Los recientes y trágicos acontecimientos en Guerrero, ya de todos conocidos, han golpeado, en mayor o menor grado, la conciencia de los mexicanos. El asesinato de un grupo de estudiantes de la conocida Normal de Ayotzinapa, que se dirigían a Iguala a sabotear un evento, en cuatro autobuses robados, como ha sido su costumbre, y después de golpear a uno de los choferes que se resistió a entregar la unidad, como también es su costumbre. El asesinato, aclaro, fue ejecutado con premeditación y sangre fría por un grupo de sicarios de uno de los tantos grupos de delincuentes ligados al narcotráfico, masacre realizada bien sea confiando en que no pasaría nada dada la proverbial impunidad existente en Guerrero y en México, o bien en la protección que les darían los altos jefes policiacos y políticos que manejan el crimen organizado en el Estado, mostró la parte más sucia de un régimen penetrado hasta la médula por la corrupción y la delincuencia.

El grupo político que saca la peor parte, es, sin duda alguna, aquel al que pertenecen los mandos municipales y estatales de Guerrero, el PRD, partido que postuló tanto a José Luis Abarca, el impresentable presidente municipal de Iguala, su señora esposa, así como a Ángel Aguirre, Gobernador perredista del Estado. Para empeorar las cosas, ya conocida la evidente la participación del gobernador en el desastre de Guerrero, el PRD se entercó en defenderlo a como diera lugar, y cuando era más que evidente su complicidad, aún tuvo la desatinada idea de querer convocar a una consulta estatal para decidir si se quedaba o salía.

Tardíamente, y de malas, la tribu perredista que impuso tanto al presidente municipal de Iguala como al Sr. Aguirre salió a pedir disculpas por la actuación de sus funcionarios. Ya para entonces tanto el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas como Jesús Zambrano habían recibido insultos y agresiones en actos públicos, “asesinos” fue lo más decente que les gritaron.

Los malquerientes de Peña Nieto, que abundan en algunos medios, han visto en esta tragedia una oportunidad para golpear al Presidente, pretendiendo achacarle la responsabilidad total, cerrando los ojos a la más elemental de las realidades, todos los actores políticos responsables pertenecen a ese partido hipotéticamente de “izquierda” que es el PRD. Quien defendió hasta los límites de ignominia al Gobernador Aguirre fue el PRD. Así de sencillo.

En diversas ocasiones he comentado, que etiquetarse como intelectual, político, partido o gobierno de “izquierda” es algo que, en la actualidad es demagogia pura. No hay, en la práctica, una “Izquierda” como tal; existen personajes y partidos que se autonombran como “de izquierda”, signifique eso lo que signifique pues dentro de la etiqueta de izquierda caben infinidad de doctrinas, como el trotskismo, maoísmo, polpotismo, stalinismo, eurocomunismo mas un largo etcétera. Todas y cada una de ellas se consideran las únicas, las verdaderas, las auténticas izquierdas, las dueñas de la verdad, y todas las demás izquierdas son falsas, revisionistas o desviacionistas. Al parecer ser de izquierdista conlleva en su genética el portar el gen de la división y la intolerancia.

Actualmente decirse de izquierda no significa nada. Es usar un desfasado léxico, es, en palabras llanas, demagogia pura destinada a consumo de un pueblo deseoso de creer en algo.

En lo personal nunca he tenido un buen concepto de la mayoría de los autodenominados “izquierdistas”, sean estos políticos, simples simpatizantes o supuestos intelectuales. Salvo escasas excepciones, que puedo contar con los dedos de una mano, los supuestos izquierdistas que conozco son simples oportunistas y demagogos.

En el caso de los partidos políticos nacionales surge una inquietud, ¿Alguno de ellos es de izquierda? Pues solo que esta “izquierda” se caracterice por su incongruencia y un cínico pragmatismo que los lleva a postular a individuos de negros antecedentes, solo por que pueden garantizar una buena votación. Ejemplos sobran.

Actualmente estos partidos no desarrollan un verdadero y articulado proyecto de nación, mas bien muestran una forma de capitalizar para sus grupos los beneficios presupuestales. Y lo más grave, al escuchar a sus santones vemos que no existe voluntad democrática, sino la imposición radical de sus puntos de vista.

Alejandro Vázquez Cárdenas
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