La discusión que en los últimos tres meses se ha dado en el Congreso de la Unión ha dejado al descubierto, no los acuerdos semiocultos entre el que por fortuna ya se va de Los Pinos y el que llega a la residencia del Bosque de Chapultepec, sino la simulación en el acuerdo o compromisos verbales sostenidos entre senadores del partido Acción Nacional y los del endeble bloque conformado por PRD, PT y Movimiento Ciudadano, organizaciones políticas, éstas tres últimas, que muchos ciudadanos consideramos convergen en una ideología izquierdista.
Ahora bien, si fuese verídica esa convergencia y en realidad los legisladores que concurrieron en esa efímera “alianza“ fuesen verdaderos militantes tanto de un partido de derecha como su antagónico, tendrían plena claridad en que son pocos los vértices que juntan a la izquierda y a la derecha políticas y menos aun las posibilidades reales, o serias, de conformar un bloque opuesto a la suma de partidos Revolucionario Institucional, Verde Ecologista y del Partido Alianza Nacional, que no fuera otro que hacer respetar los principios constitucionales vigentes, nos cuadren o no.
Por eso me parece muy ingenua, o de principiantes políticos, las declaraciones recientes, ente otros, de Jesús Zambrano, presidente nacional del PRD, en el sentido de que la conducta reciente tenida por el PAN en la Cámara de Diputados, dificultará en el futuro próximo, cualquier alianza con ese partido.
Por otra parte, cabe señalar que la discusión que hasta el cansancio hemos escuchado, visto o leído en los diversos medios de información durante los últimos tres meses, deja en claro solamente la pobreza operativa del Poder Legislativo Federal, su bajo nivel discursivo, la conducta inocente y la incapacidad legislativa de muchos de los diputados y senadores, pues en forma genérica, y me atrevo a asegurarlo, los ciudadanos en lo general no teníamos duda alguna de que la iniciativa de la reforma laboral enviada por Calderón con el carácter de urgente o prioritario, se llevaría a cabo, tal como aconteció.
En discusiones recientes un grupo de “ingenuos políticos” entre los que me encuentro, considerábamos que la reforma constitucional en comento, se daría como respuesta natural a la poca oferta laboral que se presenta (como resultado del avance tecnológico universal, avance que ha robotizado la operación de la industria en lo general y que en consecuencia, no requiere de la mano de obra excedente. Otra parte importante que llevó a la aprobación de referencia, es la necesidad de normalizar lo que desde hace algunos años ha sido práctica aceptada y tolerada apor las propias autoridades del ramo y es, contratación, por empresas intermediarias, de personal que incluso, terminan como operarios en diversas oficinas y dependencias del gobierno federal.
Independiente de lo anterior, ha quedado más que demostrado en los últimos doce años, que si la izquierda quiere alcanzar el poder político en México, los partidos de esa ideología deben de terminar con sus discusiones bizantinas tanto internas como de las que, por rutina, han sostenido tanto en el Congreso de la Unión como en la vida diaria.
Un error fundamental en ellos, que impide y retrasa la toma del poder, es y ha sido su antiética conducta que los ha llevado al desprestigio y a los infinitos pleitos.
Si hubiera realmente conciencia de la grave crisis nacional e interés y voluntad de un cambio político, diputados y senadores del bloque de “izquierda” ya hubieran comenzado un trabajo de fondo, tanto en el seno de sus propios partidos como en el propio Congreso de concientización filosófica sobre los grandes males del país y por consecuencia el trazo de una ruta crítica, sin apartarse de la misma, que induzca a la gente a incorporarse a sus institutos políticos y tener así una mayoría demostrable, que nos permita alcanzar el objetivo trazado.
Para mayor claridad, hay que insistir en que para hacer un buen pastel, o preparar un buen banquete, se requiere que los condimentos sean de primera clase y, por eso, para hacer buenas leyes, esencialmente se tiene que contar con buenos legisladores; es decir, con excelentes ciudadanos que sean conscientes de sus propios principios ideológicos, de la necesidad urgentísima de respetar los principios constitucionales estatuidos, que con mucha frecuencia son violados, y de analizar con detalle cuál es el camino que se debe seguir para predeterminar a los que deben ir a trabajar arduamente en los diferentes poderes del Estado.
Finalmente, el cambio en México que las gran masa requiere, pasa necesariamente por contar con los mejores ciudadanos, hombres o mujeres. Dejar atrás los vicios de escoger o reelegirse en automático; los debates que a nada conducen y cambiar al Congreso para que deje de ser una vecindad de chismosos.
























