Conocer el árbol genealógico de nuestras familias nos permite tener claridad respecto a la gran enramada de la cual provenimos, descubrir nuestras raíces, conocer los nombres de quienes nos antecedieron, sus adversidades, dolores, alegrías y sus motivos de orgullo, asimismo, sus logros y conquistas que, hayan sido personales o públicas, los forjaron y que son acontecimientos que como un valioso legado, abonan a la persona que somos.
Robin Lohman, autor de Los siete regalos de la memoria, Editorial Urano, explica que los acontecimientos personales e históricos se pueden abordar desde la vía cronológica y también temática. En el primer caso, se comienza con el recuerdo más temprano y se observa la vida en sucesión hasta el presente, en el modo temático, la vida se divide en ámbitos, como familia, profesión, aficiones, etcétera, y a partir de esta perspectiva le damos significación a aquello que tenemos en nuestro recuerdo.
En el caso de la familia, en esa enredadera que llega a conformar el árbol genealógico encontramos recuerdos en ambas vías que pueden alimentarnos emocionalmente de modo positivo y además, generar una firme inspiración.
Interiorización de los recuerdos
“Mi padre ha logrado romper más de una vez el pronóstico sobre lo que era capaz de lograr. Él es el octavo hermano de diez y aprendió desde pequeño que la muerte era algo que sucedía todos los días, perdió a sus padres antes de cumplir los 10 años”, comparte Eugenia y agrega: “Quizá los vaticinios sobre el futuro de él y sus hermanos no eran prometedores, al paso del tiempo, afortunadamente, no fue así y por el contrario, todos tienen un entrañable y conmovedor testimonio de vida, y en el caso de mi padre, sus hijos encontramos logros y glorias personales que nos enorgullecen”.
Robin Lohman afirma que, las fases de una vida pueden estar determinadas y separadas por sucesos importantes en el plano personal, y que esos acontecimientos pueden ser exteriores, es decir, sucesos como el cambio de residencia o empleo, o bien interiores, como son el cambio de actitud, desarrollo de nuevos intereses, entre otros, por lo que, al hacer un breve recuento del paso de los años, nos podemos encontrar con que entremezclamos las naturaleza de los eventos que percibimos como etapas.
Es por esta razón, por la que cuando volteamos a ver la historia familiar en relación a la personal, podemos percibir el impacto de eventos que han alcanzado a tocar nuestra vida emocional con gran fuerza y que incluso, sin ser nosotros los protagonistas, tienen un gran significado y han marcado una etapa.
Eugenia comparte que el primer gran logro que recuerda de su papá y que ha sido significativo para ella fue verlo terminar un maratón, “tenía 7 años cuando lo hizo la primera vez, lo esperamos en la meta mi mamá, mis hermanos y yo, la distancia me parecía inimaginable, ¡42 kilómetros y 195 metros!, lo recuerdo corriendo, con una sonrisa, cansado, quizá hasta agotado, pero feliz”, -hace una pausa y continúa- “Ahora, de la mano de su nieta y con 69 años de edad, él llegó con esa misma sonrisa a la defensa de su tesis de titulación de grado de Doctorado, y como aquella vez, mi mamá mis hermanos y yo, orgullosos de su esfuerzo y de su camino recorrido, esperábamos verlo terminar algo que se había propuesto hacer, y ver esto en mi padre ha moldeado mi historia personal”, finaliza.
Robin Lohman afirma que, en el curso del tiempo se han utilizado muchas metáforas para describir esos capítulos de vida definidos individualmente, y que pueden ser acontecimientos, decisiones o puntos de inflexión importantes que nos abren paso a la siguiente fase.
Es incalculable la riqueza de recuerdos de quienes conforman nuestro árbol genealógico, que lleno de memorias y biografías, pueden hacernos fuertes e inspirarnos para afrontar el presente, e ilusionarnos hacia el futuro.
Para leer:
El poder de la resiliencia, Robert Brooks y Sam Goldstein, Editorial Paidós.
Colaboración Fundación Teletón México.
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