Primero una precisión, “relativismo” en Filosofía, es un término que posee distintos significados. En teoría del conocimiento, se entiende por relativismo la imposibilidad de que existan verdades absolutas; al no existir éstas, sólo se puede conocer en forma relativa al contexto y circunstancia de esas verdades. Si entramos en el terreno de la ética, el relativismo supone que no es posible considerar algo que sea bueno o malo absolutamente; es decir, que no hay referencias absolutas para la bondad o la maldad: éstas siempre dependen de determinadas circunstancias.

Y ¿qué tiene que ver el relativismo con el periodismo? Veamos, en México el periodismo que normalmente se practica, a grandes rasgos, puede dividirse en periodismo de reporteo y periodismo de opinión analítica. El primero se limita a simplemente a informar, y hacerlo lo más objetivamente posible. El segundo va mas allá de la noticia, pues pretende influir y orientar la opinión de los lectores; aquí importa, y mucho, el fondo y la forma.

En el periodismo mexicano actual encontramos de todo, desde el periodismo serio, honesto, que invariablemente busca confirmar una noticia antes de publicarla, hasta el periodismo panfletario que por su falta de rigor periodístico raya en lo criminal.

Este periodismo panfletario, que también podríamos llamarlo “periodismo faccioso” es más frecuente de lo que nos imaginamos. Es un periodismo que se escuda bajo el disfraz de “libertad de prensa”, libertad que usa no para informar, sino para calumniar a quienes no piensan como ellos. Es un periodismo que cierra los ojos ante la corrupción y contradicciones de sus correligionarios y patrocinadores. Es básicamente un periodismo que falsea, encubre, sesga, matiza, o de plano miente si así le resulta conveniente. Periodismo, en fin, que no informa y sólo contribuye a la polarización de la sociedad.

El mejor ejemplo de lo anterior lo vimos los últimos meses del pasado año con el manejo que diversos medios dieron al caso de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos y eliminados por narcopolíticos del PRD de Guerrero y sus sicarios. Cualquiera que haya tenido la curiosidad de revisar varios periódicos nacionales pudo darse cuenta del extensivo uso del llamado “sesgo por omisión” para presentar una sola cara del problema.

Muchos políticos, sus periódicos y amanuenses afines, sobre todo los de la autodenominada “izquierda”, verdaderos maestros del relativismo moral, han adquirido gran destreza en el arte del relativismo creando “realidades alternas”, induciendo a las masas a una fantasía aparentemente razonada.

Goebbels, ministro de Propaganda del III Reich, sabía como nadie de relativismos morales. Resumo a continuación algunos de sus principios doctrinales para que Ud. culto lector, los contraste.

1. – Principio de simplificación y del enemigo único: Individualizar al adversario (“La mafia del poder”).

2. – Principio de la exageración y desfiguración: Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave. (Tarea del periodismo panfletario)

3. – Principio de la vulgarización: “Toda propaganda ha de ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa”

4. – Principio de orquestación: “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, siempre convergiendo sobre el mismo concepto.”. De aquí viene la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”

5. – Principio de la verosimilitud: Construir mentiras a partir de fuentes diversas, a través de información fragmentaria (a los normalistas los mato el Estado).

6. – Principio de la transfusión: Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios: “La patria no se vende, la patria se defiende”

7. – Principio de la unanimidad: Hacer creer que piensan “como todo el mundo”, fabricando una falsa impresión de unanimidad.

El fin último de este periodismo es engañar al ciudadano y criminalizar al adversario. Y es tarea de cada lector detectar quiénes son, en nuestro medio, esos profesionales del odio, maestros de la mentira y la desinformación, servidores del periodismo que avala y justifica la violencia.