“Sólo los cobardes son valientes con las mujeres” José Hernández

Desde la Colonia, el Porfiriato, el siglo XX y hasta la actualidad, la mujer ha sido sinónimo de belleza. En México, la mujer no podía ser descrita más que con características estéticas, ejemplo de bondad, ternura, cariño y paciencia.

Pero además de la homogeneidad en la concepción y percepción de la mujer a lo largo de las décadas, ha existido un común denominador, el maltrato hacia ellas, su discriminación, la falta de igualdad y de oportunidades, que como derecho inherente del ser humano poseen.


 

Un México antiguo de machistas es la base de la actual sociedad. México es y ha sido un país machista, donde la televisión y el cine no hicieron más que impulsar -de manera involuntaria o no- una condición de supremacía varonil.

Y el tiempo no corre. Y vivimos atrapados en un machismo de hace cientos de años donde la sociedad, al igual que la política, van cambiando, van evolucionando, pero lo hacen a pequeños pasitos en un contexto que demanda pasos agigantados.

México enfrenta problemas graves que debe enfrentar en un corto plazo, pero hasta hace pocos años el problema contra la violencia femenina no había tomado la fuerza que -tardíamente- empieza a tomar.

La autoridad tiene frente a ella un gran reto, y más que eso, una obligación de brindarle seguridad a cada una de las mujeres que pisan este territorio, a cada una de esas amas de casa, a las jóvenes estudiantes, a las grandes empresarias, a las madres solteras y a las niñas, sin importar su origen, su actividad, su grado de estudio, su raza, su color, su ideología.

Según cifras de organizaciones civiles y de apoyo a víctimas más de 365 mil mujeres fueron víctimas de la violencia durante el año pasado; de ellas, al menos 65 mil tuvieron que ser hospitalizadas por la gravedad de sus lesiones en alguno de los tres sistemas de salud pública: IMSS, ISSSTE o Salubridad.

Según el Instituto Mexicano de la Juventud cada 15 minutos una mujer es agredida y cada 35 minutos una pide ayuda.

El Instituto Nacional de las Mujeres reporta que cada 24 horas mueren seis mexicanas por violencia, cuatro por homicidio y dos por suicidio.

Las cifras arrojan que las edades más comunes para sufrir agresiones o maltrato son de 5 a 19 años y de 20 a 44 años, es decir, cuando se es hija y cuando se es pareja.

Los números sobre la violencia contra la mujer no son los deseados pero son alentadores. Alientan a levantar la voz y a exigir, tanto a hombres como mujeres, a que ninguna mujer reciba maltrato por otro individuo.

Debemos entender que la violencia de género no es sólo el acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sino también sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o privación de su libertad.

A la edad que sea y de la persona que provengan estos actos son reprobables, imperdonables, abominables. Y por lo tanto, deben ser condenables. No podemos permitir que los agresores naden en las tristes aguas de la impunidad. No podemos permitir que más niñas sean agredidas por sus padres y madres. No podemos permitir que más mujeres sean asesinadas, violadas, despojadas. No podemos permitir ni un golpe más.

Y debido a la impotencia de las autoridades han surgido un sinfín de ONG´s con el fin de prevenir estos actos, porque las mujeres necesitan del apoyo de México. Y aunque los índices de denuncia son bajos, van en aumento y eso es de festejar, porque la valentía que presentan esas mujeres muchos machos no la poseen.