La noticia de ninguna manera es novedad, basta abrir cualquier periódico nacional o local, buscar los artículos de opinión y complementarlos con la llamada “nota roja”. La violencia, la inseguridad y el funcionamiento del “aparato de justicia” en México no han mejorado durante los últimos sexenios.

La delincuencia no cede terreno, constituyéndose ya en uno de los problemas sociales que más están afectando a la sociedad mexicana. La poca o nula efectividad de nuestro sistema de seguridad para consignar y castigar a los delincuentes, así sean los reportados en flagrancia, en vivo y en directo, como es el caso de los violentos y agresivos émulos de Atila conocidos como “normalistas” “Ayotzinapos” y los “maestros” de la CETEG o de la CNTE, ha generado un ominoso ambiente de impunidad, el cual ha llevado a que las actividades criminales prosperen en detrimento de la seguridad de los ciudadanos.

La impunidad atenta contra el bienestar social y el desarrollo del país. Los costos de la delincuencia para la sociedad superan el 1% del PIB y sospecho que es más alto; las actividades delictivas, en términos económicos, constituyen una opción muy rentable.

El trabajo de las autoridades en el combate de la delincuencia, hasta ahora no ha rendido beneficios visibles. El control de la delincuencia demanda, por una parte, cuerpos policiacos honestos, mejor preparados, con capacidad de llevar a cabo labores de inteligencia que hagan eficiente la captura de criminales, así como una mejor integración de las averiguaciones previas por parte del Ministerio Público. Por la otra, es necesario que el Poder Judicial y el Poder Legislativo homologuen los códigos penales del país y aumenten los castigos para delitos similares en toda la república, con el fin de mejorar el efecto preventivo del sistema de seguridad pública en México y se desaliente la actividad criminal.

Aquí encontramos el primer gran problema, nuestra policía no tiene mucha capacidad para investigar, y algunos de plano afirman que el policía promedio ni siquiera es capaz de averiguar por que lado sale el sol ¿Exageración? Puede ser.

Un funcionamiento inadecuado, por decirlo amablemente, del sistema de seguridad pública, ineficiente persecución de delincuentes y/o decisiones judiciales no apegadas a derecho, favorece la incorporación de individuos en actividades delictivas. Si en México el índice de impunidad es cercano al 95% podemos entender que el delincuente apuesta sobre seguro a quedar impune. Si a esto agregamos que la idea generalizada, no sé si cierta o no, de que los jueces no son precisamente un modelo de virtud, podemos entender el severo problema que tiene México. En otras palabras, la decisión de participar en actividades legales o ilegales dependerá de cuál de estas produce mayores beneficios netos. Con base en lo anterior, los individuos cometerán un crimen si los beneficios de hacerlo son mayores a sus costos.

Existen datos interesantes que considerar; primero, el tamaño del “botín” resultado del delito, depende del tipo de crimen; por ejemplo, es más probable que la ganancia sea mayor en el tráfico de drogas que en el asalto en la vía pública. Segundo, los costos asociados al crimen dependen de la dificultad para llevarlo a cabo. Los asaltos bancarios requieren armas y un automóvil, mientras que el asalto a transeúntes puede realizarse con un simple cuchillo.

Tercero y al parecer lo más importante; el salario que podría obtenerse trabajando en actividades legítimas y que depende de la disponibilidad de puestos de trabajo y del nivel salarial esperado. Evidentemente, oportunidades de trabajo limitadas o mal remuneradas contribuyen a incrementar los beneficios de participar en actividades criminales. Cuarto, la probabilidad de ser arrestado y castigado depende tanto de la efectividad de la policía como del sistema judicial, que en México es bajísimo, casi nulo. Por lo tanto la percepción sobre la probabilidad de ser arrestado y sentenciado, junto con la escasa severidad de la pena asociada a la sentencia, determinan en parte el comportamiento criminal.

Conociendo lo anterior, es evidente que a México le urge implementar un nuevo modelo de procuración de justicia, con policías eficientes, inteligentes, bien pagados, honestos y trabajadores; unos MP muy bien preparados, honestos, íntegros e inmunes al soborno, jueces inteligentes, justos, laboriosos e insobornables.

Conclusión: Nada de lo anterior es posible. Seguiremos con nuestra tragedia por varias generaciones. Solución: Quien tenga y pueda, que se vaya del país. “No hay amanecer en esta ciudad”. (Héroes del Silencio dixit)