En México el Presidente de la República es Jefe de Estado y de Gobierno, por lo cual su actuar demanda un sólido liderazgo y habilidades de conducción política y económica, así como un alto compromiso social. A los problemas públicos no basta conocerlos y diagnosticarlos, se requieren medidas y acciones para atenderlos y resolverlos. El liderazgo Presidencial implica carácter y capacidad ejecutiva, para darle rumbo al país y generar la confianza colaborativa de los ciudadanos.
La tradición de informar en los primeros 100 días, surge en Estados Unidos con el Presidente Roosevelt al enfrentar problemas públicos y una crisis de gran envergadura en aquella nación, generándose también la apertura de información y la transparencia de las acciones como mecanismos correctivos y a la rendición de cuentas y la fiscalización como métodos de valoración y de responsabilidad pública.
Mi convicción sobre la necesidad de un Estado fuerte y que rinda cuentas, me recuerda cuando ante el Pleno de la Cámara de Diputados Federal fijé el posicionamiento de mí bancada para la aprobación de las reformas constitucionales para la creación de una “Entidad Superior de Fiscalización de la Federación”, la Auditoría Superior de la Federación. Expresé: “en consulta reciente a la sociedad mexicana, ésta demandó reiteradamente mayor contenido de valores… por el malestar provocado por los excesos de corrupción y la ofensiva impunidad”. Agregué: “propugnamos por las reformas constitucionales… para satisfacer la demanda de la sociedad mexicana de propiciar certidumbre y confiabilidad”. Las reformas constitucionales se aprobaron y nos dimos a la tarea del diseño de la Ley de Fiscalización Superior de la Federación.
Ahora, en un México diferente y con una sociedad más atenta y exigente, se tiene la oportunidad de construir un nuevo marco legal y más sólido para contener la alta sangría de gasto a los ciudadanos, las escandalosas fugas al gasto público y las inhabilidades de los responsables de la gestión gubernativa. Hacerlo de manera sólida es contribuir al robustecimiento de nuestra imagen como un país y Estado fuerte ante la globalidad, pero básicamente a sentirnos más satisfechos y confiados como sociedad ante la utilización e inversión de los recursos públicos.
Proponer la consolidación y restauración de un orden Republicano, restaurando la concatenación del Ejecutivo y el Legislativo, implica procesar reformas tanto de carácter constitucional como de leyes secundarias y así conminar al orden estatal y municipal a actuar cohesionadamente y en armonía con la Federación.
Debe considerarse la percepción levantada por Mitofsky sobre la figura del Presidente Enrique Peña Nieto, en relación al lapso de principios de febrero y el Informe de los Primeros 100 Días, pues sube 6.6 puntos. En el mismo lapso se percibe un rumbo correcto en 41% y para los cien días se ubica en 53%, lo cual le permite al Jefe de Estado y de Gobierno estar en condiciones de aceptación social sobre sus acciones emprendidas y continuar buscando los concesos necesarios para hacer realidad las reformas pendientes, los compromisos de campaña y los acuerdos establecidos en el “Pacto por México”.
El Estado fuerte inicia en la figura de un liderazgo sólido, pero es sobre todo una necesidad de la nación y una posibilidad en manos de todos nosotros. Profundizar en las acciones y cumplir compromisos y acuerdos nos favorece a todos, sigamos avanzando.
























