal poco le creo a doña Carmen, ¿Razones? hay un largo listado, enuncio algunas:
Su reiterado uso, realmente ad nauseam de los siguientes asertos: a) La información la recibimos de fuentes anónimas. b) La fuente que nos reveló desea guardar el anonimato para evitar represalias. c) Nuestras fuentes anónimas nos han confirmado.
Estas tres frases Carmen las ha utilizado infinidad de veces, en infinidad de supuestos trabajos de información. Es el mismo modo de trabajar de otro gurú del periodismo, colaborador cercano a ella en lo que respecta a notas relativas al presidente de la República, Jenaro Villamil; este personaje es otro de los periodistas que basan todas sus investigaciones en “fuentes anónimas” totalmente imposibles de verificar. Solo teniendo la fe del carbonero es posible creerles a estas personas
Concluyo; no le creo a Aristegui, ¿Razones?. Existe un verdadero catálogo de falsedades en su repertorio. Recordemos, rápidamente, solo algunos.
El caso de la grabación del llamado “niño verde” Jorge Emilio González Torres, en que un empresario le ofrecía dos millones de dólares por gestionar un permiso ambiental en Cancún. Ese video lo transmitieron Aristegui y Javier Solórzano por Televisa, donde trabajaban entonces, gran noticia, salvo por un detalle, los periodistas pasaron sólo una parte del video, la que contenía el ofrecimiento, y omitieron la respuesta, que fue el rechazo al soborno. Video editado a conveniencia. Así de sencillo.
El sonado caso de la anciana de Zongolica, Veracruz, que según afirmaba Aristegui murió por una violación tumultuaria y traumatismo cráneo encefálico provocado por miembros del Ejército, y después la investigación de la CNDH, encabezada por José Luis Soberanes, dictaminó que la señora Ernestina falleció por causas muy distintas.
Aristegui dio por bueno el rumor de Gerardo Fernández Noroña sobre el supuesto alcoholismo de Felipe Calderón (lo que era y es falso), y a través de MVS emplazó al entonces Presidente a aclararlo públicamente. La corrieron por violar el código de ética, pero luego los dueños metieron reversa.
Inolvidable para lo que no tengan memoria selectiva fue la actitud de Aristegui, cuando trabajaba con Solórzano y Pedro Ferriz en MVS, ante la mentira fraguada entre Los Pinos y Ferriz sobre una cuenta de cinco millones de dólares de Julio Scherer en Nueva York. Carmen, por orden judicial, tuvo que desdecirse al aire.
Finalmente una realidad, Aristegui, mas que seguidores, tiene aguerridos fanáticos, y con ellos no hay lugar para razonar. Que Ala y el gran Manitú los acompañe en sus creencias.
Alejandro Vázquez Cárdenas
[email protected]
























