Retomando el tema de las pseudociencias abordado hace unas semanas, hablemos ahora sobre la más exitosa de ellas, el Psicoanálisis. Para esto debemos recordar que las pseudociencias son aquellas caricaturas de la ciencia, que exageran los rasgos intuitivos del proceso de pensamiento científico, descuidando, o de plano desechando, los principios básicos del método científico.

La verdad es que a muchos de los devotos practicantes del psicoanálisis, poco o nada les preocupa su exclusión del mundo científico; tampoco les quita el sueño la costumbre que tienen de atribuir de manera indiscriminada un origen psicológico a cualquier síntoma de origen orgánico, error que puede tener consecuencias fatales. Confundir los datos de un tumor cerebral con un problema “psicológico” es catastrófico.

Freud fabricó el mito del psicoanálisis utilizando tres estrategias: Primero, mentir o exagerar el éxito terapéutico con sus pacientes, cuando la mayoría de ellos no tuvieron curaciones definitivas. La segunda fue tomarse a sí mismo como sujeto de experimentación cuando los resultados con otras personas no eran los que él esperaba; en otras palabras, era juez y parte. En tercer lugar, la más grave, modificar a posteriori sus hipótesis, haciendo creer que desde siempre se había pensado en esos resultados.

No hace falta ser un experto en Metodología de la Investigación para encontrar los grandes errores del armazón del Psicoanálisis. Repasando su literatura podemos observar que la mayoría de sus publicaciones se refieren a casos individuales, y a partir de ellos se generaliza. Es una falacia que, en lógica, se denomina “post hoc ergo propter hoc“. El hecho de que alguien mejore después de un tratamiento no prueba que el tratamiento sea la causa de la mejora.

El psicoanálisis ha sido el lastre que marginó mucho tiempo a la Psiquiatría del resto de las especialidades médicas. Durante una buena parte del siglo XX, prácticamente no se podía ejercer la Psiquiatría si no se era Psicoanalista. Aún en la actualidad, mucha gente piensa que Psiquiatra, Psicoanalista y Psicólogo son términos intercambiables, grave error. Secundariamente, el elaborado lenguaje usado por los Psiquiatras de orientación psicoanalítica en los Hospitales Generales contribuyo a que se marginara a la Psiquiatría de la Medicina. Para darnos una idea, el Psicoanalista es a la Psiquiatra, lo que el astrólogo al astrónomo.

En el mejor de los casos el Psicoanálisis puede tomarse como una religión que cuenta con creyentes, sacerdotes y sumos sacerdotes; como un sustituto del confesionario; y en el peor de los casos el acto psicoanalítico es simplemente comprar y pagar a un “amigo” para que nos escuche.

¿Cuál fue pues, la razón de su popularidad? , estudiosos de este fenómeno sostienen que, entre otras razones, fue por que se ocupó de manera intensa, que no profunda, de problemas relacionados con la sexualidad, tema tabú dentro de una sociedad hipócrita y tradicionalista, además, obviamente, por tener respuestas para explicarlo todo.

Karl Popper aporta unos datos interesantes; se dio cuenta que la aceptación del psicoanálisis tenía, para los adeptos, el efecto de una conversión o revelación, que les abría los ojos a una nueva verdad, oculta a los no iniciados. Cuando eran así abiertos los ojos, se veían ejemplos confirmadores en todas partes; el mundo estaba lleno de verificaciones de la teoría.

Concluyamos, ¿cual es el lugar de Freud la Historia? Fue, sin duda, un genio, pero no de la ciencia, sino de la propaganda, no de la prueba rigurosa, sino de la persuasión, no del esquema de experimentos, sino del arte literario, y su lugar no se halla, como él deseaba, al lado de Newton o Copérnico, sino junto a Hans Christian Andersen y los Hermanos Grimm.

En resumen, podemos quedarnos con la afirmación de Mario Bunge, “El psicoanálisis es la pseudociencia más interesante y exitosa del siglo. No hace falta decir que es ignorada en los institutos de investigación de la mente o la conducta, puesto que se trata de un cuerpo de creencias y no de un campo de investigación”. Ha llegado la hora de tratarlo como una curiosidad histórica, y de construir una psicología verdaderamente científica.