Una institución financiera internacional solicitó mi opinión sobre el default de Argentina de 2001, de cuyos ensayos y análisis reuní la información necesaria para iniciar la serie denominada “Pasado y Futuro Latinoamericano” y escribir un libro titulado “La Enseñanza Argentina”; con una deuda externa pública a diciembre de ese año de 144.279 millones de dólares, correspondiendo a organismos internacionales, básicamente el FMI, 33,831; de títulos públicos 57,210 y bancos comerciales 50,138.
Años antes de 2001 el FMI señalaba al país como ejemplo de un manejo sano de su economía, conceptualizada en mi texto como: “Argentina el Discípulo Brillante”, con una estrategia muy diferente previa a su debacle financiero.
Tras los excesos de Carlos Saúl Menem y su inestabilidad en la conducción del país, a partir de la renuncia del Dr. Fernando de la Rúa, se suscitaron en un solo año tres presidentes inmersos en un alto desasosiego político-social, acrecentado por la suspensión de pagos ante su incapacidad de liquidación. Después de medidas severas del FMI se inició un pesado proceso de reestructuración de la deuda, consistente centralmente en el rescate de una gran cantidad de títulos para ser sustituidos por otros en una especie de canje voluntario sistematizado y de ninguna manera de forma compulsiva.
Para esto se delineó una estrategia de atención a los pagos de Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo y Fondo Monetario Internacional para en 2005 negociarse con los tenedores de títulos efectuándose el canje del 76% del valor nominal de la deuda en default. Se efectuó bajo la figura de bonos en Pesos Argentinos, Dólares Estadounidenses, Euros y Yenes, con tres tipos de bonos: a la par, cuasipar y dicount teniendo una quita nominal del 33% los segundos y del 66% sobre el valor nominal los terceros.
En el año 2010 se efectuó un nuevo ejercicio similar por el 16% de los títulos de la deuda de 2001, cubriéndose así el 92% de los tenedores de los documentos relativos; en este segundo plano se consideran intereses acumulados desde el primer canje. En promedio la quita en términos nominales fue del 46%. Durante ese proceso se excluyeron de las negociaciones el 8% de los tenedores de títulos quienes han exigido el pago total, grupo conocido en como “holdouts”, “fondos buitres” para la Presidenta Cristina Fernández; ellos optaron por vías de carácter jurídico en Cortes Federales Norteamericanas llegándose hasta la Corte Suprema de Justicia.
Los holdouts se han aferrado a cláusulas en las cuales todos los tenedores de bonos deberán ser tratados de la misma manera, delineando un acuerdo grupal para todos ellos, postura avalada por la Corte Suprema de E.U. Desafortunadamente la Presidenta Cristina Fernández dejó transitar años sin llegar a un acuerdo con ellos, cometiéndose todo tipo de errores y cuando Argentina perdía en las cortes de EE.UU la Presidenta inició una politización del tema para consumo en el país.
Así proliferan en las calles de Buenos Aires carteles con la bandera estadounidense y la leyenda “basta buitres” denostando al Juez Griesa (Juez quién conduce este proceso) como “el agente de los fondos buitres”, desvirtuándose un proceso legal en una especie de cruzada nacional. La actitud populista de la Presidenta Fernández conduce a otra crisis en consecuente desazón aislándose Argentina aún más de la globalidad; según el Ministerio de Economía la deuda asciende a 250,000 MDD.
La Argentina del 2014 está inmersa en más de una década de problemas financieros y se prevé un crecimiento negativo, aunado a una alta inflación y pérdida de empleos, habiéndose roto la posibilidad de una negociación sana y sensata de la Deuda Argentina.
























