Nuevamente inmersos en una espiral de violencia, los conflictos entre palestinos y el Estado de Israel parecen no tener fin. Región históricamente convulsa desde tiempos bíblicos, la violencia entre estos dos grupos ha alcanzado proporciones terribles desde la creación misma del Estado de Israel en 1948 en tierras que fueron el Imperio Otomano. Para tratar de encontrar el origen de la misma es necesario tener cuando menos una idea, ambos pueblos comenzaron a existir en esa fecha con la partición del territorio por la ONU; Israel aceptó, pero no los líderes palestinos no, pues consideran ese territorio como una tierra indivisible por haberles sido otorgada por el Profeta. Para Palestina y su religión, el Islam, credo que sostiene la imposibilidad de la mera existencia de un Estado Judío, no existe alternativa posible, Israel y los judíos deben desaparecer, no conciben su mundo de otra manera; así, en pocas palabras se entiende su odio ancestral. No les interesa la paz, les interesa la total destrucción de Israel y el pueblo judío. No aceptan otra alternativa.
Desde hace tiempo, no pasa una semana sin que no tengamos, cuando menos una nota sobre un acto violento, relacionado con el Islam, en algún lugar del mundo; puede ser desde un incidente sangriento en la “franja de Gaza”; un atentado en la isla de Bali, o un atentado suicida en Israel, donde un fanatizado aspirante al martirio decide ingresar al paraíso islámico por la expedita vía de una explosión, volando en pedazos junto al mayor número posible de sus odiados judíos. Puede ser también una sentencia de lapidación a una mujer por un supuesto o real adulterio y sigue un largo etcétera donde encontramos las Torres gemelas con su miles de muertos, Atocha en Madrid, el vuelo 103 de Pan Am en Lockerbie con mas de 250 muertos y el asesinato del embajador de los Estados Unidos en Libia como protesta por una película sobre Mahoma, “La inocencia de los musulmanes”.
El problema con el Islam no es reciente, lo que es reciente y muy preocupante es el fundamentalismo de origen wahhabita, movimiento islámico iniciado en el siglo XVIII y que actualmente es el credo oficial de la Arabia Saudita. Esta variante, originalmente tranquila, ha sufrido una notoria radicalización desde los primeros años de la década de los setenta, y aboga, junto con el Salafismo, por una interpretación purista del Corán y por lo tanto la aplicación de la Sharia a todos los aspectos de la vida
El Islam, no olvidemos, es una civilización que se considera a sí misma superior moral y culturalmente a Occidente, pero que vive dolorosamente obsesionada por la inferioridad de su tecnología y poder.
Para entenderlos es obligado recordar que los musulmanes consideran el Corán como la palabra de Dios, revelada a Mahoma por medio del arcángel Gabriel, y dado que el mismísimo Dios es al autor, el texto es por lo tanto absolutamente infalible. El problema es que en uno de sus textos, el Corán anuncia la existencia de un juicio para las naciones “corrompidas” por la riqueza, el poder y el orgullo y claramente señala que si no se reforman serán castigadas con la destrucción o serán sojuzgadas por los pueblos más virtuosos. No hace falta aclarar que los pueblos corruptos son Occidente, concretamente Estados Unidos y sus aliados, y obviamente los pueblos virtuosos son ellos. Eso sin hablar sobre otros aspectos incómodos del Islam como la subordinación y minusvalia de la mujer, matar homosexuales, asesinar apóstatas, lapidar adulteras y cortar las manos a los ladrones.
El Islam radical no entiende razones ni le interesa, coexistir con un estado judío, ni siquiera con Occidente, ellos no reclaman respeto, sino sumisión.
¿Que desean los bienintencionados y no muy bien informados defensores del pueblo palestino en la Franja de Gaza? ¿Que Israel se quede tranquilamente sentado mientras les llueven cohetes procedentes de Gaza? ¿Acaso ignoran que la violentísima y sanguinaria organización fundamentalista Hamas utiliza las escuelas, hospitales, casas de civiles etc. como sitios para almacenar sus cohetes y armas con toda la intención de usar inocentes como escudos humanos? ¿Acaso ignoran que los fundamentalistas islámicos, no tan solo de Gaza sino de del Islam militante inoculan a sus niños, desde su más tierna infancia, con el odio absoluto al judío y a Occidente? ¿Lo ignoran o les vale?
Como se puede ver, el problema no es sencillo pues intervienen pobreza, ignorancia, fanatismo, resentimientos ancestrales, y por si algo faltara está aderezado con la imposibilidad de mezclar racionalidad y religión. Mal asunto.
Alejandro Vázquez Cárdenas
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