Es una frase que ya se ha convertido en clásica. Y a fuerza de repetirla hasta la saciedad para mucha gente ya casi suena a realidad. Aunque ni de lejos se pueda asemejar a algo verídico. Lanzar una frase así es algo gratuito, falto de rigor y, sobre todo, de experiencia, aunque de eso últimamente parezca que no hace falta poseer demasiada. La experiencia de una persona en un oficio determinado parece haberse convertido incluso en un hándicap, cuando ha sido hasta hace muy poco el requisito imprescindible para poder evaluar el perfil de un candidato. Una de las primeras preguntas que le hacía un entrevistador a un aspirante a un puesto de trabajo ‘x’ era habitualmente: ¿Qué experiencia tiene…? Y lo cierto es que, para muchos puestos concretos sigue siendo un requisito imprescindible, como no podía ser de otra manera. Para puestos determinados deseamos, exigimos y preferimos personas con un buen nivel, conocimiento y experiencia en el puesto ofrecido. La persona en cuestión se puede vender gracias a sus conocimientos adquiridos, así como por su experiencia ganada con los años.

Llegados a este punto, muchos de los lectores (y según su sector laboral) podrían pensar que lo que acabo de explicar es evidente y carente de interés. Considerar a una persona para un puesto determinado según su conocimiento y experiencia es la primera condición para poder considerarla apta e idónea para ello. Y calculando que si para la mayoría de las personas a las que les preguntáramos la respuesta sería más o menos parecida todavía llama más la atención cómo en determinados sectores ese conocimiento y esa experiencia carecen absolutamente de valor. Sin ir más lejos eso es lo que ocurre en el mundo de la hostelería. Ser camarero se ha convertido en algo que ya no pocos valoran, sino que, además, cualquiera se siente capacitado para realizar, como también muchos empresarios del sector están convencidos que para ser camarero sirve cualquiera.

Y yo me pregunto: ¿Cualquier sirve para camarero? ¿De verdad alguien puede estar convencido de eso? Propongo un pequeño ejercicio de imaginación. En la viñeta de la portada, un camarero alza una bandeja con una botella y varios vasos mientras con la otra mano es capaz de leer un libro al mismo tiempo mostrando además una sonrisa al hacerlo. Se le ve confiado y seguro de sí mismo. ¿Es una ilusión? Para nada. Para aquel que sepa manejar una de esas bandejas repleta de vasos y/o botellas la dificultad de usar la otra mano para, por ejemplo, leer un libro, es meramente anecdótica. No sólo podría leer un libro sino que se le podrían ocurrir mil cosas que hacer a la vez. Porque el uso de la bandeja no le provoca ningún contratiempo. Alguno ahora puede pensar: ‘Eso ocurre porque es un profesional’. ¿Y qué es un profesional? Alguien que ya tiene una trayectoria contrastada en el medio en el que trabaja. ¿Y cómo se consigue dicha experiencia? Lógicamente, con la práctica y con el paso del tiempo. Preguntas y respuestas lógicas que se pierden en el desagüe del fregadero cuando el debate consiste en considerar a alguien para el puesto de camarero o camarera.

Al llegar a ese punto todo cambia. Da igual si tiene experiencia. Comenzamos a escuchar entonces otros requisitos o capacidades que se convierten como por arte de magia en mucho más importantes que el conocimiento o la experiencia. Me estoy refiriendo a la imagen, la belleza o la actitud… Aptitudes que no carecen de importancia pero a las que se les podría considerar secundarias. Quizá son sólo excusas y la verdadera razón para elegir una persona que no tiene experiencia alguna para desempeñar un puesto como camarero radique principalmente en que como le van a dar un sueldo ridículo y unas condiciones laborales que nadie aceptaría a no ser que estuviera muy desesperado, pues bastante tendrán con encontrar personas que estén encantadas con la oferta de trabajo y accedan a ello como para ponerse a buscar a alguien que esté sobradamente preparado/a para el puesto en concreto. Además da igual si están capacitados o no para el puesto porque tampoco ningún cliente se va a quejar de ello.

“Aprendemos de la experiencia que los hombres nunca aprenden nada de la experiencia.”

(George Bernard Shaw)

 

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Lo más curioso del asunto es que una vez dentro, uno se puede dar cuenta de que da igual tener experiencia o no, puesto que el sueldo va a ser el mismo para el que la tiene como para el que no. Sin olvidar que al que la tiene se le exigirá más por ello y se le encargará que vaya enseñando sobre la marcha a los demás, mientras que si puede desempeñar otras funciones añadidas también será bienvenido, pero sin que represente por ello un aumento de salario. La jugada es redonda. Y muchos incluso la pueden considerar ‘de listos’. Ese es el principal problema del asunto: la cantidad, cada vez mayor, de listos…

Como representante de este sector durante tantos años este tema siempre me ha tenido la mente ocupada, puesto que nunca he llegado a entender porqué sucede. He preguntado a muchas personas ajenas al sector sobre ello, pidiendo que me dijeran qué piensan cuando van a un local de hostelería (ya sea de bebidas o de alimentación) y el servicio carece por completo de la experiencia mínima para desempeñar sus funciones. Las respuestas han sido variadas, pero la mayoría coincide en quejarse por ello, porque aunque ajenos al sector, son suficientemente válidos para valorar la capacidad y el conocimiento de una persona que desempeña un puesto así. Pero, aunque la mayoría se queje, esos locales siguen siendo frecuentados por muchas personas, con lo que parece que el asunto no es realmente importante como para dejar de visitar dicho establecimiento. La conclusión parece evidente: quizá es que no hacen falta esos ‘profesionales’ y cualquiera puede servir para ser camarero, al menos a la mayoría tampoco les importa demasiado.