Todos opinamos sobre el tema del combate al narcotráfico, algunos están a favor y otros en contra de la forma como el presidente Calderón lo ha enfrentado, muchos hablan en forma que a mí en lo personal me parece absurda de “los muertos de Calderón”, como si el presiente fuera el responsable de los enfrentamientos entre las bandas de criminales que son los muertos que se contabilizan por mayoría.
Pero no sé si con seriedad nos hemos preguntado si como sociedad tenemos algo que hacer en este capítulo que a todos nos atemoriza y a modificado nuestra forma de vida, y nos parece difícil vernos organizando brigadas armadas o tomando cursos de defensa personal y manejo de armas, o contratando a personal para cuidarnos y cuidar a la familia si dispusiéramos de recursos para hacerlos.
Entonces tal parece que el único recurso que nos queda sería rezar, recurso por cierto más poderoso de lo que muchas personas se imaginan. Pero creo que además de lo anterior debemos analizar un poco en conciencia si podemos hacer algo a favor de la seguridad, y es más, si a lo mejor somos parte de la generación del problema que estamos viviendo.
No pretendo, ni podría hacerlo encontrar y descifrar todas las causas que nos han llevado a este abismo de violencia e inseguridad donde la vida como dice una canción “no vale nada” para muchas personas, pero creo que la raíz del mal se desarrolla en gran medida en el cambio de vida y manera de pensar de nuestra sociedad y de la desintegración familiar, además de la corrupción arraigada que se ha venido arrastrando desde hace muchísimos años en las esferas del gobierno.
El primer punto es la pérdida del sentido del respeto a la vida, del valor trascendental de la persona por ser el hecho mismo de ser persona, pero más aún por ser hijo de Dios, y este sentido de Dios que se pierde en una sociedad “orgullosamente laica” desemboca en grandes males .El pretendido derecho al aborto que han fijado varias legislaturas y el manejo que dan a este tema la mayoría de los comunicadores va permeando y la vida va pasando a ser en el subconsciente de muchos algo ya con un valor relativo.
Por eso nuestra primera contribución a la prevención de la violencia debe ser inculcar en nuestra familia que la vida es un don de Dios y debe ser espetada desde el momento de su concepción, por lo que la sexualidad que es el medio mediante el cual se genera una vida no es algo del que yo soy dueño absoluto, sino que está ligado su uso a la responsabilidad del sexo como parte del matrimonio y no pretender que sexo responsable es tener un preservativo a mano.
Otro punto que hemos descuidado como padres en la formación de los hijos es el sentido de la justicia y la caridad que nos obliga como personas y sociedad a trabajar para lograr un desarrollo de una sociedad donde una sana economía produzca fuentes de trabajo suficientes y con una remuneración digna. Muchas veces hablamos a los hijos de sus derechos y pocas de sus deberes, nos enfocamos a buscarles escuelas de prestigio que les permitan en el futuro tener puestos muy bien pagados, pero no los concientizamos de su deber de luchar en donde quiera que estén por los menos afortunados.
Este desbalance social es una de las fuentes que alimenta la frustración y el descontento de muchos que son fácilmente reclutados por las bandas criminales que ofrecen condiciones superiores a las que se consiguen en la mayoría de los trabajos.
Pero el mercado de drogas existe porque hay quienes las consumen, tristemente antes solamente éramos una ruta de paso, pero hoy en día hay un mercado local muy atractivo formado en gran parte por jóvenes de clases medias y pudientes. Este tema llama a una seria reflexión sobre el papel que estamos desempeñando las familias, pues el que se consuman drogas habla de una frustración y desorientación en la vida de los jóvenes porque de alguna manera estamos fallando en su educación, les falta en muchos casos presencia de los padres y manifestaciones de amor, les faltan ideales y les falta sentido de trascendencia y sobre todo en una gran mayoría les falta fe en Dios.
En el vuelo a México su santidad Benedicto XVI decía: “Nuestra gran responsabilidad es educar las conciencias, educar la responsabilidad moral. La base del combate al narcotráfico debe ser, sugirió el Papa, reemplazar los falsos valores para enfocarse en el infinito de Dios”.
Y los ciudadanos de a pie tenemos también el deber de plantear y manifestar por los medios electrónicos a todos esos comunicadores que combaten los valores familiares y morales, así como a los políticos que promueven leyes perversas nuestra firme oposición a sus comentarios y a sus propuesta legislativas, porque si permanecemos tan sólo en la crítica de café estamos incurriendo en una gravísima responsabilidad.
Tenemos que luchar también por la reintegración de la familia y la visión de que educar a un hijo es formar a un hombre y a una mujer que serán personas plenas que difícilmente de dejarán seducir por las drogas o por quienes invitan a buscar la felicidad mediante la riqueza obtenida con la violencia.
Como podemos ver los padres de familia y todos los simples ciudadanos tenemos un enorme campo de participación donde podemos aportar nuestra actuación en el combate y la prevención de la violencia y el narcotráfico, aquí he mencionado unos cuántos campos de acción pero seguramente a ustedes, estimados lectores se les estarán ocurriendo otros muchos, tomemos conciencia y actuemos aunque los resultados se vean a un largo plazo.
























