El rencor es una emoción destructiva; capaz por si misma de amargar y arruinar la vida a quien lo experimenta. Puede considerarse una reacción hasta cierto punto normal por parte de quien experimenta lo que para él es una injusticia. El rencor se conecta directamente con la imagen o aquello que representa lo que nos es odiado; puede ser una persona, un partido político, una doctrina económica o religiosa, un determinado tipo de sociedad etcétera. La verdad es que prácticamente todo es susceptible de ser detestado, por buenas o malas razones.
El rencor social puede definirse como el resentimiento que nace en un individuo hacia las personas que pertenecen a un grupo social más favorecido. El mecanismo mental es bastante elemental, al no ver que las facilidades de otros son alcanzables por él mismo, entonces se culpa a aquellos individuos de los males propios y sin mayor razonamiento se adquiere un sentimiento de rencor. Y si este se sigue abonando el paso siguiente es el odio.
El rencor social por lo general sigue un camino ascendente, son las clases económicamente débiles las que lo sienten hacia las clases con más recursos. No fluye de manera descendente, ya que se suele menospreciar a los considerados menos favorecidos.
En un país como México, donde más del 40% de la población vive en condiciones cercanas la pobreza este rencor ha ido en crecimiento. Pueden usarse para ello expresiones surrealistas tales como denominarlos “El México Profundo”. El rencor que se siente es alimentado desde la cuna y da la impresión de ser un requisito para pertenecer a una determinada clase.
Un fenómeno grave se esta dando en México desde hace un par de sexenios; del discurso de odio de connotación racial, religiosa, étnica, sexual, se ha pasado al discurso de odio ideológico y de clase. Un lugar común de una parte de esa falsa izquierda mexicana que es PRD de López, ahora Morena, es afirmar, como dogma, que por su maldad intrínseca, la “derecha” no debe ganar ni mantenerse en el gobierno. Los ejemplos de como se atizó el odio y el rencor social en las dos campañas que perdió López se pueden ver simplemente recordando la letanía de insultos que en su momento tanto la prensa al servicio de AMLO como sus limitados seguidores le dedicaron al Presidente Felipe Calderón, a Luis Carlos Ugalde, al IFE en general, y ahora a Peña Nieto, insultos en pancartas, impresos, a viva voz etc. de todo se vale. Van, como ejemplo unos cuantos: “Has Patria, mata a Calderón…”, rezaba una de pancartas de apoyo al Mesías en un mitin en el Zócalo. …”. “Calderón y Fox, cada vez que los veo en TV los odio más hijos de su pinche madre”. Otra, un verdadero alarde de poesía: “Que la porquería de Fecal no invada el tribunal”. Otra, esta con su dosis de homofobia: “Voto por voto, Felipe no seas joto”. Otra, ilustrativa del carácter razonable y pacifico de la falsa izquierda: “Democracia=Paz, fraude=Chingadazos”.
¿Qué causa el odio? Charles Darwin decía que sus raíces estaban en la venganza y en la defensa de los intereses propios. “Si hemos sido o esperamos ser agredidos por alguien (…) ese alguien nos será desafecto; y el desafecto se convierte fácilmente en odio”. Erich Fromm coincide con la visión de Darwin: El odio surge como respuesta a la “amenaza a los intereses vitales de una persona”. Parece ser que la capacidad de odiar forma parte de la condición humana y se alimenta de sus miedos más atávicos y de sus pulsiones más primitivas.
Y si el odio es una posibilidad siempre presente en el ser humano, ¿qué podemos hacer para evitarlo? Diversos estudios han demostrado que el rencor social se evita cuando la Constitución de un país incluye fuertes protecciones a los derechos civiles y políticos de las minorías. Tales protecciones evitan que los políticos manipulen a esas minorías y las conviertan en sujetos activos de odio social. Esto lo podemos observar en Venezuela, país donde Hugo Chávez ha fomentado la división apelando al recurso del odio.
Una sociedad dividida en torno a opciones contrapuestas es terreno fértil para el crecimiento de opciones violentas o “revolucionarias”; un sistema multipartidista sólido y fuerte, que oferte una amplia diversidad ideológica no ofrecerá mayor incentivo para la confrontación radical.
Es importante tener en cuenta esto, porque el odio social es económicamente costoso. Está demostrado que la calidad de la gestión pública es menor en países con una elevada división social. Esto, porque en esos países las decisiones de los gobernantes no se orientan al bien común, sino a favorecer o atacar a alguno de los grupos en conflicto. Ni más ni menos el caso de México.
Este próximo primero de diciembre preparémonos para ver en el Congreso hasta donde llega el rencor social de la “izquierda”.

























